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Rubén Bonifaz Nuño, sabio, longevo y apasionado poeta

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Martes 07 de agosto de 2012
El escritor y traductor es una de las voces más altas de la poesía mexicana de la segunda mitad del siglo XX

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Rubén Bonifaz Nuño es un hombre longevo y apasionado. Tiene 88 años y toda una vida dedicada a ejercer sus tres tareas creativas: es poeta, ha escrito cientos de poemas sobre cinco temas que le obsesionan: la vida cotidiana, la fraternidad, el paso del tiempo, la mujer y la labor poética; es traductor y promotor de la literatura clásica griega y latina; y ante todo -dicho por él mismo- es docente, en 1960 inició su carrera como profesor de latín en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, institución donde aún tiene una oficina.

Este escritor y traductor, que ha ejercido el ensayo y la poesía, que ha tenido una activa y sostenida labor como catedrático es considerado una de las voces más altas de la poesía mexicana de la segunda mitad del siglo XX. Rubén Bonifaz Nuño, lo saben muchos, es poeta y sabio mexicano.

Lo reconoció Ricardo Garibay, uno de sus mejores amigos de juventud junto con Fausto Vega y Jorge Hernández Campos: “Es un sabio, ha estudiado toda la vida a fondo; yo, todo lo contrario; eso nos fue separando. Él veía con desdén mi mundanidad; yo veía con desdén su academia. Nos encontramos mucho tiempo después, con cariño franco, abierto, pero ya teníamos muy poco que decirnos. Si usted no frecuenta a un amigo, pierde el diálogo, ¿de qué le hablo?, por Dios”.

Esa estancia permanente en la academia, donde se convirtió con el tiempo en miembro de la Comisión de Planes de Estudio del Colegio de Letras Clásicas de la Facultad de Filosofía, director General de Publicaciones, coordinador de Humanidades y director de la Bibliotheca Scriptorum Græcorum et Romanorum Mexicana, entre otros cargos universitarios lo acercaron a los jóvenes pero lo alejaron de los círculos poéticos. Bonifaz Nuño supo que iba a ser así desde sus tempranos años.

En una entrevista con Josefina Estrada, publicada por El Colegio Nacional -del que es miembro el poeta desde 1972- en el libro De otro modo el hombre, Bonifaz Nuño afirmó de él y las aspiraciones de sus amigos Ricardo Garabay, Fausto Vega y Jorge Hernández Campos:

“Todos decíamos que éramos genios, pero yo me diferenciaba de ellos en una cosa: los demás pensaban que tenían que vivir de la literatura cuando fueran grandes, y yo pensaba -y lo sigo pensando- que la literatura era como una diversión, como una especie de ámbito para la libertad personal, que aparte estaba la manera de ganarse la vida. Por eso, mientras los otros estaban fiándose a la literatura, yo me fui al Derecho... toda mi vida, hasta hoy, he visto a la literatura como una cosa marginal; repito, como un acto de libertad. Mi trabajo es el de profesor universitario. Yo siempre pensé que mi vida iba a estar orientada profesionalmente, no literariamente”.

Y así ha sido. La literatura ha sido su espacio sagrado y libertario, su pasión. Para él, la escritura, ese único acto libre, es también un acto fundamental. “Nunca me quité la ropa para escribir. Escribí siempre formalmente por respeto a la máquina y por respeto a lo que estaba tecleando”, confesó el propio Bonifaz, quien siempre ha vestido elegante, de traje.

Hombre de memoria prodigiosa

“Pregúntame lo que quieras, despierta mis recuerdos”, le dijo Bonifaz Nuño a Josefina Estrada, ella despertó sus recuerdos: “Fui atrozmente tímido. Seguí sintiendo vergüenza de mí mismo hasta muy mayor. Fue una cosa que me hizo la vida triste; digamos, infeliz. Por mi incapacidad de acercarme a la gente”.

La obra del autor de La muerte del ángel, Los demonios y los días, Fuego de pobres y El corazón de la espiral ha sido contenida en la Antología general de Rubén Bonifaz Nuño, publicada por Gato Negro Ediciones y UNAM en cuatro tomos que reúnen por vez primera sus ensayos, poesía y las versiones de los clásicos grecolatinos autorizada por el escritor.

Ese espíritu y fuerza generosa ha sido celebrada por el rector de la UNAM, José Narro, en el primer tomo de la antología: “Rubén Bonifaz Nuño es uno de los intelectuales mexicanos más reconocidos por su extensa y magnífica obra. Profesor, investigador, abogado, traductor, pero ante todo un humanista que siempre ha creído en la fuerza del espíritu como motor para el acto creativo”.

Justo en ese libro, Sandro Cohen afirma que Bonifaz es un “hombre de memoria prodigiosa, en él siempre ha sido natural aprender, aprehender, las obras modelo en todos los géneros, hacerlas suyas, conocer sus secretos más íntimos para trascenderlas y llevarlas al próximo nivel, que es otra manera de afirmar que en la tradición conservadora de Bonifaz Nuño está el deseo profundo de innovar, encontrar otro modo de decir lo mismo”.

Vicente Quirarte, alumno y amigo, en su texto “Un adolescente llamado Rubén Bonifaz Nuño”, publicado en Vicente Quirarte. Los días del maestro (Conaculta, 2008) dice: “Todo niño es un héroe y es un brujo. La diferencia es que Rubén Bonifaz Nuño, leal a su infante interior, lector tanto de Homero como de Harry Potter, con el paso de los años ha continuado siendo mago y héroe”.

Agrega que “la refinada y exigente alquimia de sus versos, lo ha conducido a transformar la miseria cotidiana en un as de oros que permite la entrada a ciudades fundadas sobre el canto. La atracción por el ser más prodigioso de la creación, escrito con cinco letras, lo ha llevado a hacer de la emoción inmediata poemas de amor que vencen las edades y ya forman parte no sólo de nuestro canon sino, lo que es más difícil e infrecuente, de nuestro patrimonio espiritual... Su estoicismo nace de soportar calladamente los trabajos del solitario, de ejercer la caridad sin hacerla pública, de afianzar la mano fraterna sin decirlo”.

La vida continúa

Bonifaz Nuño es un poeta obsesivo con el lenguaje y ha sido reconocido con numerosos premios y homenajes, destaca el Premio Nacional de Letras, el Internacional Alfonso Reyes, y el de la Universidad Nacional por Investigación en Humanidades, además del Doctor Honoris Causa e Investigador Emérito de la UNAM.

Pero ahora pasa sus días casi inmóvil, ha quedado ciego y ha perdido el sentido del oído. En entrevista con EL UNIVERSAL, días antes de recibir en 2008 la Medalla de Oro de Bellas Artes, dijo: “Antes decía que me hacían más homenajes de los que merezco, ahora ya tengo más de los que aguanto”.

Cercano a cumplir 89 años -nació el 12 de noviembre de 1923 en Córdoba, Veracruz-, Rubén Bonifaz Nuño prácticamente no sale de su casa. Hace cuatro años, ante la pregunta de Carlos Rojas Urrutia, sobre cómo se sentía de cumplir 85 años, el poeta respondió: “Terriblemente viejo, terriblemente inútil. Estoy privado de la vista y del movimiento de las piernas. Soy un bulto que habla”.

Con la antología general en cuatro tomos que circula en las librerías, la poesía, el ensayo y la traducción hecha por Rubén Bonifaz Nuño está al alcance de las nuevas generaciones quienes descubrirán al enamorado de las mujeres y apasionado del lenguaje. Descubrirán al gran sabio.



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