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Fernando Serrano Migallón

Ernesto Cardenal

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    10 de diciembre de 2005

    HACE muchos años que el término "revolución" comenzó a migrar de significado; lo que otrora fue símbolo de progreso, palabra mágica que convocaba voluntades y alentaba sueños, se transformó en un vocablo no siempre agradable, a veces políticamente incorrecto y otras más como un mensajero de un pasado llamado a no volver jamás.

    Sin embargo, todo aquello que recibi-mos a cambio de abandonar los ideales del pasado, de dejar la ética y la estética de un mundo mejor, no parece haber satisfecho nuestras expectativas. Antes tuvimos sueños de Revolución, hoy tenemos una realidad donde soñar ya no es posible y donde el libre comercio, la globalización y la caída de las fronteras no nos dejó un mundo mejor.

    La Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de su Consejo Técnico, confirió al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal la medalla Isidro Fabela, la que en años anteriores fue entregada, entre otros, a Baltasar Garzón Real y a José Saramago.

    Esta presea honra la memoria del diplomático y jurista mexicano, egresado de la entonces Escuela Nacional de Jurisprudencia, y corresponde a quienes sin ser abogados han destacado en la lucha por la libertad, los derechos humanos, la justicia y la convivencia internacional.

    Al conferir este reconocimiento a Cardenal, la Facultad ha querido, en ejercicio de su libertad de expresión, de su amplitud de horizontes, recordar a la última lucha épica de un pueblo latinoamericano contra la dictadura y el terror durante el siglo XX, ha homenajeado al poeta libre por el pensamiento y la palabra y ha buscado abonar algo más en la búsqueda del futuro para nuestro continente.

    Recibir en la comunidad de la Facultad de Derecho a un hombre como Ernes-to Cardenal despierta siempre expectati-vas; a quién escucharíamos en la mañana del 28 de noviembre; ¿al poeta candidato al premio Nobel de literatura?, ¿al ex ministro de Cultura del primer gobierno sandinista y posterior disidente del ejerci-cio del poder?, ¿o al místico de la Revo-lución nicaragüense?

    Al escuchar sus palabras, en las que comparó a nuestro continente con la Adelita, a la que hay que seguir por tierra y por mar, y a la Revolución Mexicana con Quetzalcóatl, trayendo luz y cultura, hemos tenido todas esas manifestaciones de su personalidad. Con Ernesto Cardenal apreciamos que no todo está dicho.

    Los discursos triunfales que se han prolongado durante más de veinte años, proclamando el fin de la historia, la alegre novedad de un mundo sin fronteras en donde la miseria y la pobreza fue lo primero en globalizarse, admiten contrapropuestas, las requieren; necesitan nuevas voces para contrastar sus logros y también sus miserias. Ha sido esa voz la que escuchamos en la presencia de Ernesto Cardenal.

    La madurez que aparentemente resta bríos se manifestó en palabras serenas pero contundentes; al momento en que Cardenal fue ponderando los logros y la trayectoria de Fabela, en la medida que fue recordando sus muchos y profundos nexos con México, académicos y estudiantes pudimos apreciar que los procesos revolucionarios constituyen respuestas extremas a necesidades apremiantes de las sociedades que se encuentran sometidas a tensiones como la injusticia, la desigualdad y el subdesarrollo. Al contrario de lo que el viejo discurso globalizador pretendía, no son las ideologías primero, sino el hambre y el dolor lo que genera las revoluciones.

    Al día siguiente de la entrega de la medalla Isidro Fabela, Cardenal ofreció un recital de poesía y tuvo un encuentro con los universitarios.

    Esa sesión se enmarca dentro de un programa de actividades culturales que desde hace varios años ha reanimado el encuentro de los estudiantes de la Facultad con las manifestaciones del arte.

    Ha sido la voz de Cardenal lo que ha marcado el tono del encuentro; una voz templada en la historia de su patria y de nuestro continente; una voz que tradu-ce en emociones el recuerdo de la muerte de Marilyn Monroe y también las noches estrelladas de Solentiname que es, y se-guirá siendo en el imaginario latinoamericano, lugar de poetas y también de muerte y represión.

    Al encontrarse los jóvenes estudian-tes con el poeta, al encontrarnos los universitarios con el poeta, rescatamos el eje sobre el que se mueve todo sistema jurídico: el hombre.

    Durante décadas, la preocupación fundamental de la Facultad de Derecho ha sido formar abogados dedicados a servir a la sociedad, más allá del dominio de las técnicas jurídicas, más allá del conocimiento de los marcos de la legalidad, lo que da identidad a nuestra comunidad es la correspondencia entre las aspiraciones de la sociedad mexicana y la formación de los universitarios; la presencia de Ernesto Cardenal ha confirmado esta vocación y ha constituido una experiencia entrañable.

    [email protected]

    Director de la Facultad de Derecho de la UNAM



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