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Ramón Cota Meza

Cambio ideológico

Analista político. Colabora en EL UNIVERSAL y en la revista Letras Libres. Asimismo, es copyeditor en inglés y español, traductor y guionist ...





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    01 de enero de 2008

    El año que empieza se perfila como inicio de un cambio ideológico global, de la ortodoxia neoliberal de las dos últimas décadas a enfoques más amplios, flexibles y amistosos con la participación pública. La evidencia acumulada por las crisis de los últimos años en muchos países y ahora en los desarrollados refuta los postulados y recetas neoliberales. El futuro inmediato del mercado de crédito de Estados Unidos y Europa depende ahora de la liquidez de la banca central, es decir, de dinero público.

    La nacionalización del banco Northern Rock por el gobierno británico para rescatarlo de la bancarrota hipotecaria es emblemática, pues fue en Inglaterra donde la revolución neoliberal empezó. Martin Wolf, director del Financial Times, escribe: “Lo que está pasando en el mercado de crédito es un duro golpe a la credibilidad del modelo capitalista financiero anglosajón”. Inusitado, el Wall Street Journal destaca el gasto público de los estados de la Unión Americana como antídoto de la recesión.

    Paul Krugman escribe: “Hay un fuerte ola populista en Estados Unidos ahora. Por ejemplo, en una encuesta reciente de Democracy Corps sobre inconformidad de votantes, la frase más elegida para explicar lo que está mal en el país fue: ‘Los grandes negocios obtienen lo que quieren en Washington’”. Krugman usa la palabra “populista” en sentido histórico y alude a la ideología popular de los estados de la Unión Americana frente a Washington y Wall Street a fines del siglo XIX.

    Por el lado del comercio mundial hay impulsos proteccionistas que podrían frenar el flujo libérrimo de mercancías. Los gobiernos del TLC tienen una querella de muchos ítems comerciales con China en la OMC. El Congreso de Estados Unidos amenaza a China con un arancel de 27% en todos sus productos si no revalúa su moneda para aumentar el valor de las exportaciones de Estados Unidos. En tanto, la Reserva Federal induce una “devaluación competitiva” del dólar.

    En México, empresarios y empleados de la industria del calzado están en las calles protestando contra la “competencia desleal” china. El hecho de que el corazón de la protesta sea la conservadora León da a este conflicto un matiz político singular, pues el gobierno no puede ignorar las demandas de intereses tan importantes para sí mismo y para el PAN, so pena de sufrir gran derrota política y moral. De mayores consecuencias podría ser la apertura total en granos y lácteos.

    Pero detengamos aquí la enumeración de casos, pues este artículo fue redactado 15 días antes de su publicación, en los cuales pudo haber desenlaces. El punto es que está en marcha un cambio ideológico en sustitución del consenso neoliberal, que rápidamente deja de ser dominante. En América del Sur ese consenso ha sufrido drásticas alteraciones, la más importante el uso del gasto público para estimular la economía con resultados positivos para sorpresa del FMI.

    El caso de México es similar, pues su motor de crecimiento desde la recuperación de 2004 es el gasto público financiado con venta de hidrocarburos, pero al gobierno le da rubor reconocerlo. ¡Tanto atacar al populismo de los 70 para venir a hacer lo mismo ahora! Bueno, no exactamente lo mismo, el gasto público proviene hoy de ingresos propios en su mayor parte, no de deuda externa, como en los 70, pero la infraestructura que permite tener ingresos propios fue construida con la deuda de los 70.

    El cambio ideológico en gestación producirá tal vez una nueva historia económica del pasado inmediato, en la que resulte que los gobiernos del PAN desde el año 2000 son los continuadores de Echeverría y López Portillo en cuanto al uso masivo del gasto público para construir infraestructura y proveer servicios. También podrían resultar continuadores del desarrollo estabilizador en cuanto a protección de la industria y materias primas nacionales (además de la disciplina fiscal).

    Los parangones pueden tomarse con ironía, pero son consistentes con los hechos. Más vale reconocerlo para estar en libertad de tomar decisiones con rangos de opciones amplios, sin excesiva interferencia del consenso neoliberal en retirada. Un buen economista es aquel capaz de cambiar la orientación de su mente cuando los datos de la realidad cambian.

    blascota@prodigy.net.mx

    Analista político



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