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Mata quiere ganarle a la fotografía por nocaut

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Domingo 24 de mayo de 2009
Centrado en la cultura popular, el fotógrafo dice que la imagen nunca es un producto terminado

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Francisco Mata Rosas es andariego. “Lo mío, lo mío, lo mío es la vagancia”, dice sin tapujos “cuando descubrí que me podían pagar por ser vago y tomar fotos supe que era el mundo ideal”. El fotógrafo candidato al Premio Henri Cartier-Bresson, por su proyecto Centro Habana, fue reconocido por 22 colegas mexicanos —según un sondeo realizado por KIOSKO— como un creador que no hay que perder de vista.

El artista de la lente nacido en la ciudad de México en 1958, ha sido fotoperiodista, ha publicado varios libros, montado exposiciones a lo largo y ancho del país y fuera de él; también es considerado por sus pares uno de los principales fotógrafos documentales que ha atendido como pocos la cultura popular; y sin embargo, Francisco asegura que “uno puede trabajar años y años, puede pensar que está haciendo cosas trascendentes, pero que tal vez no tengan ninguna repercusión”.

Con la fotografía y la ciudad de México, Mata Rosas sostiene la misma relación amorosa de altibajos, con momentos de traición, incertidumbre, celos, abandono, reencuentro, pasión, dolor y gran placer. Es así de diversa y contradictoria. “Me han tratado muy bien desde que opté por la fotografía como forma de expresión, desarrollo profesional y para ganarme la vida”, afirma.

Gracias a la fotografía ha recorrido el mundo y conocido a mucha gente, ha aprendido con los años que la imagen nunca es un producto terminado, que la pieza fotográfica, sea impresa en un papel, proyectada en una pared o vista con pixeles a través de una pantalla, nunca va a ser un objeto terminado ni una obra con los contornos perfectamente definidos hasta que alguien la ve, la reinventa, la reconstruye, la recrea; entonces genera una realidad sobre la realidad representada.

Esa es una de sus convicciones: “Al final de cuentas la labor del fotógrafo es tender puentes entre miradas; tiende un puente entre la mirada de los fotografiados y la mirada de quien ve la fotografía mediante la mirada del fotógrafo”. Otra es que su gran línea de trabajo es la cultura popular urbana, la cultura viva que es el rostro, cuerpo y corazón de la ciudad de México, por eso recurre a su gente y a sus barrios.

“Me interesa ser testigo de mi tiempo, de mi ciudad, de mi historia; jamás podría decir que mi trabajo es la síntesis de la ciudad de México, mis proyectos forman parte de una misma línea de trabajo, sigo hablando de lo mismo, un libro no puede contener a la ciudad que ya de por sí es una ciudad de ciudades, formada por distintos grupos sociales, áreas geográficas, usos y costumbres que conviven en un mismo territorio. Mis trabajos son mi punto de vista sobre la ciudad de México”, afirma el autor de libros como México Tenochtitlan y Tepito, bravo el barrio.

En cada proyecto que Francisco Mata emprende parte de la idea de que el fotógrafo tiene siempre un punto de vista: “Nosotros vemos lo que queremos ver, vemos lo que podemos ver, pero también vemos lo que sabemos ver, no podemos ver otra cosa”. Desde esa base cobran vida sus proyectos, aunque en el camino se transforman y enriquecen. Así desarrolla tres más: “Arca de Noé”, donde ayudado por una cámara Olga captura fotos de animales en museos naturales; “Los que se quedaron en el camino”, que reunirá imágenes de animales muertos en la carretera y el más adelantado: un libro sobre el Metro de la ciudad de México cuyo texto será de Carlos Monsiváis.

Todos son proyectos documentales a la manera tradicional: proyectos de investigación, de gran profundidad y largo alcance; pero Mata sabe que está en un momento de transición que lo llevará a experimentar con la fotografía, a incorporar nuevos medios y otros lenguajes, está convencido de que ya no les dedicará 15 ó 20 años, ahora tendrán una dirección más precisa, con objetivos más concretos.

El fotógrafo que asegura que en general “es muy introvertido y casi tímido”, pero que en el momento de trabajar se puede comunicar con la gente, es como un boxeador que ahora dará golpes más contundentes “aunque no deja de tener muchos rounds de sombra”.

Mata Rosas se formó en las Ciencias de la Comunicación y su origen profesional es el fotoperiodismo, un oficio en el que ha demostrado que es necesario contar historias porque la información escueta, de registro y testigo de los acontecimientos ya no es suficiente. “Dos de las condiciones fundamentales que existieron siempre para ejercer el fotoperiodismo era: la condición sine qua non de tienes que estar frente al acontecimiento y debes tener la habilidad técnica de capturarlo; ambas condiciones las cumple ahora con cualquier ciudadano con un celular, incluso tiene mayores de probabilidades de estar frente a un suceso que un fotoperiodista”, afirma de manera tajante.

Eso le confirma una certeza: que el registro puntual de un acontecimiento queda cada vez en manos de los ciudadanos y de las cámaras de vigilancia; sin embargo eso no significa que se acabaron los fotoperiodistas, sino que ahora les tocará encargarse de contar historias, decir a través de la imagen por qué suceden las cosas y qué consecuencias tienen. “No es algo nuevo, lo han hecho revistas como Hoy, Mañana y Siempre y fotógrafos como Nacho López”, dice.

No pronostica, sabe que el fotógrafo de prensa vive un momento donde sus habilidades tendrán que ser magnificadas, será necesaria la capacitación, contar con habilidades más allá de las fotográficas, deberán hablar en primera persona, tener algo que decir. “Si tienes algo que decir lo harán de cualquier manera incluida la fotografía, puedes escribir, filmar, dibujar, actuar, fotografiar; si no tienes nada que contar, de nada valen toda la tecnología y el conocimiento técnico”, afirma el artista.

Igual que sabe que la fotografía que experimenta con otros lenguajes, como la imagen en movimiento, la animación, la hiperrealidad, el texto, el sonido ya no será fotografía, Francisco Mata Rosas reconoce que en México hay un gran movimiento fotográfico.

“Movimiento fotográfico no significa un conjunto de buenos fotógrafos; es tener buenos fotógrafos, escuelas, críticos, coleccionistas, curadores, museógrafos, bóvedas para los materiales, foros de discusión, gente que le interese la fotografía como opción universitaria de estudio, publicaciones, libros, encuentros, contactos con otros países. Siempre hemos tenidos buenos fotógrafos, maestros, libros publicados de manera aislada, pero ahora se congregan en un conjunto”, concluye.

 

 

 

 



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