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Murió una de las figuras clave del ámbito intelectual del país

Sonia Sierra| El Universal
Lunes 01 de marzo de 2010
Carlos Montemayor falleció ayer a los 62 años en el Distrito Federal, víctima de un cáncer de estómago que le fue detectado en octubre

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A la escritura, la defensa de los pueblos indígenas y la música dedicó su vida el escritor chihuahuense Carlos Montemayor, quien falleció ayer a los 62 años en el Distrito Federal, víctima de un cáncer de estómago que le fue detectado en octubre y por lo cual tuvo que ser hospitalizado esta semana en el Instituto Nacional de Cancerología.

Por decisión del propio escritor no hubo funeral. Ayer sus restos estuvieron durante unas horas en la sede de la Academia Mexicana de la Lengua, en la calle de Liverpool, institución de la cual se convirtió en miembro de número en 1985.

 

Con los libros en una mano y una guitarra en la otra describía su vida de niño, el autor de Guerra en el paraíso, quien nació en Parral, Chihuahua, en junio de 1947. El tenor fue creador de una amplia obra que abarcó grabaciones de discos, escritura de libretos para óperas, así como creación de libros en los géneros de poesía, novela y ensayo.

 

En la novela Guerra en el paraíso recuperó los hechos en torno de la lucha y muerte de Lucio Cabañas, al tiempo que trazó el relato de la historia de las guerrillas de México en los años 70, un tema que trató desde diversos géneros y en el cual se especializó hasta entender, como pocas personas en México, la complejidad de esa historia de guerrillas y su represión en el país. Su trabajo como investigador de los movimientos guerrilleros le permitió obtener información valiosa para construir sus libros como Chiapas, la rebelión indígena de México.

 

Pese a su enfermedad, el autor aún pudo concluir su libro La violencia de Estado en México.

 

En los últimos años, Montemayor fue integrante de la comisión mediadora entre el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y el gobierno federal.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009 y obtuvo también la presea Gawí Tónara: Pilares del Mundo, que es el máximo galardón de las artes chihuahuenses.

 

Otros reconocimientos que recibió fueron el Premio Internacional Juan Rulfo de Radio Francia Internacional; el Xavier Villaurrutia, en 1971, por su libro de cuentos Las llaves de Urgell; el José Fuentes Mares y el Colima de Narrativa, en 1991, por Guerra en el paraíso.

 

Montemayor escribió las novelas Las armas del alba, Los informes secretos, La fuga; tradujo los clásicos Odas, de Píndaro, y Carmina Burana; creó el libreto de ópera Encuentro en el ocaso, con música de Daniel Catán. Entre su obra poética figuran Abril y otras estaciones, Finisterra y Los poemas de Tsin Pau. En el género de ensayo escribió La guerrilla recurrente, Los pueblos indios de México y Chiapas, la rebelión indígena de México. Estas obras han sido publicadas por sellos de Random House Mondadori. El FCE publicó un tomo de sus Obras Reunidas, que incluyó las novelas Las armas del alba y Guerra en el paraíso. Una de sus recientes publicaciones fue el Diccionario del náhuatl en el español de México.

 

La traducción fue otro de los campos en donde destacó, pues dominó el inglés, italiano, francés, griego arcaico, clásico y vulgar, y el latín.

 

Licenciado en Derecho y maestro en Letras Iberoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, también llevó estudios orientales en el Colegio de México. En 1995 recibió de la Universidad Autónoma Metropolitana el grado de Doctor Honoris Causa por sus contribuciones en el campo de las ciencias sociales y las humanidades; la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez lo nombró profesor emérito.

Como promotor de la tradición oral y la literatura en lenguas indígenas, el también miembro del Colegio Nacional coordinó las colecciones de 50 volúmenes bilingües de Letras Mayas Contemporáneas de la Península de Yucatán y del Estado de Chiapas de 1994 a 1998. De ahí que en 1997, la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas en México lo nombró Miembro Honorario.

 

Su interés por las lenguas indígenas comenzó a finales de los 70, cuando le pidieron que revisara una antología de cuentistas oaxaqueños, y fue tan determinante que no pudo despegarse del estudio y difusión de ellas.

Para él, sus novelas no eran históricas, pues trabajaba a partir de la historia oral e indagación directa, no de una historiografía. “En la literatura es necesario que cada personaje tenga su propio sello de dicción para que el lector sienta que ese personaje está conversando”, decía.

Aunque en la secundaria, aún en Chihuahua, Montemayor quería estudiar música en México, incluso entrar al Conservatorio Nacional, su padre lo persuadió de estudiar otra carrera. Durante el primer año de universidad, la música ocupó un lugar de privilegio, pero todo cambió cuando regresó en sus primeras vacaciones a su ciudad natal porque describir el paisaje de su pueblo le abrió paso a la vocación literaria que nunca abandonó.

 

En 2004, dijo a EL UNIVERSAL que su gusto por la ópera fue una pasión que nació desde que era estudiante en la universidad, en la cual lo apoyó el maestro de canto Roberto Bañuelas. Con la disciplina de dedicar todos los días unos minutos a la vocalización, Montemayor grabó varios discos de arias como El último romántico, junto con el pianista Antonio Bravo.

 

Sus artículos y ensayos fueron publicados por diversos medios de comunicación, entre ellos La Jornada, y las revistas Proceso y Casa del Tiempo.

 

 

 



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