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Jorge Chabat

¿Cambio de estrategia?

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    31 de diciembre de 2008

    Como consecuencia del incremento alarmante de la narcoviolencia en México, en las últimas semanas varias voces han propuesto cambiar la estrategia de la lucha contra el narco. No obstante, lo que este cambio significa no queda claro.

    Algunos sugieren poner más énfasis en las labores de inteligencia. Otros retirar al Ejército de la lucha contra el narco para no exponerlo a la corrupción. Incluso, algunos sugieren pactar con el narcotráfico. Algunos más, los menos, hablan de acabar con la prohibición de las drogas. Otros simplemente hablan de un cambio en la estrategia, sin aclarar lo que esto quiere decir.

    Evidentemente, la demanda por un cambio en la estrategia refleja una gran preocupación de la sociedad por los altísimos niveles de violencia generados por el narco en los últimos años.

    Sin embargo, lo cierto es que, en la práctica, no hay muchas opciones. Poner énfasis en las labores de inteligencia es algo que ya se está haciendo. De hecho, uno de los ejes de la estrategia de Calderón contra el narcotráfico es precisamente ése, reflejado en la llamada Plataforma México. Retirar al Ejército de la lucha contra el narco para no exponerlo a la corrupción significa, entonces, exponer a la corrupción —todavía más— a los cuerpos policiacos, que como ya hemos visto en esto de resistir los cañonazos de narcodólares no son muy eficaces. Sin embargo, en la práctica dicha medida implica volver a la política de tolerancia e ineficacia en el combate al narco del pasado.

    Evidentemente, el retirar ahora al Ejército supondría menores arrestos y eventualmente el restablecimiento de un equilibrio en el mundo del narcotráfico, como el que existía en la década de los 90, lo que generaría menos violencia, aunque el problema siguiera creciendo. Esto ciertamente sí representaría un cambio de estrategia. Por otro lado, el acabar con la prohibición también significaría un cambio en la estrategia, pues eliminaría la fuente de la narcoviolencia y la corrupción —la ilegalidad del fenómeno—, pero esta opción no está por ahora en el menú político del gobierno mexicano, ni de ningún gobierno del mundo.

    Así pues, sólo tenemos de dos sopas: intentar aplicar la ley (una ley que no se puede aplicar) con la violencia que estamos viendo o hacerse el disimulado, con el consiguiente crecimiento del problema.

    Es obvio que el gobierno mexicano está en un callejón sin salida. Cambiar la estrategia dentro de los márgenes de la prohibición sólo implica una cosa: regresar a la política de tolerancia del pasado, que hará que la violencia disminuya pero que también potenciará el crecimiento del problema.

    En esta perspectiva, la opción más racional sería acabar con la prohibición y dejar ya de sacrificar al Estado y la sociedad en una lucha que se está dando en la trinchera equivocada. Criminalizar un problema de salud no lo resuelve y genera además dos problemas adicionales: corrupción y violencia. ¿Es eso tan difícil de entender?

    [email protected]

    Analista político e investigador del CIDE



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