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Rubén Aguilar Valenzuela

¿Sabotaje o propaganda armada?



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    12 de julio de 2007

    El gobierno ha reconocido que las explosiones en los ductos de Pemex fueron provocadas. No ha dicho quién. Se ha comprometido a investigar los hechos y a juzgar a los culpables.

    El EPR, uno de los pequeños grupos armados que se asume como guerrilla, se ha adjudicado la responsabilidad de los hechos. En su comunicado exige la liberación de dos de sus supuestos integrantes.

    Ninguna de las 12 agrupaciones guerrilleras identificadas por los órganos de seguridad del Estado, que se concentran en los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Puebla, tienen capacidad para poner en peligro la seguridad del Estado mexicano. Se está muy lejos de esta posibilidad.

    No está probado que el EPR haya sido el actor de estas acciones. Éstas tienen todas las características de una actividad de propaganda armada. En los últimos 10 años han ocurrido hechos semejantes, pero en escala muy menor. En los casos anteriores se trató de pequeñas explosiones en edificios bancarios o en centros comerciales. Se atentó contra propiedades privadas. Las detonaciones ocurrieron de madrugada y nunca se puso en riesgo la vida de personas. Las afectaciones a la economía fueron insignificantes.

    Las acciones de ahora tienen características claramente distintas. Las cargas explosivas fueron mucho más potentes. Se ataca a una propiedad pública. No hubo víctimas, pero se crearon condiciones que ponían en peligro la seguridad de la población. Los daños a la economía son importantes. La industria del vidrio, por ejemplo, que fundamentalmente opera sus hornos a través del consumo de gas, ha tenido que suspender la producción en sus fábricas de Monterrey, Guadalajara y Querétaro.

    La reacción en cadena no se ha hecho esperar. En estos días a la industria refresquera y de la cerveza no se le han hecho llegar las botellas que requiere para mantener su producción. Ahora se abastece de sus reservas.

    La acción está muy bien pensada. No es casual. Se eligió un objetivo estratégico. Es, sin duda, una acción de propaganda armada pero en la que se buscó afectar seriamente a la economía. ¿Propaganda armada de quién? Eso, todavía no lo sabemos.

    Hay que esperar el resultado de las investigaciones para poder sacar conclusiones. Hacerlo antes es irresponsable. Lo que ahora se puede decir son tres cosas:

    a) En la imperfecta democracia mexicana no están dadas las condiciones para que la guerrilla prospere. La realidad mexicana evoluciona en sentido contrario. Cada día se alejan más las posibilidades de que se reproduzca la guerrilla.

    b) Todas las fuerzas políticas, en particular a las que se pudiera relacionar aunque sea de manera remota con esta acción, de inmediato han condenado los hechos. Construye seguridad constatar que la apuesta de todas las fuerzas políticas del país es seguir perfeccionando la democracia al mismo tiempo que abrir más espacios a la participación política y ciudadana. En esta línea todavía hay mucho que hacer.

    c) El gobierno ha reaccionado con rapidez. No ha intentado esconder las causas de la explosión. De frente asumió que se trata de un atentado. De manera pública se ha comprometido a investigar los hechos y a ofrecer resultados. La sociedad espera ser informada de los mismos. Sólo la verdad traerá seguridad y tranquilidad.

    [email protected]

    Analista político



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