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EL UNIVERSAL

Una alternativa contra el narco

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    19 de febrero de 2008

    Una alternativa contra el narco La legalización de las drogas debe dejar de ser un tabú. Su discusión es obligada más ahora que la guerra contra el narcotráfico se ha recrudecido.

    La prohibición eleva los precios de los productos ilegales y proporciona a quienes los proveen el monopolio en su manejo, factor que eleva aún más sus ganancias.

    Policías y ahora militares arrestan a narcotraficantes, quiebran estructuras criminales, confiscan propiedades, destruyen plantíos, interceptan cargamentos y, a pesar de todo ello, en el panorama general sólo se consigue el encarecimiento del producto, lo cual no garantiza una baja en su consumo.

    El negocio es tan próspero que desintegrado un cártel enseguida otros narcotraficantes cubren el espacio liberado en el mercado. ¿Qué tanta fuerza militar y policial hace falta antes de considerar nuevas opciones?

    La penetración internacional del flagelo es tal que una solución pasa necesariamente por homogeneizar las medidas tendientes a conseguirlo. Es de criticarse por tanto la actitud de Estados Unidos de evitar siquiera el debate en torno a una eventual legalización.

    La cooperación regional debe ir más allá de la entrega de unos cuantos miles de dólares. El costo de la guerra contra el narcotráfico ha sido demasiado alto como para apostar ciegamente a la continuación del mismo camino.

    Guatemaltecos esclavizados en México

    En las plantaciones de café, cacao, plátano y caña de azúcar de Chiapas, grupos de campesinos guatemaltecos son sometidos a explotaciones de trabajo parecidas a las que durante el porfiriato contribuyeron a detonar la Revolución Mexicana en 1910.

    Tiendas de raya, barracones sin ventilación con literas de tres pisos para dormir, retención de documentos y complicidad de las autoridades migratorias, estatales y municipales es el mundo de familias enteras que comienzan a laborar a las 6 de la mañana y tienen que hacer caminatas de una hora hasta las fincas, con un penoso retorno cargado de cajas de la cosecha, por la que cobran 52 pesos.

    Los alimenta el patrón, con arroz, frijol y tortilla, y si quieren atún, leche o galletas, deben firmar un vale que se les descuenta el día de raya.

    El mes pasado, 3 mil 900 guatemaltecos, hombres, mujeres y niños, fueron documentados en la Casa Roja del Instituto Nacional de Migración, en la frontera de Talismán, para laborar de cuatro a seis semanas en algunas de las 520 fincas registradas.

    Como sucede con los trabajadores migratorios, en el campo guatemalteco la situación es peor y, en Chiapas los mexicanos pueden aún reclamar mejor salario.

    Si queremos mejorar nuestras relaciones con los países del sur, podríamos comenzar por corregir este drama del campo mexicano.



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