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Un día con rastafaris

Viridiana Ramírez| El Universal
10:28Lunes 07 de octubre de 2013

Nyabinghi. Sonidos que emiten através de los tambores para alabar a su deidad. (Foto: Archivo EL UNIVERSAL )

Oye, “hermano”, acá en las montañas de Jamaica te recibe gustosa una familia entera para contarte sus orígenes y costumbres, ofrecerte un masajito y enseñarte a tocar el tambor

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Entre la selva que cubre las montañas de Montego Bay, al noroeste de Jamaica, viven los Nelson, una familia rastafari que decidió donar parte de su terreno para mostrar al turista su estilo de vida y conocimiento de su origen.

                    Foto: Archivo EL UNIVERSAL

A la distancia se escuchan tambores; el sonido relajante se ve interrumpido por la voz grave de First Man. El guía explica que a la ribera del río crece la ganja, mejor conocida como marihuana, utilizada sólo durante un ritual religioso que los pone en meditación y en contacto con Jah, nombre que los rastas dan a Dios y del cual piensan ha tenido tres reencarnaciones: Melquisedec, Jesucristo y Haile Selassie (último emperador de Etiopía).

A medida que se avanza sobre el río, el sonido de los tambores y el olor a hierba fresca se vuelven más intensos. Otros rastafaris están esperando al grupo. Los reciben con jícaras llenas de agua de coco y los llevan hasta la palapa que usan para ceremonias.

El grupo se sienta sobre tapetes tejidos con fibras naturales. Cada uno de los rastas se quita su boina llamada tam. Con ella cubren sus largos dreadlocks, tubos de pelo enredado que representan la melena del león, símbolo de pureza y rebeldía contra el régimen babilónico, pues los rastas se identifican con el pueblo judío, además de estar en contra del patriarcado blanco que oprimió a la raza negra durante siglos a través de la esclavitud. Estos simbolismos se aprenden durante una charla de presentación e inducción que ofrece First Man.

  Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Las lecciones de música son casi obligatorias. El sonido de los tambores se llama nyabinghi y es una alabanza a Dios. Para hacerlo participan tres músicos, dos rastas y un turista como aprendiz.

La fiesta se interrumpe para ir a la palapa de masajes y baños herbales. Su filosofía les marca que para curar cualquier dolencia, el único remedio eficaz lo encuentran a través de las plantas. La visita puede ser de inspección o con un masaje de espalda y cuello, sin costo.

A un lado se encuentra el área de los artesanos. Son talladores excelentes de madera; hacen máscaras, principalmente, pero también crean collares y anillos con sus colores típicos. El amarillo representa las riquezas extraídas de África; el rojo, la sangre derramada; el verde, a la Madre Naturaleza y el negro, el color de su raza. Los tres primeros forman la bandera etíope.

Las mujeres ofrecen té para refrescarse. El guía los lleva a una colina donde han construido un laberinto con ramas de bambú. El origen del laberinto viene de Asia, los chinos creían que era una forma de liberar el subconsciente y encontrar soluciones a los problemas. Los rastas adoptaron la tradición. First Man deja al grupo unos minutos para encontrarse con su propio yo.

Como forma de agradecimiento por la visita, ofrecen un banquete de cocina ital, derivado del término "vital", puro y saludable. La dieta de esta cultura es casi vegetariana. No utilizan sal y ellos hacen su propio aceite de coco, utilizando sólo la ralladura del fruto. Dentro del banquete incluyen lecciones breves de cocina. Pueden comer pescado, aunque en raciones pequeñas.

Para cerrar el día, regresan a la palapa del sonido. De nuevo se tocan los tambores, ahora piden a Dios que las aguas del río estén serenas para que sus "hermanos" regresen con bien a casa. First Man, a lo lejos, proclama bendiciones.

 RGP



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