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Manuel Bartlett Diaz

Elección pactada

Manuel Bartlett Díaz nació el 23 de febrero de 1936, en la Ciudad de Puebla.

Licenciado en Derecho egresado de la Universidad Naciona ...

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    12 de marzo de 2009

    Adentrándonos en una de las más graves crisis que nos haya afectado, en medio de una catástrofe que avanza, arranca el proceso para la renovación de la Cámara de Diputados y de diversos poderes locales, elecciones que parecen desenvolverse en otro país y en otro tiempo. Nada hace el gobierno en profundidad, nada aportan las dirigencias de los partidos. Flotan en un amigable “consenso civilizado”.

    La cúpula priísta acude a Los Pinos y suscribe un "pacto de no agresión”. Beatriz Paredes apoya a Calderón en su lucha, “acertada o no”, contra el crimen organizado, no sacará raja, como si no contara; enuncia una nueva vía para el desarrollo, la revisión de la política económica y menciona la magna crisis del gobierno neoliberal sin definir nada. Oposición sui géneris, no toca al gobierno de Calderón, o cogobierno, ni expresa autocrítica alguna por su colaboración en las cámaras a las políticas neoliberales. Debates sí, mascaradas no —afirma—, y no hay debate y sí mascaradas con el inefable Germán Martínez. Ha roto el Presidente con el pacto, claman algunos, pero nadie ha roto con los intereses neoliberales. ¿Ese es el pacto? La “izquierda” parlamentaria, la que avaló la desnacionalización del petróleo y recibió del justiciero Tribunal Electoral, el control del PRD, ya está en la televisión, con monísimos spots, que exudan decencia, pero igualmente nada integral y la catástrofe avanza.

    El debate se agota en quién obtendrá más diputados, no para qué; que si el PRI aventaja en las encuestas, el PAN se desploma, el PRD exhibe otra imagen. Mientras, la pobreza se acentúa, el desempleo estalla, la elevación de los precios agobia, y las plataformas, inocuas.

    Cuando urge un debate a fondo frente al modelo económico fracasado, precisiones: ¿vamos a una elección pactada? Una que ni siquiera ponga en duda una lucha contra el crimen carente de soluciones sociales. No polaricemos —recomiendan—, vayamos de puntitas a la elección, en la indefinición. No vaya a ser que los “poderes fácticos” se enojen, que Calderón se asuste y actúe como Fox, que los intereses satanicen.

    El momento central de una sociedad democrática es la elección. Es cuando se someten a la aprobación del electorado las decisiones fundamentales, cuando obtiene su calificación el partido gobernante; se define la alternancia, la ruta. Es en la elección en la que cada partido, cada candidato debe explicitar su propuesta para que el pueblo elija. En la elección se recibe el mandato, se asume la responsabilidad política, se definen liderazgos reales.

    Todos los sectores demandan medidas efectivas, que no se dan. Estados Unidos lucha por salvar su sistema y desde luego su hegemonía, resurge el nacionalismo por encima del libre mercado, se implementan medidas proteccionistas. Aquí no. Aquí el gobierno, atrapado en su angustia por mantener la gobernabilidad que se le escapa aquí y allá, abandona la atención de la crisis a la tecnocracia financiera, asociada al desastre, parte del mismo, con el ojo puesto siempre en lo que ocurre en el norte, lo que hoy la desconcierta y paraliza.

    Sin embargo, el gobierno va ineludiblemente a una elección y su partido tendrá que especificar cuál es su propuesta ante reclamos que van más allá de la dádiva de “oportunidades”, cuando su Presidente un día reconoce el fin del neoliberalismo y otro se aferra a su modelo. Los partidos tienen la obligación de presentar, sin ambages, sus propuestas ante los enormes problemas que plantea la crisis: ¿cómo proteger el empleo en el mercado abierto? ¿Qué hacer ante la balanza comercial deficitaria? ¿Decidir intervenir o no los bancos extranjeros en México controlados ahora por sus gobiernos, lo que nuestras leyes prohíben? ¿Cómo garantizar el abasto alimenticio del país?

    Aquí, un gobierno prisionero de los intereses que lo sostienen acude a la connivencia con su oposición para que en lugar de confrontarlo lo consienta en esa cómoda flotación que ni antagoniza ni convoca, en los “pactos de no agresión”, esperando cosechar su cuota en el Congreso y el reconocimiento siempre útil, para algunos, del poder. De así continuar tendremos una nueva composición legislativa que será más de los mismos para seguir en lo mismo. ¿Y al pueblo quién lo protege? Seguramente harán otro foro.

    [email protected]

    Ex secretario de Estado



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