Argumentos

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...
Más de Jorge Chabat*03 de mayo de 2002
LA vorágine que se ha desatado en torno de la política exterior del gobierno de Fox durante las últimas semanas ha sacado a relucir una serie de argumentos de parte de los partidos de oposición que sorprenden por su escasa substancia y que reflejan, como pocas cosas, que el cambio democrático todavía no permea mucho ni a la clase política ni a los críticos en este país. Ello, además de ser grave en sí, tiene atorado el cambio en política exterior y, a como pintan las cosas, en muchas otras áreas en las cuales probablemente en este sexenio no se va a avanzar mucho. Pero repasemos estos argumentos. Primero, está el argumento del "alineamiento" ante Estados Unidos. Éste no se ha elaborado mucho, pues se piensa que su simple enunciado lo hace irrefutable. Obviamente, el uso de este argumento parte del supuesto de que, por definición, los mexicanos somos antiestadounidenses y que cualquier política mexicana que tenga algún tinte de coincidir con Estados Unidos atenta contra la soberanía del país. Sobra decir que esta línea de argumentación ha sido utilizada ampliamente por políticos priístas y perredistas y por un buen número de analistas, académicos e intelectuales. Para quienes así piensan, aquel mexicano que ose plantear que un acercamiento (económico, político o diplomático) con Estados Unidos pueda traer un beneficio o es un vendido al imperialismo o, en el mejor de los casos, está fuera de sus casillas. El segundo argumento utilizado es el de "mal de muchos". Se dice que las violaciones a los derechos humanos ocurren en todas partes por lo que, mientras éstas no dejen de darse en todo el mundo , no se puede criticar a ningún país (en especial a Cuba) por lo que ocurra ahí. Este argumento es pariente del de la "autoridad moral". Éste dice que los países que critican a otros en derechos humanos (sobre todo Cuba) no tienen autoridad para hacerlo, pues ellos también violan derechos humanos. Este razonamiento se menciona para México y, principalmente, para Estados Unidos. Incluso, algunos críticos del gobierno foxista, como Carlos Montemayor, han llegado a afirmar que el país que más viola derechos humanos en su territorio y fuera de él, es Estados Unidos. Sin afán de entrar en una agria polémica con Montemayor (por quien tengo un gran afecto), creo que esta apreciación difícilmente coincidiría con la evaluación de las organizaciones internacionales de derechos humanos aun aceptando que, en efecto, existen violaciones a estos derechos por parte del gobierno estadounidense. Muy vinculado con este planteamiento está el tercer argumento: el de que no hay que meterse en lo que a uno no le importa (y los derechos humanos fuera de México no importan). Quienes razonan así, como el diputado perredista Martí Batres y nuestro ombudsman José Luis Soberanes, dicen que no hay que andar de candil de la calle pues, afirman, aquí el problema es más grave (como si los derechos individuales de un mexicano fueran más importantes que los de un palestino o cubano) Como trasfondo de este planteamiento está el supuesto de que los recursos del gobierno mexicano son limitados (lo cual es cierto) e intercambiables (lo cual no es exacto) y que si uno gasta "energía" en criticar a otro país (sobre todo Cuba) se pierde energía para defender los derechos de los mexicanos. Un cuarto argumento es que no hay que buscarse broncas innecesarias. Para quienes afirman esto, el gobierno mexicano ya tiene suficientes problemas como para andarse complicando más la vida. Total, si en otros países (sobre todo Cuba) se violan derechos humanos, es bronca de ellos. ¿Para qué el gobierno mexicano se busca broncas con los congresaurios y con el comandante Castro? Lo mejor hubiera sido, otra vez en el caso de las críticas a Cuba, quedarse callado: así todos contentos (excepto, claro, los cubanos que tienen que aguantar al Big Brother del aparato de inteligencia de Fidel Castro). Por último, está el argumento de las "intenciones ocultas". Éste dice que la defensa de los derechos humanos de parte del gobierno de Fox no se hace por defender principios sino por un simple cálculo político egoísta. Curiosamente, quienes razonan así para el caso de la votación crítica de Cuba en la ONU no se ponen de acuerdo en cuál fue esta conveniencia. Así, mientras el politólogo de la Universidad de California San Diego, Peter H. Smith, declaraba hace unos días a EL UNIVERSAL que el voto a favor de