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Esteban Moctezuma Barragán

Amigos interesados

Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca. Presidente del Compromiso Social por la Calidad y Equidad Educativa. Secretario de Gobernación dura ...

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    17 de abril de 2009

    “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”, afirmó John Foster Dulles, secretario de Estado de Dwight Eisenhower en los años 50. Esa frase se convirtió en una profecía autoconstruida no sólo por EU, sino por la actitud del resto del mundo en su relación con ellos.

    Estados Unidos y México han tejido una inmensa red de intereses, pero la pregunta es si se puede, a la vez, ser socios y amigos. Muchos expertos ven en ello una necesidad existencial para ambos países. No se trata de una actitud generosa, sino de una complicidad para garantizar el futuro.

    Calderón y Obama dialogaron para construir cooperación y entendimiento en una relación que, lejos de debilitarse, se fortalecerá en la interacción legal e ilegal de las economías y poblaciones, independientemente de las políticas de sus gobiernos.

    A Estados Unidos le interesa ser amigo de México, porque es la única manera de evitar que la violencia que vive nuestro país y que ellos en buena parte generan se traslade a su territorio. La paz en México será la tranquilidad en EU. Sin obviar los 35 millones de hispanos, de los cuales 13 millones son inmigrantes mexicanos.

    Hasta hoy, nuestro país sólo ha representado “intereses” para ellos, pero el mundo de los 50 era muy diferente al actual y el Estados Unidos de Eisenhower era muy distinto al de Obama.

    Veamos. Antes los capitales eran nacionales, hoy no tienen patria. Antes se negaba la relación entre salarios bajos, pobreza y creciente delincuencia. La solución era encarcelar al “puñado” de transgresores de la ley. Hoy los delincuentes no son un grupo marginal, sino una creciente colectividad que en México se calcula en medio millón de personas, ¡ahora imagínese en Estados Unidos!

    Antes el monopolio de la violencia la tenía el Estado. Hoy existen grupos armados integrados multinacionalmente con un poder de fuego similar al de los ejércitos. Antes las fronteras eran vigorosas. Hoy su permeabilidad es cada vez mayor física y virtualmente. Antes el ámbito de responsabilidad gubernamental era muy claro. Hoy se diluye entre disposiciones legales, organismos intermedios, participación ciudadana, derechos humanos y tribunales internacionales.

    Antes los gobernantes eran los responsables directos. Hoy se justifican culpando a cualquiera otra instancia “que no les permite actuar”.

    Por ello, hablar de narcotráfico, migración, tráfico de armas, es hablar de fenómenos que son efectos y consecuencias de causas mucho muy profundas. Las más marcadas son, ni más ni menos, las capacidades de los gobiernos y el concepto mismo de Estado en la posglobalización.

    Quiéranlo o no, Estados Unidos y México se necesitan mutuamente. Hemos creado comunidades socioeconómicas, sobre todo en la frontera, en donde la cultura difiere del resto de ambos países.

    El fondo del problema es que se tiene que diseñar una nueva gobernabilidad regional, ya que ningún muro detendrá la migración, ninguna cárcel contendrá al crimen organizado, ni ninguna vigilancia parará el flujo de armamento.

    Lo único que promete un mejor futuro es una profunda cooperación e integración económica regional que incluya lo laboral y la inversión en desarrollo.

    En Europa supieron ver esto a tiempo. Los países supieron conjuntar sus intereses en un alma común. El fantasma de las guerras está dormido. Ello no llevó a ceder tanta soberanía como para que se consideren “estados fallidos”.

    El verdadero Estado fallido es el clásico y afecta a todos. Ese está en retirada desde hace décadas y en el continente americano no hemos logrado definir un esquema de gobernabilidad regional actualizado al nuevo orden y desorden globales.

    Como quien dice, surge el deber de ser “amigos interesados”, a pesar de Foster Dulles.

    [email protected]

    Presidente ejecutivo de Fundación Azteca



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