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Domingo enamoró al público mexicano

Alida Piñón| El Universal
Jueves 31 de marzo de 2011
Domingo enamor al pblico mexicano

CONCIERTO. Asistieron el presidente Felipe Calderón y su esposa, Margarita Zavala . (Foto: ALEX CRUZ EFE )


alida.piñ[email protected]

Plácido Domingo no quería irse. Estaba contento, emocionado; 10 mil personas le aplaudían su canto, sus gestos, sus pasos de baile, su amplia sonrisa. Junto con la soprano argentina Virginia Tola, había regalado ya tres temas fuera del programa y habían transcurrido más de dos horas de concierto. Pero el tenor español, uno de los más importantes del mundo, quiso seguir festejando con los mexicanos su cumpleaños 70 y salió al escenario vestido de mariachi.

Con “Paloma querida” abrió el festín ranchero. Siguió con “Ella”, de José Alfredo Jiménez. Apenas cantaba cuando el grito de un fan al puro estilo del mariachi lo hizo sonreír.

Atrás quedaban la solemnidad y asombro del público ante una voz potente y bella, para ser una fiesta que celebra a un buen amigo, casi paisano, como lo es el tenor español. Así, Plácido pidió a los asistentes que abarrotaron el Auditorio Nacional que le ayudaran a cantar un clásico, “El Rey”.

Domingo estaba eufórico, la gente intentaba al unísono cantarle “Las mañanitas”, pero él no escuchaba las intenciones de sus admiradores y los calló al contar la historia de unos jóvenes mexicanos en Viena que, ante sus limitaciones económicas para estudiar ópera, fundaron el Mariachi Varga de Vienatitlán.

La gente aplaudía y Plácido cantaba. De pie lo ovacionaron la primera dama, Margarita Zavala y la titular del Conaculta, Consuelo Sáizar. Sentados estaban el presidente Felipe Calderón y el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Casi tres horas de concierto habían pasado cuando el tenor regresó una vez más al escenario para cantar “Granada”, de Agustín Lara. El coro de los diez mil seguía activo. Parecía que se iría en definitiva, cuando “Las mañanitas” sonaron.

La Orquesta Sinfónica de Minería -dirigida por Alondra de la Parra- acompañaba al público, Plácido regresó para sentir el abrazo convertido en canto. Así, no le quedó duda de que tiene razón al decir que México es su segunda patria.

Tras el concierto, Calderón ofreció al tenor una cena para entregarle un reconocimiento del gobierno de México.



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