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Rogelio Ramírez de la O

Deterioro político y económico

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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    22 de julio de 2009

    Los gobiernos mexicanos siempre han temido a la combinación del deterioro económico y al mismo tiempo del político, pues ambos han siempre causado grandes crisis económicas.

    Por ejemplo, Ernesto Zedillo enfrentó la debacle económica que heredó de Carlos Salinas de Gortari con medidas económicas de alto costo social, porque al mismo tiempo creó las condiciones políticas en las cuales apoyarse. Así, procesó a Raúl Salinas y además aceptó perder las elecciones de medio término en 1997.

    Sin la válvula de escape de la política no hubiera sido posible el tratamiento de choque que le recetó a la economía, mismo que causó gran pérdida en el nivel de vida de la mayoría.

    El actual gobierno no ha podido aplicar sus proyectos económicos, como el IVA en alimentos y medicinas o la apertura energética, porque no trabajó suficientemente el terreno político. Conociendo su propia limitación, desde el principio titubeó y ni siquiera llegó a proponer las medidas económicas que consideraba óptimas, ya ni se diga las que le aprobó el Congreso.

    Con el tiempo ha permitido que el clima político se siga deteriorando, comenzando con el problema de creciente inseguridad y ahora las tensiones casi permanentes con gobiernos estatales de la oposición. Estas tensiones van a degenerar por la falta de recursos que repartir, lo que lo situará en lo peor de los dos mundos.

    La misma tensión política ya contaminó a su propio partido, el PAN. En tales condiciones sería ilusorio esperar que propusiera las medidas económicas que juzga óptimas para sortear la actual emergencia económica. Pero el resultado sería entonces una pérdida de confianza en la economía.

    Si el gobierno no valora la retroalimentación entre la economía y la política y no endereza el rumbo, acabaría como acabó el sexenio de Carlos Salinas, con una gran crisis económica y al mismo tiempo una crisis política.

    Ya pasó el momento de proponer las mejores soluciones económicas y a partir de ellas trabajar con el aparato político para aplicarlas. Hoy ya no es viable la reducción del gasto corriente o del tamaño de la estructura burocrática o aumentar impuestos para compensar los menores ingresos petroleros y la caída de la recaudación.

    El gobierno sin duda puede persistir en estos objetivos, y así parece que lo hace en el caso del IVA en medicinas y alimentos. Pero por su impacto social eso sólo lo llevaría a que el PRI juegue con él y que lo poco que le conceda y aumente la recaudación sea para los gobernadores del PRI. No para los proyectos que en algún momento pudiera haber considerado como prioritarios a nivel federal.

    La estrategia alternativa sería comenzar a trabajar en el campo político y bajar el nivel de sus ambiciones para hacer cambios económicos. A diferencia de lo óptimo, es decir, que la política se adapta a las necesidades de la economía, aquí debe ser al revés, porque ya se perdió la oportunidad de lo óptimo.

    Quizá trabajar en el campo político obligue al gobierno a hacer cambios de gabinete y hasta a permitir la entrada de políticos del PRI o cercanos a este partido. Eso no debería verlo como un problema, sino incluso como una oportunidad para mejorar la calidad del gabinete.

    Podría encauzar algunos cambios económicos y sociales, por ejemplo, en apoyos a las pequeñas empresas, construcción de infraestructura o aumento de la producción agropecuaria. Esto es preferible a seguir sin brújula, observando cómo empeora el clima económico y político, cada cual en su propio carril, para finalmente desembocar en una gran crisis de confianza.

    [email protected]

    Analista económico



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