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¡No al racismo!, clamor general

Abraham Guerrero G.Enviado| El Universal
Sábado 08 de mayo de 2010
Copan mexicanos el nuevo coloso de Nueva Jersey y rechazan Ley Arizona

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EAST RUTHERFORD.— Piel morena, sello mexicano; firma e identidad de aquellos que caminan por tierras ajenas, pero que son capaces de hacer suya cualquier joya que se construya y que albergue un partido de su querida Selección Nacional.

El asalto al nuevo estadio de los Gigantes y los Jets de la NFL, situado en Meadowlands, no podía dejar de ser el escenario ideal para manifestarse en contra de la llamada Ley Arizona. Los mexicanos que fueron ayer al futbol levantaron la voz con un rotundo: “¡no al racismo!”, para defender lo que han construido con el paso de los años.

“Viva México”, se escuchaba por los pasillos de la nueva joya del deporte de Estados Unidos, país que ahora busca organizar otro Mundial, para 2018 ó 2022, y que cimentó mucho de su futbol en el talento latino en sus tierras. “Somos mexicanos a mucho orgullo”, pudo escucharse en sus cimientos, en otra exclamación de a quienes la necesidad los ha hecho introducirse a suelo que ahora se ha tornado un tanto hostil.

La Selección Nacional se ha acostumbrado a eso de las grandes inauguraciones de inmuebles. el año pasado, en la Copa de Oro, lo hicieron en Dallas, con el nuevo estadio de los Vaqueros. Lleno total en aquel entonces, igual que ayer en el de Meadowlands, en donde pusieron a 70 mil espectadores en las butacas. Si hubieran hecho el estadio para más gente, seguro lo llenaban los mexicanos.

El principal motivo para estar en el juego era despedir al conjunto tricolor de Nueva York, Nueva Jersey y poblaciones cercanas, antes de que viaje a Sudáfrica. Para la afición en Estados Unidos, esta gira no es de preparación ni acomodo del equipo, es de despedida a los ídolos, a quienes han deseado buena suerte en la justa mundialista, en donde también México estará en la inauguración el próximo 11 de junio, en el primer certamen en tierras africanas.

Antes de la ceremonia de los himnos, una gran pancarta apareció en la tribuna cercana a la banca del Tri: “No al racismo, no a la ley Arizona”, el sentir de los connacionales es de total repudio y así lo manifestaron ayer en el primer evento deportivo internacional de este nuevo estadio, en donde el primer gigante que lo ha pisado es el gran ente verde que produce miles de dólares durante sus giras por Estados Unidos.

En medio de las manifestaciones, la fiesta del futbol, en la que aparecieron los invitados de siempre. Hombres con sombreros de mariachi, penachos, playeras verdes por todos lados y algunas con el nuevo color negro, ese que podría estrenarse en cotejo oficial en el Soccer City de Johannesburgo.

Con el “10” de Cuauhtémoc Blanco en la espalda y también con el Hernández del Chicharito, la casaca mexicana se multiplicaba por miles. No faltaron las camisetas de América, Guadalajara, Cruz Azul. También hubo ecuatorianos, y aunque se sumaron a la protesta extra futbolística, no fueron rivales en el duelo de porras, por número y entusiasmo.

Los aficionados que fueron ayer a ver el juego de la Selección se sintieron más mexicanos que nunca, así lo demostraron, con la misma intensidad con la que sus paisanos marcharon de Washington a Nueva York en contra de la Ley Arizona, medida que los tiene molestos, pero que no les ha quitado la sonrisa que les provocan el Tri y el futbol.

También hubo nostalgia en el ambiente. A unos metros del nuevo estadio en Meadowlands, las máquinas tiran bloque por bloque el viejo estadio de los Gigantes. Se trata del escenario en donde unos meses atrás, México conquistó la Copa de Oro al golear al cuadro alternativo de Estados Unidos, en uno de los triunfos que más recuerda la afición por el momento en que se dio, justo cuando el equipo de Javier Aguirre necesitaba fuerza moral, más que deportiva, para lograr finalmente el pase mundialista.

“Está bien perrón este estadio”, dice un paisano a otro. “Pero en el otro le ganamos a los gringos". Esa victoria es y será por un largo tiempo, un estandarte para los mexicanos que viven de este lado de la frontera. El futbol no deja de ser el punto de quiebre para olvidar los problemas que viven al buscar dinero para sus familias. “A mí me tocó ir a ese juego”, le responde y echa una mirada atrás, en donde yace todavía una parte del viejo gigante de concreto.

Al fin entran al nuevo estadio, que además de tener su primer partido de la Selección Nacional, se convirtió en escenario para manifestarse en contra de una ley que ha levantado la voz de los migrantes, gente que encuentra en cada una de las funciones del Tri, un acercamiento a su tierra, mientras luchan en patio ajeno por la subsistencia.

 

 

 



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