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LLANTO DE NOVILLERO
Luces sin alternativa

Guillermo Salas Alonso| El Universal
Domingo 23 de julio de 2000

El enigma en la fiesta brava envuelve a los toreros matadores y novilleros que no llegaron a ser figuras del toreo.

¿Por qué esos fenómenos no ocuparon el sitio que por sus excelsas virtudes les correspondía?

A lo largo de la historia de la fiesta brava en México, existe un grupo de toreros que no alcanzaron a llegar a la cúspide. No fueron figuras relumbrantes. Se quedaron en el camino, por la tragedia, lo circunstancial o esa falta de carácter tan indispensable en todas las índoles de la vida... ¿Acaso no se atrevieron?



Las tragedias

Nuestro espectáculo favorito empezó a tener auge con el surgimiento del maestro Rodolfo Gaona, en ese inolvidable 12 de abril de 1925, en la plaza de toros El Toreo de la Colonia Condesa, donde ahora funciona un centro comercial de gran fama.

Al retiro del ?Indio Grande?, al que también se le llama ?Califa de León de los Aldama?, surgió un niño torero que era un fenómeno de poderío y que respondía al nombre de Fermín Espinosa Saucedo ?Armillita?. Era la parte final de la década de los 20, para ser exactos en 1929, cuando apareció el primer novillero mexicano que provocó una sensación fuera de lo común y que salía de los moldes de la pureza de la técnica de lidiar reses bravas: Carmelo Pérez, pareja de otro malogrado torero, Esteban García Barrera.

Designio de ambos trágico, como también lo fue para otros novilleros sensación como Félix Guzmán, Eduardo Liceaga, José Rodríguez ?Joselillo?.



Fenómenos que no llegaron

La historia de la fiesta en México, aunque data desde la llegada del conquistador Hernán Cortés, ya tiene personalidad propia a partir del siglo XX con la aparición de Rodolfo Goana, aunque el primer fenómeno novilleril, el causante de una convulsión en el medio taurino, fue Carmelo Pérez, que se salió de las normas clásicas del trazo del toreo.

Recomendado por el sevillano Joaquín Rodríguez ?Cagancho?, se le anunció como: ¡el torero que asusta! Sabemos de la crueldad del público. En su primer toro fue Carmelo un fracaso y lo gritaban sandeza y media entre otras: ¡espantas, pero de feo! En el otro toro la conmoción que se formó nunca se había experimentado. Se convirtió en ídolo y fue pareja de Esteban García Barrera.

La leyenda en muchas ocasiones contradice a la lógica.

Tanto, que ambos disputaron un anillo con un brillante. Lo ganó Carmelo, matando menos toros que Esteban, que era un torero poderoso.



¿Qué señaló el destino?



Carmelo y Esteban fueron desafortunados. Esteban en ese mismo año de 1929, murió en el mes de noviembre a consecuencia de una cornada que le infirió el toro ?Aleve? de Queréndaro, en un encuentro novilleril nocturno de un festejo tradicional del Día de Muertos, en la plaza de Morelia, precisamente el 2 de noviembre.

Se anunció en mano a mano con David Liceaga que por averías en su transporte no pudo llegar. ?Aleve?, lidiado en tercer lugar hirió de muerte a Esteban y falleció días después a causa del percance.

El 3 de noviembre de ese 1929, Carmelo Pérez tomó la alternativa en El Toreo de manos de ?Cagancho?. Y el 17 del mismo mes, arribó el serio percance que le infirió ?Michín?, de San Diego de los Padres. Diversas cornadas en el tórax, lesiones en pulmón y pleura.

Nunca se repuso el hermano de Silverio, que murió el 18 de octubre de 1931 en Madrid, después de torear en Toledo y sufriendo una pulmonía fulminante.



El niño Félix

Fue hasta el año de 1942 cuando surgió otro de esos fenómenos: Félix Guzmán. Un chiquillo de pelo rubio, y además de descendencia alemana, de donde era su señora madre.

Desde Carmelo no había surgido un elemento con esa fuerza en las masas. A la siguiente temporada, la de 1943, el jovencito Félix Guzmán cayó herido por el astado ?Reventón? de Heriberto Rodríguez, la tarde del 30 de mayo. Cornada grave e implacable. El cruel destino se ensañó con el chiquillo y su familia.

El 2 de junio de 1943, poco más de un mes después de la cornada, Félix murió de septicemia gaseosa. La ciencia fue impotente ante esa terrible infección.

El terrible torrente de mala suerte que le deparaba el destino, no fue soportado por su señora madre que enloqueció, perdió la razón... ¡Un triunfo sensacional que se pagó a un precio demasiado alto!

De grana y oro

La superstición en la fiesta de toros resulta tradicional, común y corriente, de detalles insólitos que dan validez a esos hombres que se juegan la vida ante los toros.

Eduardo Liceaga, un predestinado a ser una figurísima del toreo. Reunía todo. En pleno triunfo el destino le cortó la existencia.

Eduardo Liceaga tuvo un debut normal, pero ascendió como cohete de propulsión. Cada tarde parecía mejor y se hizo el amo en la temporada de 1944 en El Toreo, arrasó y ganó ?La Oreja de Plata?. Ese ritmo lo conservó en España donde hacía temporada con una brillantez y solidez fuera de serie.

