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Jorge Eugenio Ortiz Gallegos

A revisar las actas



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    05 de julio de 2006

    A seis años de las elecciones que dieron al pueblo de México la señal clara de que se había llegado al hartazgo de un Partido Revolucionario Institucional, que ejerció el monopolio del poder político durante más de 70 años, el ambiente de las elecciones del domingo pasado nos lleva a recordar la advertencia de don Manuel Gómez Morín en 1939: "No es sutileza ni sofisma insistir en que se distinga entre la moral del negociante y la ética superior que debe sustentar los motivos espirituales de la política" en la procuración de un logro constante de avances de la democracia.

    Se esperaba que el gobierno de la transición del presidente Vicente Fox diera sustento a dos hechos fundamentales: primero, la reconciliación nacional y simultáneamente el pacto de gobernabilidad que llevase a los mejores hombres de México, sin mengua de sus orígenes partidistas, a los equipos del gabinete presidencial y a los apoyos del Poder Ejecutivo. Segundo, el programa de gobernabilidad debería dar orden, según la importancia de los asuntos para el bien de la sociedad, al innumerable cúmulo de urgencias que corrigieran los errores vigentes, que son grave daño para la nación.

    En vez de avanzar en la identificación entre el pueblo y el gobierno para la consolidación del Estado mexicano, hoy se debe lamentar que no se ha enseñado a los jóvenes a buscar el progreso de las sociedades en acciones concretas, que den curso a un desarrollo nacional equilibrado donde 70% de la población no sufra de hambre y de la angustia del futuro.

    Definitivamente hemos padecido un gobierno del "cambio", que en vez de avanzar ha retrocedido en las metas fundamentales. Las instituciones nacionales han pervertido hasta el cinismo al gobierno, que es la fuente más importante de la corrupción. Se detentan los bienes que pertenecen al pueblo, para ser utilizados para usufructo personal.

    La reciente campaña fue como un maremoto que avanzó por poblados y plantíos sembrando una repentina tragedia. La política desde el centro del poder presidencial propaló la idea de que si el cambio se daba en estas recientes elecciones con el triunfo de la izquierda, se corría el riesgo de una crisis financiera en el país. No hubo oportunidad de conocer con claridad los puntos básicos de los programas de los diferentes candidatos y sus partidos. La prisa cundía con el pánico de que Los Pinos quedasen bajo el control de la izquierda.

    Se puso el sistema de la comunicación de prensa, radio y tv al servicio de las instituciones patronales, que dieron la pauta de respaldar a la nueva derecha blanquiazul. En cuanto los partidos advertían que estaban perdiendo terreno frente a sus contrincantes, hacían su aparición los "dineros blandos" de las cámaras industriales, sindicatos, empresas y personalidades pudientes que alimentaban en forma impresionante los gastos de las campañas.

    Sin base alguna, en la noche del lunes 3 de julio se dio por ganada la votación para el candidato del Partido Acción Nacional. No se puede calificar de fraude, pero entre tanto ha de reconocerse como una irregularidad que 3 millones de votos hayan sido apartados por el señor Carlos Ugalde, presidente del IFE, para darles una revisada.

    El PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares) no es la base para determinar el triunfo del candidato presidencial. En vez de que el PREP arroje conclusiones el miércoles 5 de julio, deberá incluir la revisión de todos los distritos. Ahora resulta necesario revisar las actas de las casillas y tal vez, en algunos casos, exigir que se abran los paquetes electorales para conocer finalmente la verdad.

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    Escritor



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