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Jorge Chabat

La prioridad oficial

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    05 de enero de 2007

    Existe una frase popular en la burocracia que dice que "amistad que no se refleja en el Presupuesto no es amistad". Y la verdad es que el Presupuesto es uno de los pocos indicadores objetivos de las prioridades gubernamentales. Un gobierno puede fijar en el discurso muchas prioridades, pero el verdadero indicador de las mismas es, sin duda, la asignación presupuestal.

    Desde luego que un requisito fundamental es también la voluntad política pues se puede dar el caso de que, a fin de responder a las presiones externas o internas, se asignen presupuestos muy altos a un tema aunque no exista la intención de darle una prioridad real. Esto es, se puede tener un tema con un Presupuesto alto pero sin voluntad política, lo cual llevará eventualmente a la falta de resultados. Sin embargo, lo contrario no es posible: asignar una prioridad política muy alta a un tema, pero no darle Presupuesto. Ello claramente no va a producir buenos resultados.

    Esta discusión viene a cuento porque en el Presupuesto aprobado el mes pasado por el Congreso se registró un aumento significativo en el tema de seguridad, lo cual ocasionó una andanada de críticas por la "seguritización" del gasto en detrimento de otras áreas que son políticamente correctas como la educación o la cultura. Sin embargo, es evidente que en el momento que se priorizan algunas áreas, otras van a sufrir. No hay remedio. Si la cobija se estira para tapar una parte de la cama, habrá otra parte que va a quedar descobijada.

    En el caso del Presupuesto para 2007 se priorizó el tema de seguridad, lo cual inevitablemente iba a repercutir de manera negativa en otras áreas. Desde luego que suena muy correcto defender la educación y la cultura. Y es cierto que un país que quiera desarrollarse no puede prescindir de un fomento a estas áreas.

    El asunto, sin embargo, no es de importancia sino de urgencia. La realidad es que en México, hoy por hoy, no hemos acabado de resolver el reto fundacional del Estado: proporcionar seguridad a la población. La seguridad es el cimiento del edificio del Estado. No es que sea más importante que la construcción de un estudio en la casa. Simplemente es más urgente.

    Si el Estado no es capaz de garantizar la seguridad, el resto de sus funciones no es posible. Si el Estado no garantiza la seguridad, la sociedad no puede desarrollar sus actividades normales, incluidas la educación y la cultura. El dilema no es pues, más escuelas o más policías.

    De manera lamentable, cuando se tienen los niveles de inseguridad que se tienen en México, son necesarios los policías para que eventualmente la población pueda asistir a un concierto o a una universidad. Cierto, la seguridad no es sólo un asunto de policías. Lo es también de oportunidades de empleo y de cultura de la legalidad.

    Sin embargo, cuando se ha llegado a una situación límite en la cual el crimen organizado hace y deshace en el país, es obvio que se tienen que dar respuestas contundentes frente a un estado de crisis. Y eso es lo que ha venido haciendo el presidente Calderón en las últimas semanas y a ello responde el incremento en el Presupuesto. De nada sirve darle mucho dinero a la cultura, si la gente no sale de su casa por temor a ser asaltada o asesinada.

    Y la verdad es que una de las causas de la decadencia en las industrias culturales de nuestro país es precisamente la inseguridad creciente en la ciudad de México y otras metrópolis del país.

    Desde luego que lo ideal sería dedicar más presupuesto a la cultura y la educación que a la seguridad. Como lo ideal sería que la gente común y corriente dedicara su tiempo y su dinero a desarrollar actividades culturales y no a proteger su vida y sus posesiones. Esto es, la situación idónea sería aquella en la que si uno tiene 500 pesos para gastar los utilice para escuchar un buen concierto de música, en lugar de comprar una nueva cerradura para la puerta de su casa.

    Pero si usted vive en un edificio cuyos vecinos han sido asaltados en varias ocasiones, ¿qué haría? Es probable que comprar la nueva chapa. Y no es que la cultura o la educación no sean importantes. Es sencillamente que la seguridad es más urgente.

    Sin duda la aprobación del Presupuesto "seguritizado" de 2007 lo dejó a usted con la sensación de que las prioridades no son las que debieran ser. Mientras no se logre acabar de construir los cimientos de la casa, todo lo demás resulta secundario: los baños de lujo, la biblioteca con chapa de caoba, los balcones veraniegos. Todo lo demás no se puede construir hasta que no se consoliden esos cimientos. Y lo cierto es que el Estado mexicano sigue todavía en obra negra.

    [email protected]

    Analista político e investigador del CIDE



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