aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Rogelio Ramírez de la O

‘Decretazo’ contra ‘gasolinazo’

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

Más de Rogelio Ramírez de la O



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    03 de octubre de 2007

    Desde que el gobierno dio a conocer su proyecto, la reforma fiscal ha ido de mal en peor, pues no sólo tuvo que modificar su esquema y dañar su consistencia con varias modificaciones, sino que lo hizo de manera contradictoria. Así se entendió cuando lo cambió para permitir la deducibilidad de donativos a fundaciones y entidades filantrópicas.

    Pero aún más reveladora fue la retirada del aumento del impuesto a la gasolina cuando se redujo el apoyo de la opinión pública al gobierno en las encuestas.

    Aunque posponer el aumento reduce el daño a la imagen pública del gobierno, causa un daño colateral pero de mayor significado. Es decir, revela que el gobierno no tiene proyecto en el amplio sentido de la palabra. De otra forma no desecharía lo que tanto trabajo le costó negociar con el PRI, cuyos representantes ahora quedan muy mal.

    Por encima de todo el uso de impuestos para manipular precios de la gasolina es una pésima idea. Primero, las reducciones de precios públicos no deberían utilizarse más que con un claro propósito de mejorar la competitividad, y sólo si dichas políticas están ancladas en programas para aumentar la eficiencia y reducir los costos en los sectores responsables.

    En segundo lugar, no hay peor política recaudatoria que el aumento de precios de insumos, sobre todo de energía, pues invariablemente causa inflación.

    En tercer lugar, comprometer el apoyo de los gobernadores de los estados con impuestos al consumo, prometiéndoles a cambio los recursos a recaudar, es una mala política, pues el gasto de los estados es aún más exagerado y dispendioso que el de la Federación.

    Además, crea un precedente peligroso, pues al paso que vamos pronto los gobernadores podrían vetar cualquier impuesto. También podrían reclamarle compensación por recursos que dirían haber “perdido” si los impuestos dejan de aplicarse por idea del gobierno federal.

    En cuarto lugar, aún más importante, si un impuesto tan insignificante en ingresos (20 mil millones de pesos) causa tanta tormenta, no se puede evitar el juicio de que “la reforma hacendaria para los que menos tienen”, basada en el IETU, carece de capacidad para aumentar mucho los ingresos.

    Y si el IETU va a recaudar cuando más 1% del PIB y por eso el impuesto a la gasolina era indispensable, entonces, ¿para qué cambiar todo el sistema fiscal y obligar a los contribuyentes a hacer dos declaraciones de impuestos en vez de una sola?

    Aun así, varios comentaristas han sido hasta ahora muy complacientes con el proyecto de reforma y con el congelamiento del impuesto a la gasolina. Un comentario es que el gobierno quería evitar una espiral inflacionaria. Pero la lucha contra la inflación es tarea del Banco de México, y cuando éste aumentó el interés en mayo, el gobierno fue agresivo, calificando su acción antiinflacionaria como “prematura”.

    Otro comentario que se escucha es que el gobierno necesita quitar a la izquierda argumentos que le sirvan para bloquear las reformas. Pero si en esta acción el gobierno debilita sus propias reformas, el argumento se torna circular.

    Es legítimo desde luego que trate de no dar armas a sus adversarios políticos. Pero de eso a hacer giros en su propia política pública para evitar protestas de la izquierda no sólo es muy costoso, sino sugiere falta de convicción e imaginación. No hay otra explicación, pues el lapso entre la aprobación de la reforma por el Congreso y su congelamiento por el gobierno fue tan corto como un par de semanas.

    Y en cuanto a la imaginación detrás de la campaña mediática, sería mejor que el gobierno no tratara de convencer a la opinión pública de que dicho aumento nunca fue su idea. El riesgo es alto de que la opinión pública reaccione con mayor enojo. Más aún, cuando los precios ya habían aumentado con el solo anuncio del impuesto y muy probablemente aumentarán de nuevo en enero. La razón simple es que una fuerza de la inflación son las expectativas.

    En cuanto a los aliados del gobierno, si éstos concluyen (en caso de que aún no lo hayan hecho) que las políticas que acuerdan con el gobierno pueden cambiar en cualquier momento, aumentarán el precio de su cooperación futura y para temas difíciles podrían negar su apoyo.

    Un proyecto de gobierno basado en promover reformas que pueden retirarse para no fortalecer a la izquierda va a ser tan improductivo como perseguir a un gato en un cuarto oscuro, sólo para descubrir que, cuando ya estamos cerca de él, se escapa por la ventana.

    [email protected]

    Analista económico



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.