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Hacia el e-aprendizaje

Rafael López| El Universal
Jueves 30 de mayo de 2013
La próxima meta será desarrollar la educación virtual hasta alcanzar la fase del aprendizaje electrónico, como también se le conoce

Las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) juegan un papel fundamental en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Por eso no hay duda de que la próxima meta será desarrollar la educación virtual hasta alcanzar la fase del aprendizaje electrónico, o e-aprendizaje, como lo denominan algunos profesionales.

“Para alcanzar esta fase basada totalmente en recursos de información electrónicos se requieren espacios de aprendizaje o aulas virtuales, donde se encuentren todos aquellos elementos que le faciliten al propio alumno la generación de conocimiento”, dice el doctor Filiberto Felipe Martínez Arellano, especialista del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI) de la UNAM.

De acuerdo con Martínez Arellano, la educación virtual se caracteriza por presentar una serie de ventajas; la principal de ellas es que le permite al alumno estudiar y aprender a su propio ritmo en cualquier lugar y a cualquier hora, sin necesidad de desplazarse. Sin embargo, para que éste aprenda a crear su propio conocimiento, debe tener acceso a los recursos de información necesarios y dominar las herramientas que le permitan comunicarse con sus compañeros, tutores y con otras comunidades de aprendizaje.

“Actualmente, la información se ha incrementado y no sólo se presenta en forma impresa, sino también en otros formatos: discos, videos, multimedia, etcétera; y para aprender, la gente necesita realizar ciertas actividades que pueden resumirse en una sola: localizar, evaluar y utilizar información”, señala el especialista.

Metadatos

Los materiales sobre determinada temática pueden encontrarse en una biblioteca tradicional y, por supuesto, en Internet. Pero la gente debe contar con ciertos elementos o atributos para considerar su valor y utilidad: ¿quién los produjo, cómo abordan la temática a qué se refieren, qué grado de seriedad y confiabilidad tienen, es necesario contar con un permiso especial para acceder a ellos o son de libre acceso?

“Estos elementos, que ayudan a tomar la decisión acerca del valor o la utilidad de dichos materiales, persisten hasta nuestros días desde que el filósofo Calímaco estableció la primera biblioteca en Alejandría. Hoy en día se les conoce como metadatos”, explica el investigador.

Para describir cada uno de los recursos de aprendizaje se usan esquemas de metadatos (es decir, datos sobre las características y atributos de los mismos recursos), como el Dublin Core o Núcleo de Dublín, que enumera sólo 15 atributos, entre los que destacan el autor del material, el lugar donde se creó éste, la fecha, el tema, sus características físicas (video o texto).

Se han formulado otros esquemas más extensos, como el Learning Object Model (LOM), que cuenta con 72 posibilidades para la descripción de recursos de aprendizaje (una de ellas indica el nivel al cual está destinado el material).

Ontologías

Por otro lado, para localizar la información necesaria, la nueva expansión del conocimiento obliga a utilizar otras herramientas, como las ontologías, las cuales se definen como un conjunto de conceptos organizados jerárquicamente.

Así, por ejemplo, una ontología sobre el concepto pintura incluirá nombres de pintores, escuelas de pintura, pinturas famosas y otros aspectos que permitirán localizar y asociar todos los objetos relacionados con esa área temática.

La construcción de las ontologías ha dado lugar a otro nuevo concepto: la web semántica, que no es más que un conjunto de recursos interrelacionados de la web surgido a partir de las capacidades de interrelación automática de los sistemas.

“Si el establecimiento de los puntos de acceso y la descripción de los objetos de la información se efectúan de manera adecuada, habremos logrado una organización de los recursos de aprendizaje que apoyen este nuevo modelo de educación. De otro modo seguiremos creyendo que Internet puede solucionar todos los problemas y dando traspiés. Internet, claro, ofrece recursos de información valiosos para apoyar el aprendizaje, pero si no se describen adecuadamente sus atributos para identificar su confiabilidad y su utilidad pedagógica, habrá dificultades. Se ha dicho muchas veces que poseer grandes cantidades de información sin organizar equivale a no tener absolutamente nada”, advierte Martínez Arellano.

Recurso importante: las bibliotecas

En otro orden de ideas, y desde la perspectiva del especialista, los espacios del e-aprendizaje deben contar con contenidos de libre acceso pero también con otros adquiridos por medio de compra, al igual que las bibliotecas tradicionales.

“En la era de la información impresa, los acervos de las bibliotecas contaban con innumerables materiales donados por instituciones científicas y educativas, pero también con una gran cantidad de materiales adquiridos por compra. En la esfera del aprendizaje virtual sucederá lo mismo: se contará con materiales de acceso libre, pero también habrá la necesidad de tener otros recursos electrónicos adquiridos por compra.”

El éxito o fracaso del nuevo modelo de educación dependerá tanto de las habilidades del profesor para plantear estrategias didácticas que le permitan al alumno construir su propio conocimiento, como de la debida selección y organización de los recursos de aprendizaje para que éste pueda localizarlos, evaluar su utilidad y acceder fácilmente a ellos.

Por lo que se refiere al acceso a la información electrónica, Martínez Arellano reconoce la existencia de la llamada brecha digital impuesta por factores económicos, sociales y educativos, entre otros.

“Sin embargo, la sociedad cuenta con un recurso importante para cerrar esa brecha: las bibliotecas, particularmente las bibliotecas públicas, gracias a las cuales cualquier ciudadano puede tener acceso a la información. Obviamente, éstas tendrían que organizar los recursos para apoyar el e-aprendizaje. Esto da margen para desarrollar políticas públicas que faciliten el acceso a la información digital en las bibliotecas del país”, afirma.

Asimismo, en los esfuerzos por reducir la citada brecha deben trabajar conjunta e interdisciplinariamente los bibliotecólogos, los educadores y los responsables del establecimiento de las políticas públicas.

“Estamos en el umbral de un nuevo modelo educativo: el e-aprendizaje, donde intervienen dos elementos sustanciales: el profesor y el bibliotecólogo. El primero diseña las estrategias pedagógicas, mientras el segundo selecciona y organiza la información con el propósito de que el alumno construya y aprenda a desarrollar su propio conocimiento, no únicamente para un momento, sino para toda la vida”, concluye el especialista. Más información, en el siguiente correo electrónico: [email protected]



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