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Rodolfo Tuirán

La lectura y los libros

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    11 de diciembre de 2006

    En fecha reciente fueron presentados los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura (ENL) a cargo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Esta encuesta constituye un valioso instrumento para conocer qué, cuánto y dónde leemos los mexicanos, los factores que estimulan o inhiben esta práctica, y las motivaciones que nos impulsan a acercarnos a los variados materiales de lectura.

    Todos sabemos que la lectura es un hábito imprescindible. La adquisición de conocimiento se produce principalmente por esta vía. Además, la lectura contribuye a estimular la creatividad e imaginación de las personas; a fortalecer sus capacidades de expresión, comunicación y comprensión; y a desarrollar las competencias que se requieren para participar efectivamente en la sociedad de la información y la cultura escrita. A pesar de su importancia, los mexicanos todavía nos mantenemos indiferentes ante la lectura e incluso -como decía Octavio Paz- para la gran mayoría "leer es una excentricidad".

    La ENL indica que cerca de 49 millones de mexicanos (61% de la población de 12 años o más) leyeron, además de otros materiales, al menos un libro en el último año. De ese total, la mitad declaró haber leído tres libros o más. No deja de sorprender que sólo 3 millones y medio de mexicanos, principalmente jóvenes, leyeron más de 10 libros en el último año. La distribución resultante arroja un promedio anual de 2.9 libros leídos por persona. Esta cifra no es nada alentadora si se compara con la de Noruega (18 libros), Alemania (15), Portugal (8.5) o España (7.7).

    Además de la baja frecuencia de lectura, una proporción considerable de los mexicanos ha desarrollado capacidades limitadas para leer, lo que configura un círculo vicioso difícil de romper. De acuerdo con sus propias percepciones, alrededor de 39 millones de personas (casi la mitad de la población de 12 años o más) sólo entiende algo, poco o simplemente nada de lo que lee.

    Quizá por eso la gran mayoría de los mexicanos ve en la lectura un acto obligado y no una experiencia placentera. De hecho, únicamente 16% lee por gusto, placer o entretenimiento, en contraste con 91% en Portugal (según datos de Richard Uribe). No hay duda de que mientras los mexicanos sigamos acudiendo a la lectura por obligación, ningún esfuerzo por mejorar en este renglón tendrá éxito. Estos mismos datos ayudan a explicar por qué casi la mitad de quienes reportaron haber leído al menos un libro no pudo o no quiso identificar su título favorito.

    A lo anterior se suman otros obstáculos económicos y sociales que impiden avanzar hacia la conformación de un país de lectores. No hay duda que el rezago educativo, la pobreza y la desigualdad conspiran en contra de la promoción de la lectura. El número promedio anual de libros leídos por persona va desde 0.9 libros entre aquellos sin escolaridad, hasta 5.1 libros entre quienes tienen educación universitaria. Las diferencias son mayores por nivel socioeconómico: de 1.5 libros en la base de la pirámide social hasta 7.2 libros en su cúspide.

    Desde el punto de vista regional, sólo la región noroeste y el Distrito Federal registran índices que están por arriba de la media nacional (3.6 y 5.5 libros, respectivamente). Esto se relaciona -en adición a los factores anteriores- con la ausencia de librerías en la casi totalidad (94%) de los municipios del país, la enorme concentración geográfica de las existentes (cuatro de cada 10 se localiza en la ciudad de México) y la elevada proporción de la población de todas las regiones (excepto en el Distrito Federal) que reconoce jamás haber ido a una biblioteca.

    Decía Jorge Luis Borges que de los diversos instrumentos creados por el hombre, el más asombroso es el libro, porque éste es "una extensión de la memoria y de la imaginación". Por eso la lectura no puede ni debe ser un asunto exclusivo de ilustrados. México tiene mucho por hacer para hacer efectivo el derecho de la población a la lectura, incluida la revisión en el Congreso de instrumentos como la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro.

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    Economista y demógrafo, Premio Nacional de Demografía



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