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Para insultar, el idioma español ‘se pinta solo’

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Viernes 30 de mayo de 2008
Aunque en España hay libros que dan cuenta del léxico soez, como es el caso de Camilo José Cela en su texto Voces obscenas, la aparición del libro de Pancracio Celdrán, titulado El gran libro de los insultos que reúne más de 10 mil maneras de improperios en español

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Aunque en España hay libros que dan cuenta del léxico soez, como es el caso de Camilo José Cela en su texto Voces obscenas, la aparición del libro de Pancracio Celdrán, titulado El gran libro de los insultos que reúne más de 10 mil maneras de improperios en español.

“La lengua española se caracteriza por la variedad y enjundia del léxico ofensivo y por su gracia y viveza. El insulto castellano es directo y rápido, audaz, como un tiro”, afirma Celdrán.

La mayoría de las palabras ofensivas que se utilizan en España cobraron “vigor propio” en América. El gran libro de los insultos incluye algunos ejemplos (“cusca”, “cojudo”, “gringo”, “guaje” y “guanajo”, pero sin ánimo de ser exhaustivos porque, como dice Celdrán, “sólo para México se necesitaría otra obra como ésta”.

México y Argentina son “los más ingeniosos a la hora del insulto”, afirma Celdrán, quien en su prólogo incluye reglamento empleado en una compañía de Argentina que prohíbe los insultos.

Adolfo Castañón, de la Academia Mexicana de la Lengua, dice que el insulto es un territorio trillado y “peinado” en varias naciones, pero responde a que “la lengua está en movimiento y en la historia”.

No obstante, dice que nada tienen que ver los insultos que se intercambiaban a finales del XVIII y principios del siglo XIX, con los insultos que se intercambiaban en México a principios del siglo XX, en la Revolución o los años 30. “Nada tienen que ver con los de la literatura de La Onda o con los que hoy en día hablan los jóvenes. Entre ellos hay una novedad en los últimos años que se ha quedado entres las jovencitas: se trata del buey o el güey”.

Cuestionado sobre el tema, Jesús Flores y Escalante, autor del libro La morralla del caló mexicano, dice que en México la tradición del insulto tiene gran peso, pues todas las culturas prehispánicas tenían una forma de insultar.

“Casi todas las ofensas mexicanas tienen esa virtud; por supuesto todas las culturas han tenido su forma de agravio, de agresión, de insulto, son palabras altisonantes que se enriquecieron con la conquista que crea todo un asunto muy especial con la fusión de culturas, que se consolidan en los vocablos.”

El gerente y locutor de la estación XEB, afirma que la agresión casi siempre es personal y se enfoca en la madre, que es lo que más hiere. (Con información de EFE)



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