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Rogelio Ramírez de la O

Sin salida fácil

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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    18 de marzo de 2009

    Por haber descuidado nuestra propia capacidad de oferta de petróleo y refinación, agricultura e industria, el gobierno enfrenta su disyuntiva más amarga desde Carlos Salinas, con secuelas probablemente hasta 2012.

    El peso ya está bajo ataque especulativo. No en balde las autoridades gastaron 15 mil millones de dólares en 2008 y otros 5 mil millones más en lo que va de este año tan sólo para tenerlo en poco menos de 15 por dólar. La especulación se justifica porque la economía carece de la fortaleza: para evitar una gran recesión, tan profunda o más que la de 1995, o bien para suavizar la recesión con mayor gasto público de inversión, pero causando un mayor déficit en la cuenta corriente externa.

    Si el gobierno opta por el aumento del gasto como lo prometió y así suaviza la caída de la economía, el déficit en la cuenta corriente externa (exportaciones menos importaciones de bienes y servicios) aumentará mucho pues nuestras exportaciones estarán frenadas cuando las importaciones se mantienen altas.

    Si no aumenta el gasto, las importaciones bajarían mucho y la cuenta corriente externa sería quizá sostenible. Pero entonces la actividad económica se desplomaría mucho más allá de lo que muchos analistas han reestimado ahora a -4%.

    Casi todo indica hoy que el gobierno ha decidido no hacer las inversiones prometidas en infraestructura, para así no aumentar el déficit externo. Teme que éste, combinado con un déficit fiscal por el menor ingreso petrolero, dé malas señales a inversionistas extranjeros y agencias calificadoras de deuda. El mejor indicador de la ausencia de obras de infraestructura lo vemos en el desánimo de los empresarios, su frustración por los llamados subejercicios presupuestales (dinero presupuestado pero que no se gasta) y el desplome de la construcción (-7.1% anualmente, apenas en diciembre).

    El gobierno mostró sus cartas a los especuladores, confirmando que espera que el déficit corriente externo en 2009 sea de 24 mil 100 millones de dólares. Esto, cuando el precio del petróleo fue el año pasado de 90 dólares por barril y las exportaciones de crudo 44 mil millones. Pero en 2009 el precio será entre 30 y 40 dólares y las exportaciones de crudo serán menores a las de 2008 en 25 a 30 mil millones.

    Cuando, además, las exportaciones no petroleras en enero cayeron 26%, la única manera de que el déficit sólo sea mayor en 6 mil millones al de 2008 es que las importaciones se desplomen en 2009. Para eso la demanda interna tiene que derrumbarse, pues las importaciones representan un tercio del consumo y son muy altas en alimentos y gasolina.

    El gobierno proyecta además que México reciba 27 mil millones de dólares en la cuenta de capital. Sólo así podría aumentar las reservas internacionales en 3 mil millones de dólares, como lo ha anunciado. Recibiría préstamos de la banca multilateral por 13 mil 800 millones de dólares. Pero aun así se requieren entradas netas de capital privado por 13 mil 300 millones. Quien crea esto hace un supuesto heroico.

    Así, la clave de la estrategia oficial es que la economía se desplome y con ella las importaciones. Sin embargo, esto causaría tal recesión y quiebras de empresas que a la larga la haría insostenible la estrategia y el peso.

    Al final caería la recaudación y tendría un problema fiscal aun sin haber gastado en la infraestructura. Tendría que recurrir al FMI por préstamos y admitir su injerencia en las políticas públicas, en un clima político enrarecido por la crisis social. Todo eso lo saben o sabrán los especuladores.

    [email protected]

    Analista económico



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