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Genaro Lozano

¿Dónde quedó el voto gay?

Profesor en el ITAM y en la Universidad Iberoamericana. Actualmente trabaja en la tesis de su Doctorado en Ciencia Política en The New School ...

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    01 de agosto de 2009

    El regreso del PRI y el avance del voto nulo son los temas que más se han debatido tras la contienda electoral del 5 de julio pasado. Sin embargo, poco se ha analizado el hecho de que en México se hizo historia con las 38 candidaturas lésbico-gay-bisexual-transgénero-transexual (LGBTT) que se repartieron entre cinco partidos políticos, pero que no lograron juntar más de 30 mil votos a nivel nacional. ¿Qué fue lo que pasó?

    Tras perder el registro, uno de los epitafios del Partido Socialdemócrata (PSD) fue el de afirmar que “México no está preparado para una agenda difícil y polémica”, al referirse a los temas de la diversidad sexual. El comentario lo realizó Jorge Carlos Díaz Cuervo y sonó a chivo expiatorio.

    En efecto, el PSD abanderó 32 candidaturas LGBTT, siendo el partido que más abiertamente compitió por el voto de ese sector al incluir los temas de la diversidad sexual en su plataforma. Seis candidaturas LGBTT más se presentaron en el PRI, en Convergencia, en el PRD y en el PT. Las 38 candidaturas obtuvieron resultados mixtos.

    Glenda, una mujer transgénero que compitió bajo el nombre de Mario Prado en Nuevo León, ganó 791 votos para el PSD. Por su lado, Miguel Galán enfrentó la homofobia de su contrincante del Verde, quien lo llamó “anormal” en Jalisco, pero consiguió 7 mil 122 votos por la presidencia municipal de Guadalajara, convirtiéndose en el mayor número de votos registrados para un candidato abiertamente gay en todo México. Irónicamente, como candidato Víctor Espíndola realizó la primera marcha LGBTT en Puerto Vallarta, un destino turístico gay friendly, pero políticamente gay enemy, como demostraron sus 544 votos conseguidos.

    Al final de ese proceso ningún partido pudo clamar el botín electoral del voto gay. El PSD desapareció y el partido que le siguió en mayor número de votos para un candidato LGBTT fue el PT, en el que Manuel Amador consiguió 5 mil 950 votos en la Gustavo A. Madero. Por su lado, Lol Kin Castañeda, una de las estrellas en ascenso de la política LGBTT, se quedó con mil 770 votos para el PSD en la delegación Cuauhtémoc.

    En el pasado proceso electoral se atravesaron factores que afectaron la materialización de un voto gay de mucho mayor impacto.

    En primer lugar, el proceso electoral fue sacudido por el poder de convocatoria que tuvieron los anulistas, cuyo mensaje atrajo a votantes jóvenes y, entre ellos, a muchos votantes gay, quienes prefirieron protestar contra la partidocracia con su voto. En este sentido, anulistas e “independentistas” consiguieron juntos 1.9 millones de votos a nivel nacional.

    Segundo, debido a que en México no hay censos especializadas en la diversidad sexual que revelen un aproximado de la población LGBTT en el país y mucho menos un padrón electoral que refleje a este grupo, quienes se lanzan a la búsqueda del voto gay lo hacen casi como un axioma: saben que el voto gay está ahí, pero no se ha probado su existencia. En otras palabras, no hay una guía clara para cómo realizar una campaña LGBTT sin morir en el intento. La hipótesis de que López Obrador perdió la elección de 2006 por su rechazo a las Sociedades de Convivencia en el DF no ha sido metodológicamente demostrada.

    Tercero, [email protected] 38 [email protected] LGBTT enfrentaron el dilema al que se enfrenta cualquier persona que busca un cargo público. Qué tanto demostrar hablar de sí y qué tanto de las propuestas. Traducido a la dinámica electoral LGBTT, [email protected] [email protected] tuvieron que hacer un balance entre qué tanto destacar su orientación sexual y qué tanto las propuestas. Sumado a esto, la experiencia política y profesional de cada [email protected] era muy distinta.

    Cuarto, la masiva participación en las marchas del orgullo no se ha traducido automáticamente en apoyo político. El movimiento LGBTT está fracturado entre divisiones internas, recelos, envidias y grillas. La unidad, el compromiso, los números y el valor de una causa son lo que le dan la fortaleza a cualquier movimiento social y al LGBTT mexicano le falta lo primero.

    Por último, y esta hipótesis es tal vez la menos comprobable de todas, la pelea interna del PSD y el rompimiento de Patricia Mercado le quitaron legitimidad a la bandera progresista y de hacer política de “forma libre” y distinta, que argumentaban quienes quedaron en ese partido.

    De esas 38 candidaturas sólo dos sobrevivieron, pero lo hicieron por la vía plurinominal. En Nuevo León, el priísta Mario Rodríguez Platas será regidor suplente de Monterrey, al tiempo que Enoé Uranga llega al Congreso federal como candidata ciudadana abanderada por el PRD. La agenda de la diversidad que Enoé lleva al Congreso, firmada por todas las tribus perredistas, es la esperanza que tiene el movimiento LGBTT en términos legislativos, pero Uranga tendrá frente a sí el dilema y reto de negociar con el PRI.

    [email protected]

    Politólogo e internacionalista



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