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Esteban Moctezuma Barragán

¿No es fascinante?

Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca. Presidente del Compromiso Social por la Calidad y Equidad Educativa. Secretario de Gobernación dura ...

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    12 de septiembre de 2005

    LA pobreza es, para algunos agudos analistas socioeconómicos, la riqueza del futuro y empieza a transformarse de problema en oportunidad.

    Ha empezado a surgir un creciente interés alrededor de un tema trascendente para la humanidad: la posibilidad de crear masivamente modelos de negocios rentables que permiten a la vez, generar utilidades y lograr la superación de las comunidades más pobres.

    Lo que es más, crear oportunidades de negocio con y para la población más pobre no sólo se ve como una posibilidad, sino como una necesidad de la economía del próximo futuro.

    ¿Qué significa esto? Que la mayor carga de las personas de escasos recursos empezará a desaparecer. Y esa es la carga de ser ignorados, de no existir en la mente, las preocupaciones y las ocupaciones del resto de la sociedad. Si acaso, sólo están presentes en el corazón y las acciones de algunos grupos con una conciencia social más desarrollada.

    Que los pobres empiecen a ser considerados como un estrato importante para hacer negocios es un cambio sustantivo en la cultura económica de la humanidad que va a provocar un cambio social de enormes dimensiones.

    Nadie dejará de buscar trabajar en ese enorme segmento de la población, porque sea por razones humanitarias o de negocio, está empezando a ser el target, como dicen los expertos en mercadotecnia, de empresarios y corporaciones, por un lado y de líderes sociales y ONG, por el otro.

    El miércoles pasado, en la reunión "México, Siglo XXI" de Fundación Telmex, dos oradores, Carlos Slim y el ex presidente español Felipe González, esto es, un empresario y un político de izquierda, coincidieron en que trabajar en atender las necesidades de los pobres, además de ser un imperativo ético, era una oportunidad económica en donde todos saldrán beneficiados.

    Eso no es una ocurrencia, sino una coincidencia de criterio con diversos pensadores que así lo señalan. Quizá el más destacado de ellos es C.K. Prahalad, que en su libro La oportunidad de negocios en la base de la pirámide propone un nuevo paradigma económico para el desarrollo de la sociedad moderna.

    Este hombre no es un pensador marginal; según la revista Business Week, "?bien puede ser el pensador más influyente de hoy en el tema de la estrategia empresarial".

    El artículo de Prahalad "El fin del imperialismo corporativo" obtuvo el Premio McKinsey al mejor artículo en 1998. Su pensamiento, sin duda, ha empezado a generar una nueva dinámica orientada a la superación de la pobreza global por parte de múltiples empresas privadas.

    Esto sin duda es un pensamiento nuevo, en donde el sector privado empieza a arrebatarle al Estado el monopolio de velar por los pobres. La diferencia es que una vez que una comunidad marginada comienza a desarrollar una base productiva sustentable, a través de proyectos rentables, deja de ser objeto de apoyos y programas sociales y pasa a ser quien define su propio destino. ¿Por qué empieza a verse el trabajo en "la base de la pirámide" como necesidad económica, además de un imperativo ético?

    Sencillamente porque el mercado en "la punta de la pirámide" ya se saturó. Todas las inversiones del mundo han concurrido al lugar más estrecho de la pirámide social: la punta. Por ello, Prahalad pregunta: "¿En dónde se encuentra el mercado más interesante, más nuevo y de mayor crecimiento? En donde uno menos lo esperaría? ¡En la base de la pirámide! Colectivamente hablando, los billones de pobres del planeta tienen enormes capacidades empresariales y poder adquisitivo, y las empresas pueden aprender a servirles y a ayudarles a salir de la pobreza". Esto, a la vez de generar utilidades.

    Curiosamente, este planteamiento, que ya está dando frutos en varias partes del mundo, ha unido tanto a activistas sociales como a líderes empresariales en un nuevo espacio, que antes era inimaginable.

    Lo verdaderamente importante es que no se trata de masificar business as usual sino de innovar de tal manera que sea posible la creación y supervivencia de nuevas empresas sociales, en el marco de una nueva sociedad.

    ¿Por qué una nueva sociedad? Por simple aritmética. Se calcula que actualmente las personas que viven gozando de los satisfactores de la civilización del siglo XX son alrededor de 800 millones. Estos seres humanos consumimos 80% de los recursos. Si se trata de incorporar a los casi 6 mil millones restantes, obviamente el modelo de desarrollo, la cultura de consumo y la utilización de los recursos, deberá ser radicalmente distinta.

    No hay alternativa. Se requieren soluciones originales. Soluciones que no tienen las empresas solas, ni tampoco las organizaciones sociales, sino que deben construir conjuntamente. Soluciones económicas que desarrollen ese nuevo mercado, con nuevos productos y servicios, mismos que deben ser concebidos respetando los ecosistemas y promoviendo una nueva cultura emprendedora. Por fortuna, ejemplos ya hay muchos, al grado de que millones de automóviles en el mundo circulan con gasolinas hechas de materia biológica renovable. ¿No es fascinante?

    Presidente ejecutivo de Fundación Azteca.

    [email protected]



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