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Ana María Salazar

Presidente líder

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    30 de junio de 2006

    Tradicionalmente cuando una competencia o una contienda está muy cerrada, se echa un volado. Pero en estas elecciones, tratándose de tres candidatos en la delantera, y dos en la retaguardia, las elecciones podrían definirse por un disparejo.

    Pero ¿qué queremos del nuevo presidente? Nos urge un líder que tenga la capacidad de trabajar en un ambiente hostil; popular, pero no populista. Respaldado por un buen equipo de asesores, interesados en trabajar por el país y no por una candidatura. Buena presentación y manejo de medios. Que no tenga cola jurásica ni jurídica que le pisen. Experiencia política indispensable -este país no soporta improvisados y no habrá entrenamiento ni capacitación-. Carismático y pragmático, pero no loco. Buena salud mental, este puesto enloquece a cualquiera. Acostumbrado a trabajar por objetivos (reforma fiscal, energética, laboral, construcción de un nuevo aeropuerto). Queremos un presidente que sepa negociar, pero no ceder. Un presidente que además esté dispuesto a imponer. Que sepa crear consensos, pero también hacer decisiones que van en contra del status quo. Un presidente benévolo, pero también dispuesto a ser un cabr%&!#.

    No queremos a un presidente que divida, queremos a un presidente que nos una, un presidente que lidere, no que se acomode. Un presidente que nos represente a todos, no sólo a algunos. Alguien que nos permita soñar, pero que él no viva en las nubes. Que sea imaginativo, pero no loco...

    Que sea papá y mamá, pero también cuate y hermano. Un presidente que nos dé las esperanzas de que nuestras vidas pueden y van a ser mejores porque habrá oportunidades. Un presidente que nos dé empleos, pero dignos y bien remunerados. Un presidente que sea democrático y autoritario, cuando se requiera. Que nos haga pensar que es mejor que nosotros en todos los sentidos: más inteligente, menos corrupto, más fuerte y valiente, más creativo. Nos urge un líder que nos dé esperanzas.

    En un maravilloso libro sobre el tema del liderazgo, titulado El arte de liderar, su autor, Francesco Alberoni, más que definir qué es un líder, habla de ellos en términos de su responsabilidad: "La verdadera función del líder, empero, no es hacerlo todo, pensar en todo, controlarlo todo, sustituir a todo el mundo. Su función no es imponer su voluntad en todos y cada uno de los campos, ni dar órdenes minuciosas sobre cada posible argumento, abortando o frustrando la creatividad de los demás. El líder es, ante todo, el custodio de la meta, aquel que recuerda e indica a todos los demás hacia dónde hay que ir y que controla que el engranaje se mantenga en movimiento". Esta definición, en la que el líder dirige la orquesta, señala que la selección de los músicos que tocarán es un proceso fundamental que definirá el éxito del concierto sexenal.

    Yo les pregunto, estimados lectores, ¿qué es un líder? ¿Qué hace un líder? La definición más práctica que encontré fue la de otro gurú del tema de liderazgo, el profesor de Harvard Ronald A. Heifetz, quien nos dice que "el líder moviliza a la gente para que enfrenten sus problemas". Esta definición aunque sencilla, nos da las pautas para desarrollar las características de diferentes tipos de liderazgo y cuáles deberían de ser las virtudes y habilidades de un líder moderno. Queremos a un presidente que nos ayude a que resolvamos nuestros problemas.

    Pero el nuevo presidente tiene que reconocer cuáles son sus debilidades. En el libro El liderazgo al estilo de los jesuitas, el autor, Chris Lowney, afirma que "los líderes prosperan al entender quiénes son y qué valoran, al observar malsanos puntos de debilidad que los descarrilan y al cultivar el hábito de continua reflexión y aprendizaje. Sólo la persona que sabe lo que quiere puede buscarlo enérgicamente. Sólo quienes han puntualizado sus debilidades pueden superarlas".

    Queremos un presidente que nos proteja, pero no demasiado. Un presidente que sea un hombre del pueblo, pero también un hombre del mundo. Que en la mañana pueda desayunar con un campesino y en la noche brindar con el presidente de Estados Unidos. Un estadista, pero no un payaso. En fin, un hombre que nos dé orgullo al llamarlo "señor presidente de los Estados Unidos Mexicanos".

    [email protected]

    Analista política



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