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Pablo Marentes

Ya se sabrá

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha fungido como director gene ...





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    24 de febrero de 2004

    LA autobiografía y testimonio político de José López Portillo, Mis tiempos, abre precavidamente con el parlamento inicial de Las Traquinias de Sófocles: "Circula entre los mortales desde tiempos antiguos la sentencia: hasta que un hombre haya muerto, nadie sabe si fue buena su vida o si fue mala".

    A partir de las 6:00 horas del miércoles 18 febrero, los conductores de diversos noticiarios radiofónicos dieron paso a los comentarios de radioescuchas que recordaron con sorna el llanto al final de su último informe, su frustrada transmutación canina y su tenaz búsqueda de aprobación femenina.

    López Portillo recibió del presidente Echeverría un país intensamente presionado por el gobierno de Estados Unidos, decidido a mantener su reserva estratégica petrolera con la producción mexicana de 16 mil 800 millones de barriles durante los siguientes 30 años y las reservas, calculadas en 60 mil millones. Para la extracción se requería tecnología de innovación. El Estado se negó a financiarla. Se desató entonces la campaña de desprestigio en la que colaboraron los grupos más conservadores de la sociedad mexicana. En su toma de posesión López Portillo pidió a los mexicanos hacer "una tregua inteligente para recuperar serenidad y no perder el rumbo". Le fue concedida. Sin embargo, tres meses y medio después, la prensa estadounidense reveló que Chiapas y Tabasco encerraban inmensos yacimientos y que se requerían unas cuantas plataformas en la sonda de Campeche. Comenzó la hiperoferta de dólares. López Portillo señaló que el petróleo desataría la abundancia a cuya administración deberíamos acostumbrarnos.

    Pero era menester insuflar grandeza entre la población. Surgieron entonces The mighty mexicans, quienes encabezados por el profesor Hank González se hicieron retratar en la revista Town and Country, y se desparramaron por California y Texas donde invirtieron en las Taco Towers. En Houston auspiciaron la industria médica hospitalaria, luego detonaron la segunda etapa de desarrollo de Las Vegas y en seguida se fueron a comprar un tercio de los condominios de Vail y Aspen.

    En la penumbra permanecen ocultos los acontecimientos que permitirán saber si la vida de López Portillo resultó buena o resultó mala.

    Durante su sexenio se reinició la serie de reformas electorales, que comenzaron en el sexenio de López Mateos y que culminaron con la ciudadanización del Instituto Federal Electoral. Fueron reconocidos estatutariamente los partidos de oposición.

    El Partido Comunista salió de la clandestinidad. Se promulgó la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE), que dio origen a 100 diputaciones de representación proporcional. Comenzó el deterioro del sindicalismo charro: el Sindicato de Actores Independientes se opuso a la ANDA y al SITATyR.

    Con la columna "Red Privada" de Manuel Buendía y la revista Proceso comenzó el periodismo investigativo; y el periodismo crítico con la aparición de UnomásUno y La Jornada. Se inició la renovación de los suplementos culturales. Surgieron o cobraron relevancia los cartonistas y moneros.

    Se aceptó que la Dirección Federal de Seguridad efectuaba acciones delincuenciales y de tortura. Se robusteció la producción de buen cine al continuar intensamente las actividades de Arturo Ripstein, Miguel Littin, Paul Leduc, Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo, Alfredo Gurrola, José Buil y Marcela Fernández Violante, entre otros.

    La Televisión Rural denominada Televisión de la República Mexicana cuando su cobertura abarcó la totalidad del territorio nacional al salir al aire el Canal 7 se transformó en la Red Nacional 7 en 1984 con un alcance territorial 15% mayor al del Canal 2 de Televisa.

    El Canal 11 pudo verse en el Distrito Federal y en 83 ciudades de la República al permitirse la entrega de su señal a 80 servicios de televisión por cable. En el Once se desarrollaron como comentaristas, analistas y críticos Juan José Arreola y Ricardo Garibay. Continuaron Froylán López Narváez y Luis Suárez, e ingresaron Cristina Pacheco, cuyo programa "Aquí nos toco vivir" se inició entonces; Emilio Carballido, María Luisa Mendoza, Miguel Ángel Granados Chapa, quien también dirigió Radio Educación; Ángeles Mastretta, Luisa Josefina Hernández, Pedro Ocampo Ramírez, Carlos Illescas, Martín Luis Guzmán, Óscar Mario Beteta, Cristina Rubiales, Julieta Egurrola y Lilia Aragón; Tomás Mojarro, Jorge Aymamí, Salvador del Río, Efrén Flores, José Thiago Cintra, Raúl Cremoux y Carlos Calvo. Beatriz Pagés Rebollar condujo el noticiario principal. Hicieron programas de poesía Alejandro Avilés, Dolores Castro y Javier Peñalosa. La lista es más larga. Muy larga.

    Dos terceras partes de quienes tienen, conducen o participan en programas importantes en la televisión y en la radio se formaron en el Canal Once entonces.

    Muchos miembros del gabinete y empresarios se quejaron por la crítica que se les hacía en los programas noticiosos y de comentarios. López Portillo escuchó los argumentos en defensa de la línea editorial. No hubo censura. Ordenó a su hermana mantenerse alejada de Canal Once. En el sexenio de López Portillo se inició el periodismo crítico que en la actualidad es norma.

    Las afirmaciones que anteceden requieren corroboración. Puede efectuarse.

    Profesor en la FCPyS de la UNAM



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