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Operación rescate, en Bonampak

Abida Ventura| El Universal
Lunes 12 de diciembre de 2011
Operacin rescate, en Bonampak

INTERVENCIÓN. El equipo de restauradores realiza de manera minuciosa trabajos de reintegración cromática. (Foto: CORTESÍA INAH )

Restauradores limpian las pinturas creadas hace mil 200 años; este trabajo ha revelado detalles desconocidos

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Enclavado en la húmeda y calurosa Selva Lacandona, el Templo de los Murales de Bonampak, en el estado de Chiapas, narra a través de sus coloridas pinturas escenas representativas en la historia de esa antigua ciudad maya. Rituales, presentaciones, batallas, sacrificios, todas las escenas refieren a una temática en particular: las conquistas militares.

En tres episodios, los murales de este pequeño conjunto arquitectónico, realizados hace más de mil 200 años por tres o cuatro pintores mayas, guiados por un maestro, relatan la presentación del hijo de un gobernante, escenas de una gran batalla contra el señorío de Sak Tz´i´ –cuyas ruinas conforman la actual zona arqueológica de Plan de Ayutla-, y la ceremonia de victoria.

Desgastados por el paso del tiempo y las constantes visitas de turistas, expuestos a la humedad, a bacterias y a movimientos telúricos, la pintura mural que da nombre a esta ciudad prehispánica comienza a recobrar nitidez y color gracias a las labores que un equipo de restauradores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realiza en uno de los tres murales.

Poco a poco, el retiro de las capas de sal de los casi 150 metros cuadrados de pintura mural que representa la ceremonia de victoria de la batalla contra Sak Tz´i´ y muestra a los dirigentes, músicos, danzantes y prisioneros de guerra, va dejando al descubierto personajes y detalles nunca antes conocidos.

“Estamos retirando las costras de sal, lo cual nos ha permitido definir las figuras, las siluetas de los personajes y parte de su indumentaria como algunos penachos. Son detalles que no se habían visto hasta ahora. Es información nueva que ya nadie esperaba ver”, comenta en entrevista la restauradora Haydeé Orea, coordinadora del proyecto, que en días pasados concluyó la primera de cuatro temporadas, y que registra un avance de 45%.

A más de 50 años del hallazgo de estos murales, los muros del llamado Cuarto 3 han revelado tres pequeñas figuras que representan las cabezas de personajes masculinos, además de que su bóveda ha dejado al descubierto dos imágenes que han sido reinterpretadas en cuanto a su iconografía. Se trata de personificaciones que, según el restaurador Gilberto Buitrago, han sido identificadas como un K’inich Ahau (deidad solar) y un Dios “N”. Haydeé Orea asegura que este minucioso trabajo, que avanza de 30 o 40 centímetros cuadrados cada dos o tres meses, ha arrojado sorpresas que permitirán dar nuevas lecturas a la obra.

“Pudimos identificar el tocado de un personaje con un montón de diosecillos que no se veían para nada. En el cinturón de un personaje hay un glifo que no se veía, y que ahora podrá interpretarse. Son detalles muy finos, pequeños, pero que aportan nuevos datos”, dice.

Ácidos orgánicos para limpiar

Con gran paciencia, el equipo de restauradores conformado por Nayeli Pacheco, Olga González, Valeria Villalvazo, Irlanda Fragoso, Carlos García, Constantino Armendáriz, Gilberto Buitrago y Haydeé Orea, va retirando las capas de sales mediante un gel creado por especialistas de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), para luego retirarlas con bisturí, con puntas metálicas y fresas con punta de diamante. “Hacemos la limpieza con ácidos orgánicos que se colocan sobre la superficie. El ácido actúa, degrada la costra de sales y después los retiramos con mucho cuidado usando bisturí o una especie de taladro de dentista”, dice Orea.

A la par del proceso de limpieza, los especialistas también llevan a cabo trabajos de reintegración cromática. Esta intervención ha permitido darle mayor nitidez al mural que junto a los otros dos fue mandado a hacer por el gobernante Chaan Muan II, hacia 790 d. C.

“Hay muchas zonas que estaban picadas, en esas lagunas es donde estamos reintegrando el color, con mucho cuidado y usando pinceles específicos. Sólo hemos restituido color en las lagunas, todo lo demás no ha sido intervenido”, comenta Orea.

Además de la diversidad de tonos rojos, azules, ocres, negros, cafés, verdes y amarillos, que emergen, los trabajos han permitido acercarse a la técnica con que los murales fueron concebidos: “sobre un aplanado de cal-arena, en el que previamente a la aplicación de la pintura se trazó un dibujo a manera de composición general de la escena”.

Según el restaurador Constantino Armendáriz, al momento de realizar la limpieza de estos murales se encontraron líneas, trazos del dibujo preparatorio y hasta modificaciones que alguno de los pintores hizo para omitir detalles. Así, centímetro a centímetro, los murales van revelando datos sobre la grandeza guerrera y artística de esta antigua urbe maya, considerada como una de las escuelas de pintura más logradas que hubo en toda Mesoamérica.



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