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Jorge Chabat

El espíritu de ‘Casablanca’

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    14 de enero de 2009

    No es difícil imaginar al presidente mexicano, Felipe Calderón, y al presidente electo estadounidense, Barack Obama, caminando en medio del frío de Washington, enfundados ambos en negras gabardinas, en una escena que recuerde el final de la película Casablanca: Calderón diciéndole a Obama “Creo que este es el inicio de una larga amistad”.

    Lo cierto es que no sabemos si la amistad del filme se mantuvo con el paso de los años, pero esta escena se ha visto ya en varias ocasiones cuando hay un nuevo presidente en Estados Unidos. Pasó con Bush y Fox, cuando el presidente estadounidense visitó el rancho San Cristóbal, lo cual dio pie para que algunos analistas, imbuidos por el espíritu de la película Casablanca, auguraran el surgimiento de una “amistad vaquera” entre los presidentes de los dos países. Sin embargo, esta amistad no duró mucho y en 2003 hubo ya serios enfrentamientos con motivo de la invasión a Irak.

    Con la visita de Calderón a Washington resurge el espíritu de la película Casablanca: ahora sí México va a contar con un buen amigo en la Casa Blanca, valga la redundancia, y la relación va a ser miel sobre hojuelas. Y ciertamente la gran cordialidad mostrada por Obama hacia Calderón podría dar pie a tal especulación.

    Sin embargo, la historia muestra que una cosa es ser cortés y otra tener la capacidad para solucionar los problemas.

    Finalmente, el presidente de Estados Unidos está sujeto a muchas presiones externas e internas, y aunque realmente haya una gran simpatía hacia su colega mexicano, estas presiones al final harán que no sea tan fácil complacer en todo al vecino. Y en ese sentido, el peor error que podría cometer el gobierno mexicano sería confundir la cordialidad con la capacidad para satisfacer las demandas mexicanas.

    Hay ciertamente temas que interesan a EU, como la situación de inseguridad en su frontera sur, y ello puede dar tal vez pie para negociar concesiones en los temas que interesan a México, como un mayor control a la venta de armas y una reforma migratoria. Pero pensar que ahora sí ya el “acuerdo migratorio” —cualquier cosa que eso signifique— está a la vuelta de la esquina sería repetir la equivocación del gobierno de Fox.

    La entrevista Calderón-Obama es sin duda algo que celebrar para el gobierno mexicano. Esta reunión hará que México esté en el radar de Obama, pero esperar grandes cambios en la relación bilateral es ilusorio. El nuevo presidente de Estados Unidos estará muy ocupado los siguientes meses en solucionar la crisis financiera internacional y, si tiene éxito en esta tarea, tal vez comenzará a dedicar algún tiempo a la relación con México.

    Así pues, la entrevista en Washington debe ser motivo de satisfacción para la diplomacia mexicana pero no para echar las campanas a vuelo. Puede ser el inicio de una relación cordial entre ambos presidentes, pero pensar que con ello se resolverán todos los problemas en la relación bilateral es simplemente un error.

    [email protected]

    Analista político e investigador del CIDE



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