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Rogelio Ramírez de la O

Para rebasar por la derecha

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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    09 de octubre de 2006

    Como en 2001 y en 2003, la propuesta de imponer el IVA en medicinas y alimentos no tiene futuro si lo que se quiere es una reforma fiscal equilibrada y no regresiva. Si el PAN insiste en ello, no rebasará a López Obrador por la izquierda, sino por la derecha.

    Joan Robinson decía que muchas proposiciones económicas, teóricas y aun más las de política pública, se alinean con alguna ideología. Pretender que una propuesta de impuestos está esterilizada de ideología es engañarse a uno mismo.

    Ciertamente no por la ideología debe rechazarse cada propuesta en automático. Es necesario, sin embargo, despojar a la propuesta de su velo ideológico, como quien quita la envoltura a un regalo para ver si lo que hay en el paquete vale la pena. Si al quitar la ideología la propuesta se desmorona, entonces no tiene valor por sí misma.

    Eso pasa con la propuesta de IVA en medicinas y alimentos. La ideología dominante es que cualquier aumento en la recaudación debe hacerse con impuestos al consumo. Según este razonamiento, como los alimentos no están gravados, entonces hay que homologar el régimen para que queden gravados. Así se podrán reducir los impuestos al ingreso para que el país sea más competitivo atrayendo inversión.

    Nada científico apoya este razonamiento. El IVA en alimentos no es la mejor ni la única vía para aumentar la recaudación y hacerla eficiente. En Europa, en donde se originó la moda de gravar más el consumo, había una razón para ello. Las tasas de impuesto al ingreso habían llegado a ser demasiado altas. Aun así, los países europeos han mantenido tasas diferenciales entre productos.

    En México las tasas de Impuesto Sobre la Renta nunca fueron tan altas como en Europa. Y en la realidad muchas de las empresas más grandes pagan el impuesto sobre la renta con tasas efectivas sumamente bajas, en algunos casos de 10%. Esto es posible en virtud de numerosas facilidades y regímenes especiales.

    Así, habiendo tanto potencial para aumentar la recaudación con Impuesto Sobre la Renta, el argumento en favor del impuesto al consumo pierde relevancia. Además, el IVA en alimentos y medicinas fue rechazado por el Congreso en 2001 y en 2003 y por eso hoy no está en vigor.

    Las cosas suceden por alguna razón e insistir en este gravamen una vez más revela rigidez mental, sólo explicable por la ideología o por la falta de libertad para gravar el ingreso.

    Además el IVA enfrenta problemas técnicos serios. En primer lugar, aumentaría la evasión. Una carga adicional al consumo causaría que quienes compran alimentos y medicinas buscaran hacerlo fuera del sistema y con ello engrosaran aún más la economía subterránea.

    En segundo lugar, las familias en los dos niveles de ingreso más bajo gastan el 50% de su ingreso en alimentos y medicinas. Una tasa de 15% sería devastadora para su poder de compra. El efecto sería de todas maneras muy significativo aun con una tasa menor.

    En tercer lugar, ¿por qué pensar en el IVA cuando hay tantos regímenes especiales en el Impuesto Sobre la Renta que aportarían hasta tres veces lo que el IVA podría aportar?

    En cuarto lugar, cuando la economía entra en desaceleración, como sucederá en 2007, golpear el consumo causaría menores volúmenes de ventas y eventualmente menor empleo y recaudación.

    El gobierno en 2001, tratando de hacer este gravamen aceptable políticamente, propuso reembolsar a las familias pobres por su impacto negativo sobre el ingreso. Si esto se hiciera, aumentaría el gasto público vía los programas sociales, los cuales ya sufren de corrupción, pues se han utilizado para comprar votos. Mucho del ingreso que se obtendría con el IVA se gastaría en estos programas o se perdería en corrupción.

    El resultado final sería un raquítico aumento en los ingresos, quizás medio punto porcentual del PIB, cuando se requieren cuando menos tres puntos.

    El planteamiento sobre el IVA hoy se acompaña de la propuesta de una tasa única para el Impuesto Sobre la Renta. Este es otro planteamiento con ideología, originado en una moda en países que por carecer de sistema impositivo alguno, lo adoptaron, unos con éxito y otros sin él, en especial en Europa del este.

    Sin embargo, la tasa única causaría probablemente una pérdida de recaudación. Esto es porque el grueso de la recaudación del Impuesto Sobre la Renta se obtiene hoy de contribuyentes que caen en las tasas de 20% a 29%, pues los sectores de ingreso bajo reciben un crédito fiscal. La recaudación podría bajar entre uno y dos puntos porcentuales del PIB si la tasa única fuera menos de 20% del ingreso.

    La sola manera en la que la tasa única podría aumentar la recaudación sería con una tasa alta, pero en ese caso perdería todo su atractivo ideológico. Y aun así, resultaría letal para la clase media y media alta.

    Si alguien está pensando que por la novedad de la tasa única se podría terminar simultáneamente con los regímenes especiales y así forzar a las grandes empresas a pagar más que lo que hoy pagan, habría que recomendarle que lo piense de nuevo.

    En primer lugar, cobrarles más impuestos a las grandes empresas implicaría traicionar los compromisos hechos durante la campaña. No hay nada que los grandes grupos económicos van a resentir más que el gobierno les cobre más impuestos.

    Así, recaudar más con Impuesto Sobre la Renta va contra la ideología dominante y contra los compromisos con grupos de interés. Recaudar más con IVA en medicinas y alimentos está en línea con la ideología del gobierno, pero no es técnicamente viable.

    Ahí está la explicación de por qué la recaudación es baja y por qué a Pemex se le cobra tanto. En 2007 habrá menos ingresos petroleros. Si el gobierno quiere rebasar a su rival, López Obrador, por la izquierda, necesitará cobrar los impuestos a quienes pagaron su campaña.

    ecanal1[email protected]

    Analista económico



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