la propuesta uruguaya lo hizo México para buscar quedar bien con Estados Unidos, lo cual le va a cancelar las posibilidades de liderazgo en Latinoamérica, para Carlos Elizondo Mayer-Serra, en entrevista aparecida en el diario Milenio , este voto buscaba poner a México, precisamente, como líder de América Latina. Esto es, en tanto que para Smith la mejor forma de liderar la región latinoamericana es oponerse a Estados Unidos (y por lo tanto no criticar a Cuba), para Elizondo es lo contrario: criticando a Cuba, México puede alcanzar este liderazgo. Como ven ustedes, la Ciencia Política es una ciencia exactísima. En fin, el punto de esta argumentación es que todos los gobiernos tienen intereses reales (muchos de ellos inconfesables) detrás de sus acciones de política, por lo que éstas no tienen legitimidad moral. La consecuencia de este razonamiento es obvia: cualquier acción gubernamental plausible (defender derechos humanos, aplicar la ley) es egoísta, por lo que no tiene validez en sí misma. Si Fox critica a Cuba en derechos humanos es porque quiere quedar bien con Bush o ser líder de América Latina (lo que el lector elija). Si Fox encarcela a un político corrupto del PRI o del partido que sea, es porque quiere ganar popularidad no porque le interese aplicar la ley. El problema con este planteamiento es que, si bien es cierto que muchas decisiones gubernamentales están influenciadas por razones políticas, ello no puede servir para descalificarlas. Imagínense: con esta lógica no se podría aplicar la ley en México ni defender un solo derecho humano ni dentro ni fuera del país. El último argumento esgrimido es que algunas decisiones del gobierno de Fox (sobre todo la crítica a Cuba, otra vez) violan los principios eternos de la Constitución, como la no intervención o la autodeterminación de los pueblos. Curiosamente, la Constitución no define qué es intervención aunque sí da pautas para entender la autodeterminación de los pueblos. En la Constitución la soberanía reside en el pueblo y ésta es ejercida claramente a través de un sistema democrático. Por lo tanto, en un país donde no hay democracia (como en Cuba) no habría autodeterminación de los pueblos. Quienes argumentan esta supuesta violación de la política foxista a los principios constitucionales de la política exterior no entran en esta discusión y tampoco parecen muy dispuestos a plantear una controversia constitucional en este aspecto, a pesar de su agresiva retórica. Frente a esta avalancha de argumentos críticos a la política exterior de la actual administración, ésta ha respondido con una lista más corta pero, ciertamente, más sólida. El punto central de Fox es que un gobierno democrático debe defender los derechos humanos dentro y fuera de México, pues éstos son universales. Adicionalmente, se han deslizado algunos razonamientos que tienen que ver con los intereses económicos y de seguridad de México, por lo que es imposible no colaborar con Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de que el argumento de los derechos humanos es éticamente irrefutable, los críticos de Fox no entran al debate y se limitan a repetir los enunciados a los que he hecho referencia. Tampoco ha habido una respuesta articulada al argumento de la ganancia de la relación con Estados Unidos. En este punto, las cifras son contundentes: México concentra 80% de su comercio con ese país y es el segundo socio comercial de Estados Unidos (tal vez pronto el primero, según una proyección de Scotiabank). Al mismo tiempo, es evidente que existen amenazas como el terrorismo o el crimen organizado a las cuales es imposible enfrentar sin una colaboración con nuestro vecino del Norte. En fin, lo que queda claro es que ha habido muchos argumentos de los dos lados sobre el cambio en la política exterior, pero lo que no ha habido es diálogo. Los planteamientos del gobierno actual en esta área no han sido enfrentados. La oposición busca que, a fuerza de repetir enunciados, la política exterior de México se quede anclada en los años 60: con una retórica de la no intervención y el antiyanquismo (que fueron más discurso que realidad) y con el país hundido en la miseria. La patria empieza por el respeto al ser humano. De hecho, la patria son los seres humanos. Y lo que tuvimos en 71 años de PRI fue la defensa del grupo en el poder, no de los ciudadanos de carne y hueso. ¿Es esto realmente tan difícil de ver?. jorge.chabat@cide.edu . * Analista político, profesor de la División de Estudios Internacionales del CIDE


