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Andrés Roemer

‘Annus horribilis’

El Dr. Andrés Romer es periodista, escritor, conductor de televisión, politólogo, presentador de noticias, filántropo e intelectual. Nieto ...

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    02 de mayo de 2009

    “La vida es un banquete de consecuencias”: Anónimo

    La mayoría de los seres humanos encontramos que en la lucha entre la inteligencia y la emoción, con frecuencia sale a flote el cerebro reptiliano, pues es muy probable permitir que nuestro corazón nos guíe en vez de la razón. Nuestro cerebro reptiliano nos programa para la supervivencia, toca nuestro ADN, nuestro código, nuestros instintos más fundamentales. Por ello, como individuos, todos recordaremos este mes de abril como la fecha de la incertidumbre, de la confrontación con la muerte, de la lucha por la supervivencia. Será memorable como la fecha en que los restaurantes, cines y bares fueron cerrados, en que las calles estaban vacías, en que la expectativa de dónde estamos y qué va a pasar está viva y latente, como la fecha en que todos en la calle debíamos usar tapabocas. ¿Quién no recuerda dónde se hallaba cuando sucedió el incidente de las torres gemelas o lo que estaba haciendo cuando sucedió el terremoto de 1985?

    Tal vez no recordemos dónde comimos hace dos semanas, pero los momentos memorables de nuestra existencia los registra el cerebro reptiliano. Sin duda, nuestra supervivencia es lo más profundo de la natura humana.

    Este año lo recordaremos como annus horribilis (año horrible), no sólo por el A/H1N1, el crimen organizado, el temblor, la crisis financiera y la debacle económica, sino sobre todo por una semana en la que —como sucede en Cuando el destino nos alcance— una invasión de seres invisibles amenaza nuestra existencia. Si 1810 fue recordado como el año de la Independencia y 1910 como el de la Revolución, el bicentenario será el año recordado probablemente como el de la invasión biológica.

    Pero también esta crisis nos da la oportunidad de registrar de por vida la emotividad de con-sentir con el ser “el otro”. El reconocernos vulnerables nos da la oportunidad de ser humanos.

    Hoy, países ponderan cerrarle la puerta a los mexicanos. Para algunos, hoy somos considerados punto de infección y en este juego de altas y bajas nos tocó ser los señalados. En nuestro imaginario colectivo surgen miedos y fantasmas; pero sobre todo surge la solidaridad colectiva. Tenemos el código cultural “abierto” y la oportunidad de reconceptualizar lo justo, lo equitativo, lo desigual y lo diferente.

    Malcolm Gladwell, en su obra The Tipping Point, describe el fenómeno de manera ilustrativa al señalar la epidemia social: de la noche a la mañana los mexicanos somos capaces de ser disciplinados, consentir con la autoridad y ocuparnos por la salud del país. Los principios son simples, los productos o las ideas exitosas son contagiosas, pequeños detalles conllevan enormes cambios.

    Las grandes invasiones biológicas, como las epidemias sociales (ideas), son muy contagiosas o maleables. En otras palabras, se nutren de manera voraz y se encuentran alertas a cualquier oportunidad ofrecida por un cambio climático o un diseño construido por el ser humano. Una vez que logran reproducirse de manera exponencial geométricamente, logran cambiar ecosistemas completos y aun el destino de imperios y civilizaciones.

    Rudolph Virchow, el destacado y eminente patólogo del siglo XIX, expresaba que “la ciencia debe hablar el lenguaje ciudadano común”. El tema es que muchas de las epidemias biológicas de la historia podrían haber sido prevenidas y así evitar que se convirtiesen en pandemias. Pero se requiere de migración de bienes, productos, comercio, servicio y responsabilidad.

    Por ejemplo, Australia y Nueva Zelanda han determinado que el libre comercio requiere regulaciones que respeten aspectos sanitarios. Después de las invasiones biológicas que padeció el siglo XIX, ambas naciones han mantenido políticas de comercio en las cuales la inspección de bienes provenientes del extranjero se evalúa con seriedad y cuidado.

    Restricciones óptimas —por ejemplo— en temas de agricultura y medio ambiente pueden salvar bosques enteros, ganados y hasta ciudades en su conjunto.

    Localidades con gran diversidad de población (y movilidad) y con enormes intercambios de bienes comerciales (v. gr. la ciudad de México) deben investigar qué es lo que intercambian en un mundo globalizado, dado que existe un mundo “invisible”, probablemente lacerante, posible boicoteador socioeconómico o asesino de masas: entes tan ambiciosos como el A/H1N1 (influenza humana), tan costosos como el SARS (50 millones de dólares) o tan contagiosos como el foot-and-mouth-disease.

    Este momento —el del bicentenario— es el momento de reflexionar, de pensar en dónde estamos y hacia dónde queremos llegar. Es la oportunidad de tener un México más limpio; más sano. Debemos generar una epidemia social con el fin de disciplinarnos, establecer un marco de derecho y la oportunidad de con-sentir con México.

    [email protected]

    Doctor en Políticas Públicas y presidente de Poder Cívico, AC



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