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Jorge Montaño

Deslindes electorales

Internacionalista, diplomático de carrera, consultor y profesor del ITAM.

Ex embajador de México en Naciones Unidas y ante el gobierno ...

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    06 de noviembre de 2008

    WASHINGTON, DC.— La campaña electoral de EU que duró 22 meses culminó anoche, despejando más incógnitas que cualquier otra en la historia moderna de ese país. Una de estas respuestas me atrapó a la media noche, cuando presencié la llegada de miles de jóvenes expresando su júbilo por el triunfo de un candidato que adoptaron como propio y al tiempo manifestaban frente a la Casa Blanca su repudio a Bush, con un encono que había permanecido larvado.

    La expresión espontánea tenía el sello de las incursiones futboleras mexicanas en el monumento a la Independencia, combinado con un odio que los sajones difícilmente expresan. La fiesta y el repudio en una noche helada y lluviosa identificaban a uno de los responsables directos de los males que aquejan al país. El otro indiciado reconocía desde Arizona su derrota contundente, atribuible a su transformación tardía en un personaje acomodaticio y oportunista.

    El guerrero inquebrantable asumió rostros y disfraces prestados en una búsqueda insensata por complacer a los electores tradicionales de su partido. McCain trató de mostrar una capacidad de transformación semejante a la de Bill Clinton, un actor profesional con una tradición mimética bien cultivada a lo largo de su vida, por lo que su candidatura, confirmada seis meses antes que la de Obama, sucumbió ante una metamorfosis que nunca convenció a los ciudadanos.

    En las expresiones callejeras de anoche se recogía la ansiedad que permea a una población escéptica sobre la viabilidad de su futuro, estrangulado por una crisis económica sin precedentes. Se ha asumido como verdad inamovible que la depresión que empezó a resolver Roosevelt en 1933 es un remedo de la catástrofe de nuestros días, debido esencialmente a la mala conducción presidencial, equivocadamente respaldada por el candidato derrotado, quien nunca imaginó que el relumbrón que obtuvo con la designación de su compañera de fórmula se iba a convertir en un bumerán letal, una vez que las debilidades de una política aldeana se magnificaban ante la posibilidad de que se convirtiera en presidenta.

    El electorado supo identificar como responsable a quien mostró falta total de juicio para evaluar las consecuencias de una decisión miope. En unos días, McCain logró desplomar sus aspiraciones al no desmarcarse enérgicamente de los errores presidenciales, respondiendo con imaginación y respaldo de expertos reconocidos a los múltiples desafíos del quebranto financiero nacional y, por añadidura, al seleccionar a la gobernadora de Alaska.

    El resultado electoral da cuenta de los errores cometidos, que fueron capitalizados por los demócratas, cuyo candidato mostró serenidad apoyándose en personalidades con autoridad mundial. El mandato obtenido por el senador Obama en las urnas confirma la necesidad de una sociedad que reclama respuestas en el corto plazo. No es posible interpretar un mandato amplio como el que recibió con base en aciertos propagandísticos o en una campaña eficaz.

    La decisión popular de asegurarle mayorías cómodas en ambas cámaras al mismo partido del próximo presidente se debe interpretar como una licencia temporal. El triunfador tiene la autorización y el reclamo popular de asumir poderes fácticos inmediatos. La cumbre del Grupo de los 20 jefes de Estado, que se realizará en esta ciudad el 15 de noviembre, es una oportunidad para imprimir de inmediato un sello personal al manejo de la economía que no puede esperar los 76 días que marca el ritual de la transición.

    En las próximas horas deberá integrar un equipo capaz de recibir de la administración saliente los detalles de cada una de las carteras. El mensaje ciudadano fue demasiado claro para incurrir en errores. Se requieren acciones sensatas que permitan comprar la tolerancia social. Obama será un presidente con pocos instrumentos para obtener resultados espectaculares. La administración saliente entrega malos resultados, al tiempo que la paciencia del votante será muy limitada, lo que puede convertir la euforia de anoche en una pesadilla para el nuevo gobierno.

    El ensismismamiento estadounidense debe ser penetrado por los efectos positivos de la diplomacia mexicana, que debe perseverar en la posición de obtener respuestas incluyentes del equipo de transición. No se debería esperar más tiempo, ya que después de la toma de posesión todo se tornará más difícil. Es de anticiparse una cerrazón que con paciencia y recursos de apoyos internos puede romperse. En este ámbito, México también debe capitalizar que el voto hispano, o sea, mexicano-americano, dio un giro favorable con 75% a favor de los demócratas. Esta es una argumentación válida que se debe esgrimir sin ningún pudor.

    [email protected]

    Analista político



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