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Editorial EL UNIVERSAL

Desgaste innecesario

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    12 de marzo de 2008

    El secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, dedicó la semana a defenderse de las acusaciones de tráfico de influencias lanzadas por el PRD con base en contratos que él firmó con Pemex a nombre de una empresa cuando era legislador y asesor de la Secretaría de Energía.

    Al margen de que las acusaciones deben ser demostradas legalmente, se vale pensar que haya una cuidadosa estrategia mediática en el PRD y ahora, también, en el lado de Mouriño.

    En el bando acusador se anuncia lo que podría considerarse el lento rostizamiento de Mouriño a través de la revelación paulatina de documentos que al menos lo mantengan en la picota pública.

    Del lado de Mouriño puede decirse que hay una ofensiva de relaciones públicas, también a través de medios, iniciada de hecho el martes con el anuncio de la entrega de documentos y contratos al Congreso y la PGR.

    La Procuraduría anunció una investigación y en ese marco sería importante que el PRD presentara todas sus pruebas de una vez. El país no puede ni debe aceptar una crisis prolongada que a todas luces se intenta vincular con hechos como la reforma energética y las elecciones internas del PRD.

    Al mismo tiempo habrá que ver si la estrategia de respuesta de Mouriño funciona y, sobre todo, si sus defensores y sus propias acciones son suficientes para exculparlo ante la opinión pública.

    Los actores políticos deberían recordar que si las tácticas usadas son válidas, los debates sobre reformas legales son demasiado importantes para ser limitados por problemas de momento.

    Castigar las miradas

    El escritor argentino Jorge Luis Borges definía a uno de sus personajes, Carlos Argentino, con una frase lapidaria: “Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante”.

    La definición viene a cuento tras la propuesta de identificar una “mirada lasciva” con el delito de hostigamiento sexual y por tanto sancionable con sentencias de cárcel y multas.

    Tal vez los señores asambleístas del DF querrían hacer un viaje de aprendizaje a ciertas sociedades musulmanas o conseguir la asesoría de alguna policía de corte religioso fundamentalista para asegurarse de que obtienen las lecciones correctas.

    Pero ¿qué es una mirada lasciva? No hay una definición clara ni criterio único. Cierto, en México hay un enorme hostigamiento sexual, pero la verdad habría que empezar por cosas más simples.

    De leer algunas de las legislaciones propuestas por nuestros congresistas podría creerse que estamos en una nación socialmente avanzada como Suecia. Pero no, estamos en México, un país que lucha por salir del subdesarrollo con una sociedad que en ciertas cosas es del siglo XVII.

    Más que castigar las miradas habría que emprender campañas de educación para respetar a la mujer y se garantice pronto la equidad laboral y de derechos; que les aseguren igualdad salarial o el castigo a los responsables de la verdadera violencia contra ellas.

    Ciertamente, para las mujeres sería ideal que se acabaran las miradas lascivas, cualquiera que sea su definición o quién se encargue de hacerlo cumplir. Pero hay problemas más urgentes y de mayor importancia por resolver.



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    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


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