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“En la novela me pregunto cómo pasó esto con el país”

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Martes 08 de febrero de 2011
En la novela me pregunto cmo pas esto con el pas

ESTIRPE. Álvaro Enrigue indaga en cien años de la historia de México. Desde la Revolución con sus generales iletrados y de cananas, la guerrilla y el origen del narcotráfico. (Foto: DAVID JARAMILLO EL UNIVERSAL )

Álvaro Enrigue quiso en Decencia, su nuevo libro, escribir una novela decimonónica en la que cuenta la historia de su abuelo, un general revolucionario que viaja en un cádillac a 120 K/h con un par de guerrilleros marxistas en el año 1973

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Ya en Vidas perpendiculares Álvaro Enrigue había abordado su historia familiar, la de uno de los miembros de la estirpe Enrigue, esa familia de apellido tan raro que llevan pocos en el mundo. Ahora, tres años después, regresa la mirada a su genealogía al relatar en Decencia, la historia “tal vez demasiado literalmente” de cómo salieron los Enrigue del pueblo de Autlán, en Guadalajara, expulsados por la Revolución Mexicana.

El escritor mexicano que ha sido calificado por la crítica como un narrador con la gracia literaria de Borges, la precisión de Vila-Matas y el lirismo salvaje de Bolaño, quiso en este nuevo libro publicado por Anagrama escribir una novela decimonónica en la que cuenta la historia de su abuelo, un general revolucionario que viaja en un cádillac a 120 K/h con un par de guerrilleros marxistas en el año 1973.

En Decencia hay un México que está contando un siglo de su historia. Está el México de la Revolución Mexicana con sus generales de cananas que compran un rancho en Autlán para que cada revolucionario siempre su maicito y está el México de la guerrilla, el de 1973, que atestigua como surge la semilla de los cárteles que dominan el narcotráfico. Hay también la historia de una familia mexicana con hombres “muy machos” dominados por mujeres “muy cabronas”.

¿Esta es una novela donde México cuenta cien años de su historia?

Es una novela que se pregunta cómo carajos llegamos aquí?, ¿cómo llegó a pasar esto en el país más importante de América Latina, que era la joya de la corona, a lo largo de la novela late esa pregunta. Aunque a mí no me interesa escribir una novela de matones y policías, mi historia termina cuando se funda el cártel de Guadalajara.

¿Una novela de la guerrilla?

1973 es el año en el que el gobierno mexicano extermina a las guerrillas,a mi me interesa la guerrilla de Nayarit porque es la más lírica, la más poética y la que fue exterminada de manera más cruel aún cuando los guerrilleros de Nayarit eran un montón de muchachos universitarios que no le hacían nada a nadie, eran una cosa enternecedora; pero ese año el gobierno decide acabar con ellos de un manotazo.

Me interesaba hablar de cómo pudieron haber convivido, en un momento, los revolucionarios de sombrero y cananas con estos pobres revolucionarios universitarios de postín que no sabían agarrar una pistola pero podían leer al derecho y al revés a Marx. En cualquier caso, la novela viene de la posibilidad de que en algún momento pudieran ir viajando en un cádillac, dos guerrilleros marxistas con un general revolucionario.

¿Es su mirada sobre la Revolución Mexicana o es la mirada de la estirpe a la que pertenece?

La historia es cierta; cuando menos es la que contaba mi abuelo de su rancho que se llamaba El Limoncito y según lo vendió a los revolucionarios a cambio de una mesa llena de centenarios, pero en Jalisco no hubo revolución; lo que quiero decir es que la historia de la estirpe, la historia que está codificada en la información genética es cierta en la medida en que lo son las genealogías familiares, pero no representa mi visión de la Revolución Mexicana o la representa de una manera torcida. Creo que al final la diferencia de México con América Latina, aunque los gobiernos contemporáneos estén empeñados en destruir esa diferencia y convertirnos en un país más del montón, es el indudable liderazgo que tiene México gracias al proceso revolucionario. En ese sentido, la novela más bien conversa con la narrativa de la Revolución Mexicana, no tanto con la historia de la Revolución porque sólo toca un filón minúsculo.

La novela en lo que se centra es en la vida íntima, en las cosas pequeñas, la novela lo que ve es la rajada que hay en la historia y en ese sentido le echa sal y limón al proceso revolucionario porque es la vocación de la narrativa. Sí, es una novela que tiene nostalgia de cuando México importaba y deprime muchísimo que lo único que importa ahora sea esta guerra contra el narcotráfico que al final es una lucha banal contra unos capitalistas torcidos. Este país es otra cosas, tiene una memoria y me deprime que estemos obsesionados con algo que nos salió mal.

¿Su novela es más ambiciosa en temática, tiempos, espacios?

Todo mundo tiene derecho a escribir una novela decimonónica. Esta es la narración más ambiciosa que he emprendido y también en la que más he trabajado, me costó ocho o nueve años escribirla. Hace días platicaba con mi editor francés y decía que extrañaba un poco el riesgo de los otros libros y yo le decía que el riesgo final es escribir una novela que pareciera de Pérez Galdós; una novela con la densidad de los libros decimonónicos.

También me interesaba que en esta novela se notaran menos los dispositivos narrativos. Quien haya leído Hipotermia o Vidas perpendiculares no se sienta defraudado en la densidad formal del formato, pero que también una señora que maneja una camioneta por la ciudad de México pueda leerla. Quería que la sustancia tan flexible de la novela, fluyera mejor que nunca, que fuera una novela líquida y no sólida, na novela con la ingeniería de todas, pero que en esta ocasión no se notara.

¿De acabado más fino?

Es más fino el acabado y los dispositivos narrativos se distribuyen de manera más cuidadosa. En Vidas perpendiculares el dispositivo era que cuando alguien abría una puerta cambiabas de tiempo y espacio, aquí el trabajo con el tiempo es igual de cuidadoso pero está expuesto más gentilmente; es una novela en la que se cuenta al mismo tiempo el siglo XX y 24 horas de la vida de cuatro personajes en 1973.

¿Obsesivo con los cambios de tiempo y espacio?

Así es como escribo, no sé si pudiera escribir una novela que empezará en A y llegará a B. La verdadera sustancia de la novela es el tiempo; creo que sigo escribiendo y leyendo novelas porque me gusta lo que puede hacer un ser humano a esa cosa tan estúpidamente fija que es el tiempo y cómo al fragmentarlo se producen los hallazgos.

 



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