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Ecología de altos vuelos

Guillermo Cárdenas Guzmán Enviado| El Universal
Lunes 11 de junio de 2012
Autoridades y empresas en Suecia impulsan aeropuertos sustentables y vuelos “verdes” para reducir el impacto ambiental de las emisiones contaminantes

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ESTOCOLMO. —La industria de la aviación civil y el ambiente están en ruta de colisión, pues el número de vuelos en líneas aéreas comerciales a nivel mundial crece y hacia 2050 podría convertirse en una de las principales causas del calentamiento global.

Ante esta perspectiva, diversas compañías y las autoridades relacionadas con la aviación en Suecia han puesto en marcha un concepto innovador llamado aeropuertos sustentables, el cual comprende diversas medidas para reducir el impacto ambiental de esta actividad.

Entre ellas figuran las restricciones para la circulación de automotores en los aeropuertos, así como el empleo de programas de cómputo, sistemas de navegación y otras tecnologías avanzadas que permiten a los jets acortar las rutas de acceso hacia las pistas de aterrizaje —cuando esto es posible— y así optimizar el consumo de combustible.

“Trabajamos en todos los aspectos del impacto ambiental de las operaciones aeroportuarias, lo cual abarca desde cuidado del ambiente y de emisiones de gases invernadero, hasta consumo de energía, reducción de ruido y de emisiones por labores en tierra”, explicó el ingeniero aeronáutico Fredrik Jaresved.

En una presentación para medios en el aeropuerto internacional de Arlanda, Estocolmo, el director de garantía de calidad y desarrollo sustentable de este inmueble explicó que su meta es llegar a cero emisiones de combustibles fósiles como dióxido de carbono en los aeropuertos suecos hacia el 2020.

“Esto implica todas las actividades que se generan en torno a los aeropuertos, no sólo por la industria de la aviación, sino también por los sistemas de calefacción y aire acondicionado, tráfico de vehículos terrestres y de carga, entre otros”.

Industria en ascenso

Las emisiones contaminantes de los jets (vapor de agua, óxido de nitrógeno y sobre todo dióxido de carbono) son menores en comparación con las de las plantas industriales o el tráfico de automotores, que en las grandes ciudades son los principales generadores. Sin embargo, no son insignificantes: por ejemplo, en un vuelo de mil 500 millas, un jet comercial produce entre 380 y 750 kg de CO2 por pasajero.

Dichas emisiones no están contempladas en el Protocolo de Kyoto (establecido en 1997 para limitar niveles de contaminantes al ambiente), pues no se consideraban un problema serio. Pero ante el proyectado aumento del tráfico aéreo comercial en todo el mundo el tema comienza a ser una preocupación ecológica.

Según cálculos de la International Air Transport Association, en 2011 la industría aeronáutica habría movilizado unos 2 mil 750 millones de pasajeros (620 millones de viajeros más que en 2006) y la tendencia al alza continúa. El Airports Council International reporta que en 2011 se movieron 3 mil 200 millones de pasajeros en los 100 principales del mundo.

Otro reporte de 2002 de la Comisión Científica Británica advierte que “las nubes de tipo cirrus inducidas por la aviación serán un contribuyente importante en el calentamiento global”. El dióxido de carbono puede permanecer en la atmósfera unos cien años y aunque los motores de aviones sólo contribuyen con el 3% de este compuesto, el hecho de que estas emisiones se hagan en la alta atmósfera es motivo de alerta para especialistas.

Ante esta problemática, varios países europeos como Inglaterra y España también comenzaron a aplicar medidas de mitigación desde 2010 que incluyen aterrizajes “verdes”.

Por su parte los puertos aéreos en Suecia, sobre todo los mayores en Gotenburg y Arlanda, están aumentando la cantidad de “vuelos verdes”, que emplean los recursos tecnológicos disponibles (comunicación satelital, programas de cómputo, sistemas de navegación) para acortar las rutas aéreas y reducir el ruido y el consumo de combustible.

Estos acercamientos "verdes" (en los cuales los pilotos se aproximan a las pistas de aterrizaje con los aviones planeando y los motores inactivos) se practican desde 2009 en el aeropuerto de Arlanda. Con ellos, la compañía Scandinavian Airlines System (SAS) reduce la distancia total de vuelo de sus naves en unos 20 km.

Llegadas “verdes”

Pero estos aterrizajes “verdes” o en descenso continuo (que disminuyen hasta en 160 kg las emisiones de CO2 en cada evento) son el eslabón final en una larga cadena de medidas proambientales aplicadas por Swedavia, la empresa estatal sueca tenedora de los puertos aéreos, con apoyo de la compañía SAS y de LFV, la administradora de aviación nacional

“Estamos aplicando sustancias químicas para tener buenos valores de fricción en las aeropistas, de manera que los aviones no se deslicen en ellas, sobre todo en invierno. También estamos utilizando fluidos descongelantes para los aviones (la estructura), todas estas sustancias son naturalmente degradables y reciclables”, informó Jaresved.

“Nuestras fuentes de energía para calefacción y aire acondicionado en las instalaciones del aeropuerto (Arlanda) provienen casi en su totalidad de biocombustibles. Y además sólo compramos electricidad ‘verde’ proveniente de generadores de agua y viento”, señala Fredrik Jaresved.

Y aunque buscan que en 3 años sólo taxis “limpios” recojan pasajeros en el aeropuerto, otro problema pendiente es el tráfico de vehículos pesados para las operaciones. Las autoridades suecas buscarán que en los próximos años sólo circulen las unidades que utilicen combustibles renovables, como biogás o biodisesel.

“Al aplicar estos enfoques vemos que hay una ganancia no sólo en términos ambientales, sino también económicos”, afirma Jaresved, quien asegura que pueden adoptarse en cualquier aeropuerto del mundo.



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