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Pola Weiss, la madre del videoarte mexicano

Sonia Sierra| El Universal
Viernes 07 de septiembre de 2012

Pola Weiss, pionera del viodeoarte en México, fue considerada en Francia, a finales de los años 80, como la videoasta más importante de América Latina. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

Weiss fue la primera en titularse con un video en la historia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

A pesar de realizar 38 videos de arte, performances y video danza, y que presentar 46 exposiciones en el extranjero, Pola es desconocida por las nuevas generaciones de videoastas. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

Los herederos de la artista donaron al MUAC el acervo que a lo largo de nueve meses fue restaurado, clasificado y digitalizado para facilitar su consulta. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

El material donado se compone de tres mil 165 materiales entre documentos, fotografías, diapositivas y tiras de negativos. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

Además de hacer pública la obra de Weiss a través del MUAC, se ha creado el sitio de internet www.polaweiss.mx con materiales del archivo, tres videos y un documental creado como reconocimiento. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

El cine fue un aliado permanente de la videoasta y el medio donde descubrió posibilidades que no habían sido vistas por otros. Cortesía Centro de Documentación Arkheia

Pola Weiss, la madre del videoarte mexicano

RETRATO. Fotografía de Pola Weiss, tomada por Fernando Mangino en 1982. (Foto: CENTRO DE DOCUMENTACIÓN ARKHEIA )

El acervo de la artista, pionera en su género en América Latina, fue donado a la UNAM; su obra es prácticamente desconocida por las nuevas generaciones

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Inquieta, inconforme, audaz, loca, sin miedo a explorar, desconcertante, juguetona, con determinación, desaforada, guapa, ajena al mundo que no fuera audiovisual… Todo y más era Pola Weiss, pionera del viodeoarte en México. Así la recuerdan sus amigos, familiares y maestros.

Lo paradójico es que esta mujer, que fue considerada en Francia, a finales de los años 80, como la videoasta más importante de América Latina, la que en 1975 fue la primera en titularse con un video en la historia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la que en su carrera de poco más de 10 años realizó 38 videos de arte, performances y video danza, y que presentó 46 exposiciones en el extranjero, es prácticamente una desconocida para las nuevas generaciones de videoastas.

Sus obras poco o nada se conocen. En vida, nuestro país no era precisamente el lugar donde se reconociera a Pola Weiss.

Ese olvido lo señala Edna Torres-Ramos, curadora del archivo documental y fotográfico de Weiss, cuya donación al Centro de Documentación Arkheia del MUAC se presentó formalmente ayer. Dentro de dos o tres semanas, los materiales podrán ser consultados por especialistas y público en general. Por lo pronto, ya hay solicitudes de consulta desde instituciones como New Museum de Nueva York, MOLAA o el Williams College de Massachusetts.

“Pola se enfrentó al desconocimiento de su obra como mujer, como videoartista; en México nadie la conocía. No hay, en absoluto, influencia de su obra en las generaciones actuales. Hubo un tiempo en el que nadie hablaba del video en México y fue cuando Pola producía, entre los 80 y 90. A finales de los 80 surgieron otras figuras, en particular femeninas, y luego vino la generación digital que tiene un absoluto desconocimiento de Pola Weiss”, afirmó Torres-Ramos.

Los herederos del legado de la artista, Kitzia Weiss Álvarez, hermana de aquella, y Fernando Mangino Lajous, su ex pareja, donaron el acervo que a lo largo de nueve meses fue restaurado, clasificado y digitalizado para facilitar su consulta.

Se trata de un conjunto de 3 mil 165 materiales entre documentos, fotografías, diapositivas y tiras de negativos. El material fue rescatado con apoyo del FONCA.

De manera paralela se ha creado el sitio de Internet www.polaweiss.mx que presenta materiales del archivo, tres videos y un documental creado como reconocimiento, donde hablan además de sus familiares, amigos, artistas y grandes maestros, como Froylán López Narváez, Federico Luna y Mario Ficachi.

Por una parte se le recuerda como una artista que trabajaba en solitario, que se autogestionaba, conseguía exposiciones y curadores que incluso llevaron a Suiza y Francia retrospectivas suyas; López Narváez, quien fuera su maestro, apuntó que Pola hizo algo inédito: “El reconocimiento de la televisión como un arte”. Para Fichachi fue “una artista que se impuso retos, como el de hacer poesía con la imagen”.

Rompiendo fronteras

Entre las memorias de Weiss se encontró una crónica del 18 de diciembre de 1980, que apareció en EL UNIVERSAL, sobre un acto en la explanada del Auditorio Nacional:

“Ante la mirada incrédula de los paseantes y algunos invitados, Pola Weiss, teleasta, llevó a cabo un ‘videoarte- performance’ que tituló La venusina renace y Reforma, con su cámara de video tape, un monitor, unos espejos y su propio cuerpo, fue protagonista y directora, objeto y sujeto de un espectáculo de videodanza. Pola, al ritmo de la danza, captó con su cámara las imágenes y sonidos que se suceden a su alrededor. Testigo y autora de una realidad momentánea que ocurre en el tiempo del performance, la artista incorpora a los paseantes, convertidos en público, a su acto creador”.

Intensa toda su vida, el mito no le fue ajeno. Nacida en la ciudad de México el 3 de mayo de 1947, Pola perdió muy pequeña a su madre. El cine fue un aliado permanente y el medio donde descubrió posibilidades que no habían sido vistas por otros; cada semana asistía acompañada por su abuela. Muy pronto concibió, por su cuenta, la posibilidad de hacer arte en, con y desde la televisión, “una televisión de arte o arTV”, recordó Edna Torres-Ramos.

Su inquietud por la televisión artística la llevó a la BBC de Londres y otras compañías de televisión en Europa, pero fue en Nueva York donde descubrió lo que buscaba: las obras de Nam June Paik, conocido como el padre del videoarte.

Lo emocional fue palpable en su obra y relaciones. Su ex pareja, Fernando Mangino, recordó que vivir con ella era como estar “en una montaña rusa gigantesca desplazándose a 500 mil kilómetros por hora. Un camino de subidas y bajadas, pero todas con pasión”.

En mayo de 1990, Pola se suicidó. El mito de algunos es que aquel acto final fue filmado por ella, un hecho que Fernando Mangino negó, pero que ha contribuido a formar el mito de su personaje.



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