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Andrés Lajous

Tengan miedo

Andrés Lajous es maestro en planeación urbana por el Massachusetts Institute of Technology y activista político. Actualmente es colaborado ...

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    25 de junio de 2009

    A las y los enemigos del voto nulo les digo: tengan miedo. Cuando califican la discusión y el llamado al voto nulo de subversivo, tienen algo de razón. Cuando advierten que pone en riesgo la legitimidad de las instituciones actuales y de las relaciones de poder que las sostienen, no se equivocan por completo.

    El llamado movimiento anulacionista hasta hoy ha ganado porque logró meterse a miles de cabezas cambiando la actitud y forma de participación política de personas independientes. Ha ganado porque cada vez menos se cuestiona su legitimidad y la discusión ahora es sobre su efectividad. En sentido estricto es un movimiento, pues sin mayor coordinación centralizada promueve una idea que provoca acciones independientes. Cada vez más gente cree que el voto nulo expresa la insatisfacción con la forma en que los partidos políticos actuales manejan las rutas de acceso al poder. Es decir, esta idea contagia cabezas sin diseñador designado.

    El problema del miedo que expresan la Iglesia, los gobiernos, los partidos, los empresarios, los medios de comunicación y algunos periodistas es que ignoran el origen del peligro que ellos mismos denuncian. Lo peligroso no es el voto nulo en sí, sino el proceso de gestación de una sencilla protesta política que no ha podido ser controlada por las instituciones actuales.

    Han echado toda la carne al asador en su contra, y el movimiento anulacionista se sostiene porque está basado en instituciones distintas a las tradicionales, que al momento tan sólo nos muestran la primera dosis de su potencia. Insisto, tengan miedo, están perdiendo el control.

    Hace unas semanas se intentó descalificar el fenómeno del voto nulo como un asunto irrelevante que sólo sucedía entre pequeños grupos de internautas. Sin embargo, es el primer caso de una propuesta o protesta que en nuestro país brinca directamente, casi sin mediación, de las herramientas de comunicación descentralizadas al centro de la discusión pública. Es una discusión que no tuvo como origen a los medios tradicionales ni a sus agentes. De la misma manera, quienes normalmente llevan la mano en la discusión pública se han visto constreñidos por este murmullo electrónico que se demuestra imposible de ignorar.

    Si van a seguir dando la señal de alarma, si van a denunciar un nuevo peligro para México, no se equivoquen de adversarios. El peligro no es quienes promueven el voto nulo; el peligro es internet, Facebook, Hi-5, los blogs, Twitter, los celulares, YouTube. Esas herramientas permiten que las ideas (buenas y malas) se distribuyan más rápidamente, que duren más tiempo, transformen la mediación y, como ahora es evidente, permitan la creación de nuevos espacios de discusión, de nuevos públicos y contrapúblicos. Es decir, nuevos espacios de disidencia.

    Los sucesos más recientes en Irán abren la oportunidad para una poderosa analogía de lo que puede pasar en México y en el resto del mundo gracias a nuevas tecnologías de la comunicación. No tiene que ver con las estructuras políticas particulares o con los motivos de movilización y descontento. La analogía reside en el método y la forma en que las sociedades pueden compartir información y cambiar dentro de sí mismas.

    Insisto, tengan miedo. Aunque su miedo antianulacionista (que no es lo mismo que decidir votar por un partido) estará mejor fundado si enfoca sus baterías contra la infraestructura de comunicación abierta que está confrontando al poder centralizado. Si las instituciones y los poderes en nuestro país siguen con la estrategia de cerrazón, les pasará lo que le pasó a la industria musical cuando trató de resistir el cambio tecnológico. Se movió en contra de la apertura y perdió.

    Hoy sólo les queda cambiar y reconocer su poder disminuido. Si no lo hacen, se colapsarán en la nostalgia y furia de viejas cantaletas.

    [email protected]://andreslajous.blogs.com

    Analista político



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