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Rogelio Ramírez de la O

Gobierno dispendioso atrapado

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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    05 de agosto de 2009

    El faltante de ingresos sobre lo presupuestado que recientemente reveló el gobierno, o “boquete”, en su propio lenguaje, es de 480 mil millones de pesos, que lo obligan a hacer el primer recorte de gasto, incluyendo inversión en infraestructura. Esto es apenas el principio de lo que será una prolongada crisis fiscal. Su causa principal es que el gobierno ha sostenido un tren de gastos muy superior a su ingreso.

    Si el gasto fuera en cosas necesarias, el lugar común de que debemos aumentar los impuestos sería correcto. Pero plantear subir impuestos para seguir sosteniendo la burocracia es incorrecto. Su aparato es exagerado; su estructura en su mayor parte es inútil; su personal, excesivo e improductivo; y sus sueldos, demasiado altos.

    El boquete de ingresos por 480 mil millones de pesos sobre un presupuesto total de 3.045 billones es tan grande que no se puede solventar ni aplicando IVA en medicinas y alimentos, ni siquiera reduciendo la inversión a cero, como fatalmente va a suceder.

    Compárese ese boquete con el aumento excesivo del gasto corriente. En 2000, Fox, a pesar de haber criticado tanto al PRI, desaprovechó la oportunidad de convertir su triunfo electoral en un laboratorio de eficiencia gubernamental, recortando el tamaño y el costo del gobierno. En 2007, Felipe Calderón desperdició la oportunidad de refrendar la agenda económica conservadora que había abandonado Fox. Ninguno hizo su tarea.

    Si este gobierno lo hubiera hecho, pudo ahorrar en 2008 489 mil millones, tan sólo dejando el gasto corriente en el mismo nivel en el que lo dejó Vicente Fox en 2006.

    Si Fox y Calderón hubieran tomado como base el gasto corriente como lo dejó Ernesto Zedillo en 2000 para que creciera al mismo ritmo que la economía, el gasto de 2008 habría sido 400 mil millones menos que lo que fue. Zedillo tuvo en su último año un gasto corriente de 705 mil millones. Lo que se presupuestó para 2009 son 1.8 billones.

    Tan sólo evitando su expansión por encima de la tasa de crecimiento de la economía, los ahorros representarían 2% del PIB en promedio cada año de los últimos nueve años. Se pudieron dedicar a infraestructura, clínicas, hospitales, guarderías y universidades. Hoy, en cambio, el exceso de gasto llega a 4% del PIB. El gobierno tomó decisiones que privan a México de suficiente infraestructura y, por el contrario, mantienen una abultada burocracia. Más que un problema de recursos insuficientes, es un problema de mala asignación y pésima administración.

    Apenas se publicó en un diario nacional que en los últimos cinco años los puestos de directores generales, de área y subdirectores se dispararon.

    En la Secretaría de Agricultura, 68%; en Energía, 96% los de directores generales, 55% los de director de área y 37% los de subdirector. En Economía, 62% los de director general. Sus sueldos, entre 90 y 140 mil pesos mensuales. Otro diario publicó que los sueldos de los siete magistrados del Tribunal Electoral federal aumentaron este año 240 mil pesos para que en promedio reciban 4.1 millones de sueldo y prestaciones anuales. Es imposible no ver aquí un dispendio incontrolable.

    Pero la distracción de hoy es que el gobierno, el Congreso y los organismos empresariales van a debatir cómo aumentar impuestos o permitir el endeudamiento. Los empresarios van a insistir en que se aplique el IVA a medicinas y alimentos porque seguimos perdiendo competitividad. Toda esa discusión será una inútil pérdida de tiempo frente a una economía paralizada con 2 millones de desempleados más que en 2008 y un barril sin fondo en la burocracia.

    [email protected]

    Analista económico



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