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Jorge Chabat

El invento americano

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    05 de noviembre de 2008

    El día de ayer fue un día crucial para Estados Unidos y el mundo. Las elecciones que se llevaron a cabo en el vecino país del norte son, sin duda, uno de los acontecimientos más relevantes de las últimas décadas.

    Probablemente es la elección que más atención ha captado desde la de John F. Kennedy. Los altos niveles de votación así lo reflejan. Sin embargo, la mayor virtud de estos comicios es que han logrado revivir la esperanza en un país y en un mundo sumido hasta hace unas semanas en la angustia causada por la crisis financiera mundial generada en Estados Unidos.

    Más allá del resultado final, el cual desconozco al momento de escribir estas líneas, lo cierto es que la democracia estadounidense ha logrado generar la esperanza de un cambio.

    Aun con una victoria de McCain, la cual parece muy difícil de acuerdo con todas las encuestas, lo cierto es que el cambio en la Presidencia de Estados Unidos, después de una gestión desastrosa como la del presidente George W. Bush, permite al pueblo estadounidense pensar en que la situación puede mejorar. Y la esperanza de cambio viene no sólo del simple hecho de que termina la presidencia de Bush, sino de un reconocimiento explícito y un convencimiento de ambos candidatos de que las cosas se hicieron mal y de que hay que cambiarlas.

    En ese sentido, llama la atención que tanto McCain como Obama han sido críticos feroces de la presidencia de Bush, lo cual simplemente refleja el clima de opinión prevaleciente en Estados Unidos.

    Adicionalmente, el sistema democrático estadounidense parece estar más saludable que nunca. Los dos candidatos que compiten por la Presidencia tienen una historia personal de lucha que es poco común en países con élites políticas cerradas.

    McCain ha sobrevivido a muchas adversidades en su vida. Fue prisionero de guerra en Vietnam y compitió varias veces antes por la candidatura presidencial y fue derrotado. Y qué decir de Obama. El candidato demócrata es un outsider. No sólo es afroestadounidense, hijo de un keniano, sino que tampoco proviene de una familia rica. Además, posee un nombre que no es para nada americano y tiene una trayectoria profesional atípica: eso de trabajar con grupos comunitarios con un título de Harvard, en lugar de hacer dinero, es atípico.

    Son estos ingredientes los que han hecho que en medio de la peor crisis financiera de los últimos 80 años, el americano común salga a votar y vea en el invento de los padres fundadores de Estados Unidos un atisbo de esperanza.

    Y es ahí donde radica el verdadero poder de Estados Unidos: en su sistema democrático. Ningún otro sistema político ha mostrado tener la capacidad de renovación y de corrección de errores como la democracia liberal. Con todos sus defectos, es el sistema que mejor permite a un país reinventarse a sí mismo.

    Después de más de 200 años de existencia, este sistema político está más vigente que nunca. La democracia es sin duda el invento americano. Y lo mejor de todo es que no hay que pagar derechos de autor por usarlo.

    [email protected]

    Analista político e investigador del CIDE



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