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Ana María Salazar

Los dilemas de negociar

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    02 de mayo de 2008

    Los dilemas de negociar

    Negociar o no negociar con el EPR. Este es el debate de la semana que podría tener implicaciones a largo plazo, ya que se estarían estableciendo los parámetros de cómo serían las negociaciones del gobierno calderonista con cualquier grupo que haya usado o amenace con usar actos violentos e ilegales para promover sus intereses políticos o de grupo. Hay que reconocer que la negociación es quizá una de las herramientas más importantes de un gobierno para resolver conflictos antes de que se traduzcan en violencia, más conflictos y hasta guerras. Pero también hay que entender que el solo hecho de que un grupo armado exprese interés de negociar o un gobierno esté dispuesto a dialogar con un grupo fuera del estado de derecho envía un mensaje de poder o de debilidad, dependiendo de cómo se conduzca esa negociación.

    Generalmente se asume (erróneamente) que quien primero pide o busca sentarse a negociar lo hace por debilidad. ¿Por qué está el EPR buscando sentarse a dialogar en este momento? ¿Será que se sienten acorralados y perseguidos? ¿O están buscando un respiro para reorganizarse? ¿O usarán este acercamiento inicial como una forma de presionar al gobierno más adelante, después de llevar a cabo varios atentados en los siguientes meses? La respuesta a estas interrogantes depende de qué tan efectivo ha sido el gobierno en los últimos meses en perseguir al EPR. Es fundamental entender las razones y los verdaderos intereses del EPR de sentarse a negociar.

    Y aunque los críticos del gobierno tienen razón cuando dicen que sentarse a negociar con el EPR sería una forma de darle credibilidad y convertir en “grupo guerrillero o armado” a un grupo pequeño de “delincuentes” que tienen relativamente poca representación social, también es importante señalar que hay varias razones fundamentales por las que el gobierno de Calderón se beneficiaría en llegar a algunos acuerdos. Más allá de la nomenclatura que se le dé al EPR, la realidad es que, aunque sea un grupo relativamente pequeño de personas, sí tienen una gran capacidad destructora y de violencia.

    Si el gobierno pudiese alcanzar un acuerdo con el EPR de un cese permanente a los atentados y a la violencia, esto permitiría a Calderón vacunarse de varios dolores de cabeza, especialmente durante esta etapa de su administración en la que le queda posiblemente una ventana de dos años más para sacar reformas y programas controversiales, como la reforma energética. Pero al mismo tiempo este “diálogo” se tiene que llevar de tal manera que no se vuelva un incentivo para cualquier grupo que tenga exigencias sociales y podría interpretar la negociación con el EPR como una razón para atacar la infraestructura energética del país.

    En mis talleres de negociación siempre subrayamos la importancia de buscar oportunidades de dialogar, aunque sepamos que la contraparte no está dispuesta a llegar a un acuerdo. Y sugerimos esto por una importante razón. Cada vez que dos personas se sientan a dialogar, puede convertirse en una sesión en donde se obtiene información valiosa que podría ser de extrema utilidad para buscar negociar más adelante, o para mejorar una estrategia, en el caso de que no se pueda llegar a un acuerdo. ¿Por qué no recurrir a diálogos informales en donde se comparte información sin ningún compromiso? Esta es una de las herramientas más útiles para los negociadores experimentados. Pregúntele a cualquier veterano de la diplomacia. Es mucho más lo que se adelanta en una conversación durante una comida, un café o incluso en un pasillo, que en las mesas formales de negociación.

    La negociación debe de ser directamente con representantes del EPR, no mediante terceros. ¿Pero a nombre de quién están estos negociadores? ¿Representan a todos, especialmente los más violentos? De otra manera este esfuerzo puede ser hasta contraproducente.

    Una última consideración: qué información puede surgir de esta negociación que permita reducir el conflicto y no agravarlo. Me explico. Si surge información contundente de que en este momento se llevó a cabo una guerra sucia en Oaxaca contra el EPR por parte del gobierno estatal o por actores del gobierno federal, ¿está dispuesto Felipe Calderón a perseguir a los autores, sin importar las consecuencias? Si fracasan estas negociaciones, ¿estará el gobierno dispuesto a perseguir al EPR con más contundencia? Desafortunadamente, muchas veces el intento de negociar ante este tipo de grupos, de no hacerse correctamente, puede traducirse en más violencia (para bibliografía y documentos para negociadores políticos entren a mi blog www.anamariasalazar.com).

    [email protected]

    Analista política



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