El periodismo por televisión todavía está en pañales
30 de enero de 2003
EL ENTRAMADO del conflicto entre CNI-Canal 40 y Televisión Azteca tiene varios hilos evidentes, visibles, de primer plano: empresarios, abogados, periodistas, enfrascados en un enfrentamiento áspero; y otros aspectos más o menos ocultos, tejidos como en filigrana en un revés oscuro que no todos podemos ver, aunque sí sospechar: pugnas políticas y mercantiles, vislumbres de relaciones institucionales (deudas, favores, compromisos) acaso turbias e inconfesables, peligrosas. El público percibe en todo esto, por lo menos, dos niveles. El primer nivel es el de un problema bien serio entre hombres muy ricos (Javier Moreno Valle, Ricardo Salinas Pliego) en el que se discute en términos de millones de dólares no meros pesos mexicanos en trance de devaluación, sino verdes y gringos dólares, mientras los abogados ceñudos y elocuentes de uno y otro bandos hacen las veces de voceros de sus clientes y en ocasiones dictan cátedra ante el auditorio sobre abstrusas cuestiones jurídicas. El otro nivel está representado por los rostros, las voces y las actitudes de los periodistas de la televisión: Ciro Gómez Leyva y Denise Maerker de CNI, por un lado; y por el otro los diversos locutores que leen noticias en TV Azteca (Pablo Latapí, Javier Alatorre, Lili Téllez). Durante poco más de un mes, este segundo nivel estuvo ocupado con abuso y exceso por los de TV Azteca, pues la señal transmitida al Valle de México desde el cerro del Chiquihuite fue suspendida, como todo mundo sabe, desde el inicuo asalto a esas instalaciones el 27 de diciembre del año pasado; aunque debe decirse que otros canales procuraron equilibrar la situación, desfavorable de todo punto para CNI. Televisa y el Canal 22 dieron información oportuna y lo más objetiva que pudieron, a lo largo de las semanas en que la señal de CNI estuvo fuera del aire en el área metropolitana. A pesar de la preparación y el profesionalismo evidentes de Gómez Leyva y Maerker, el grueso del público televidente simpatizaba, al parecer, con Televisión Azteca. Pero esto puede comenzar a cambiar a partir de esta semana, pues el lunes pasado la señal de CNI fue restaurada, en un triunfo bastante claro y contundente de las huestes de Moreno Valle, de modo que ahora el público tendrá la oportunidad de conocer de primera mano, en igualdad de condiciones, lo que los contendientes tienen que decirle. La consiguiente derrota del prepotente Salinas Pliego y su pequeño ejército privado de locutores y guaruras debe ser motivo de satisfacción para quienes han seguido, con preocupación creciente, este conflicto o querella sin precedentes entre nosotros. Líneas arriba he hecho la distinción entre periodistas y locutores que leen noticias. Los primeros son los de CNI; los segundos, los de Televisión Azteca. Más allá o más acá del pleito empresarial o abogadil, esto es lo que interesa a la sociedad mexicana en su conjunto; el resto es una querella entre particulares. Ese interés se dibuja y se desdobla ante posibilidades contrastantes de periodismo por televisión: el adocenamiento y la chabacanería gritona de TV Azteca, la originalidad y el atrevimiento en el caso de CNI. No es lo mismo una persona que lee con un gesto mecánico e inexpresivo o mantiene una falsa sonrisa cuando de plano ésta no corresponde a la noticia que un periodista que está metido hasta los huesos en el asunto de informar con cuidado y rigor a la sociedad de su país. No cabe la menor duda de que la dupla Gómez Leyva-Maerker inventó casi desde cero todo un estilo de periodismo televisivo en México desde CNI. Han sido descritos con justicia como entrevistadores agresivos, que casi se le echan encima a sus entrevistados; pero nadie en su sano juicio diría que, a pesar de ese estilo lleno de empuje y brío, pregunten tonterías, como las que suelen formular a cada rato los del otro equipo cuando interrogan a algún personaje "noticioso". Lo que sucede en esas entrevistas de CNI suele tener un marcado interés político, social, cultural, lo que no puede afirmarse de los otros. Ya por esta sola razón, quienes tenían la razón desde el punto de vista del periodismo televisivo eran y son los del equipo de CNI deudas mercantiles y querellas empresariales aparte. Demasiadas cosas decisivas se dirimen en la actualidad en la televisión. Si la importancia y el peso social, cada día mayor, de este medio de comunicación constituye un fenómeno irreversible, entonces lo mejor era inyectarle profesionalismo y seriedad, imprimiéndole además un ingrediente atractivo al margen de la censura y la pudibundez provinciana de los noticieros tradicionales: eso han hecho Maerker y Gómez Leyva en su programa periodístico que ahora ha reanudado su vinculación con el público. La transmisión del lunes pasado estuvo llena de emotividad. Gómez Leyva y Maerker se mostraron exultantes, y no fue para menos: habían derrotado al poderoso consorcio que los agredió de varias maneras, todas ellas desagradables, algunas de plano delictivas, como el asalto al cerro del Chiquihuite. Mostraron imágenes y testimonios que no se habían visto en la ciudad de México desde que comenzó la parte más violenta del conflicto. Explicaron su postura y la situación por la que atraviesa su empresa. Entrevistaron al equipo de abogados e hicieron, en fin, una denuncia documentada en toda forma de los excesos de TV Azteca en estas últimas semanas. Pero como les ha tocado ser los ganadores del momento, procuraron exhibir un ánimo conciliador, sin por ello renunciar a la severidad crítica, uno de sus rasgos como periodistas e informadores. Es de esperar que las circunstancias de trabajo de estos dos periodistas se allanen conforme pasen los días. Se han convertido en una referencia indispensable de nuestro entorno informativo. No se les puede ignorar; deben atenderse sus palabras y el sentido crítico que le imprimen a su labor. Se han comprometido a mejorar sus tareas. No hay por qué no creerles. Además, hay que felicitarlos. Cosa que hacemos con gusto en estos renglones.


