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Fernando Serrano Migallón

La persistencia de la memoria



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    18 de julio de 2007

    En 1931 Salvador Dalí pintó uno de los cuadros icónicos de nuestro tiempo: “La persistencia de la memoria”, aquel de los relojes blandos que irremediablemente causan la angustia del tiempo ido en cualquiera que los observa. Si bien Dalí no puede ser considerado un artista representativo de los fenómenos históricos que, poco después de terminar aquella pintura, iban a sacudir a España y al mundo entero —la Segunda República y su Guerra Civil—, sí nos dejó una frase y una imagen que representan mucho de lo que posteriormente iba a suceder en México respecto de aquellos años crueles, heroicos y torturados.

    Este año recordamos los 30 de la normalización de las relaciones diplomáticas entre México y España. El término restablecimiento es una inexactitud política e histórica: no se puede olvidar que nuestro país, durante todos los años de la dictadura franquista, mantuvo relaciones con el gobierno legítimo de la República en el exilio; que el Cabildo de la ciudad de México fue, por momentos, sede de las cortes republicanas; y que un presidente de la República española tomó posesión de su cargo en ese inmueble histórico. Así, lo que ocurrió en 1977 fue en realidad el reconocimiento del gobierno territorial español que luego de la muerte de Franco comenzaba a salir de aquella ominosa dictadura. Esto es la persistencia de la memoria.

    El recuerdo de esos 30 años es para los mexicanos un tiempo de silencio poblado de voces, reclamaciones y encuentros; pero para España es abrir las venas del recuerdo para enfrentar con valentía y serenidad la reconstrucción de su propia historia, dar luz a los rincones que la vergüenza ha oscurecido y reconciliar en la justicia a las dos Españas, que, como dice Machado, han de helar el corazón.

    Cada año la Facultad de Derecho de la UNAM hace entrega de la medalla Isidro Fabela a un ciudadano extranjero destacado por sus esfuerzos en favor de la libertad, la justicia y el respeto a los derechos de los pueblos; en años anteriores fueron galardonados intelectuales y académicos como José Saramago, Friedrich Katz o Ernesto Cardenal; este año, la decisión del Consejo Técnico de la Facultad declaró merecedor del reconocimiento a don José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español.

    A él no sólo porque Isidro Fabela fue el principal —y en momentos el único— defensor de la República española en el seno de la Sociedad de las Naciones, hecho que Rodríguez Zapatero ha reconocido en más de una ocasión, sino porque el valor con que el presidente español ha enfrentado la memoria histórica de su propio pueblo significa la reconstrucción del lenguaje que México y España compartían y que la guerra y la dictadura quisieron destruir, y porque se apreciaron en él los valores que la diplomacia mexicana dirigida por el presidente Lázaro Cárdenas tuvo como normas de conducta: el respeto a los soberanía de las naciones, la resolución pacífica de las controversias y la igualdad jurídica de los estados.

    Fue Rodríguez Zapatero el que devolvió a España el honor al retirarse de una guerra injusta y avasalladora; ha sido él quien ha devuelto la dignidad que ni en la muerte se había querido conceder a quienes, habiendo perdido la guerra militarmente, la habían ganado humanamente, como los poetas a los que se refería también Machado al mirar por última vez su país desde la frontera con Francia.

    Enhorabuena a Rodríguez Zapatero, porque su presencia en la máxima casa de estudios de México para recibir el reconocimiento de manos del rector, doctor Juan Ramón de la Fuente, ha reavivado la construcción del lenguaje común para el que ni el comercio internacional o los acuerdos políticos bastan: el lenguaje del encuentro humano, de los tiempos que no se olvidan y en, una palabra, el de la persistencia de la memoria.

    [email protected]

    Abogado



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