Se convirtió en un puntero en España, con contratos signados en todas partes y con la máxima jerarquía. Vamos, ya había firmado la alternativa en la feria de San Miguel en septiembre en la Real Maestranza de Sevilla, ni más ni menos. Pocos pueden decir esto.

Su designio era trágico, el 18 de agosto de 1946 en San Roque un novillo de Concha y Sierra cortó de cuajo todas sus ilusiones. Eduardo Liceaga murió a consecuencia de ese percance, en plena gloria, en pleno poderío.

Ese trágico festejo Lalo vistió de grana y oro. David Liceaga su hermano, maestro de toreros, preguntó el tono del color del vestido: ?grana y oro? le informaron.

?¿Cómo?, exclamó el maestro David con una mueca de dolor. No es posible que se haya vestido de ese color.?

David tenía aversión por ese tono de terno. Acaso será que el rojo es el color de la sangre.

La historia de cada quién, se afirma en el mundo de tauro, se escribe en el cielo.



Otra víctima

Nadie dudaba que no fuese a ser figura. Reunía todo, con una personalidad arrolladora: Laureano José Rodríguez ?Joselillo?.

La fecha del 25 de agosto de 1946 se grabó en la historia de la fiesta en México. Hizo su debut en la Monumental Plaza México, ese joven hispano-mexicano, nacido en España, criado en México.. ¡Un fenómeno! El pronóstico era de que estabamos ante una figura de época.

La conmoción de su debut, cortándole las orejas y el rabo al novillo ?Campero? del hierro de Chinampas, lo convirtió de inmediato en un ídolo. Como tal tenía que soportar una actitud de reventadores que le molestaban continuamente, con razón y sin ella. La cornada y posteriormente su muerte, se calificó inclusive como de un ?asesinato?.

?Joselillo? tenía carácter, valor civil, vergüenza torera. Se imponía a ese grupo a cualquier precio, que resultó ser su vida.

Entre tardes de fracaso por sus deficiencias taurinas normales de un novel, otras en que se imponía y las menos de triunfo. En todas campeo siempre su presencia, ese carisma que envolvía al respetable.

Llegó la fatídica fecha del 28 de septiembre de 1947. Año trágico y terrible en la fiesta de toros, 28 de agosto, en toro ?Islero? de Miura lesiona la femoral a Manuel Rodríguez ?Manolete?, muere en Linares, provincia de Jaen en la madrugada del día 29.

14 de septiembre del mismo año. Sufre en la plaza de Villa Vicosa, Portugal, grave cornada con lesión en la femoral, el diestro mexicano José González ?Carnicerito? de México, muere al día siguiente en esa localidad lusitana y con una idea muy fija: ?la cornada que sufrí es igual a la que le infirió el Miura a ?Manolete... ¡Y lo mató!?.

Reiteramos, 28 de septiembre el novillo ?Ovaciones? de Santín lesiona la femoral a ?Joselillo?. Días dramáticos. Finalmente se forma una embolia y provoca su muerte el 14 de octubre de ese trágico 1947.

Sí, el destino inexorable. Los toreros suelen decirlo a menudo: ?los toros dan las cornadas, Dios es el que las reparte?.

No sólo cornadas. También el asfalto ha cobrado vidas, ¿cómo olvidar a Valente Arellano? Un joven inquieto que como novillero provocó entusiasmo y acaparó la atención. Era diferente, se salía de las normas clásicas.

Valente debutó en la Plaza México el 26 de septiembre de 1982. Penetró en el ánimo de la gente con fuerza. Tomó la alternativa en 3 de junio de 1984 en Monterrey, de manos del maestro Eloy Cavazos, testigo Miguel Espinosa ?Armillita? con el toro ?Solitario? de San Miguel de Mimiahuapam.

Tampoco tuvo tiempo de manifestarse. El 4 de agosto de ese 84, se mató en Torreón, al estrellar la motocicleta que manejaba en un muro... ¡La guadaña de la parca fue certera!

Lo circunstancial

Tampoco han llegado a la cumbre, muchos otros novilleros que apuntaban ser fenómenos.

¿Falta de carácter? Suele ser en parte algo de eso, aunque es opinión personal que lo circunstancial, es esencial. No debe destacarse tampoco ese decir: ?es mentira de que los toreros no quieren. No existe nadie que no quiera. Ante el toro no se puede?.

Tan nítido, como el otro dicho: ?Todos los toreros tienen miedo. El valiente es el que se impone al temor y las circunstancias.?.

En esa década de los 40 que ha sido generosa en la revelación de elementos valiosos y que alcanzaron la cima y la etiqueta de figuras.

En el año de 1942, también en El Toreo de La Condesa, surgió el novillero sensacional: Felipe González, llamado ?El Talismán Poblano?. Sentó un precedente, el haber toreado nueve festejos consecutivos y haber salido a hombros siete veces.

Tomó la alternativa en Puebla, de manos de Luis Castro ?El Soldado? y Silverio Pérez de Testigo, con toros de Coaxamalucan, lo que sucedió en el mes de enero de ese 1944.

¡No alcanzó la cumbre...!

Como matador de toros deambuló sin mucha estrella, toreando poco y finalmente en 1959 se hizo banderillero, siendo una figura entre los peones de brega.

¿Coincidencia?

Indudablemente que lo es. Sus hijos Felipe y Sergio, fueron novilleros, tomaron la alternativa. No funcionaron como matadores de toros, actualmente son ambos banderilleros con título de figuras en el pecho. Sí, en la misma tesitura de su señor padre.



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