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La Voz Invitada | Juan Domingo Argüelles



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Miércoles 29 de noviembre de 2000

Juan Domingo Argüelles

La reescritura lírica de Félix Suárez


Félix Suárez (Ixtlahuaca, estado de México, 1961), quien en 1997 fue ganador del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines con su libro ?En señal del cuerpo? (México, Editorial Praxis, 1998), acaba de publicar la segunda edición, corregida y enmendada, de uno de sus libros más significativos: ?Peleas?.

?Peleas? se publicó por vez primera en 1989, coeditado por la Universidad Autónoma del Estado de México y el Instituto Mexiquense de Cultura. Un año antes había obtenido el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino y con él Félix Suárez se revelaba como uno de los poetas más promisorios de su generación.

La nueva edición aparece bajo el sello de Tunastral (Toluca, 2000) y es el noveno título de la colección Libros de la Tribu que, en este caso, cuenta con el apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca.

Autor de vigilante autocrítica y, por lo mismo, de severa brevedad, Suárez es autor de cuatro poemarios: ?La mordedura del caimán? (1984), ?Peleas? (1989), ?Río subterráneo? (1992) y ?En señal del cuerpo? (1998). A éstos hay que agregar únicamente su ensayo ?Luis Cernuda: deseo y melancolía?, publicado en 1988.

Los dos centenares de páginas (no más) de los que consta, estrictamente, la obra poética de Suárez, contienen algunos de los momentos más intensos y emotivos (aunque también más perfectos, en lo formal) de la poesía mexicana de las últimas dos décadas. A lo largo de más de tres lustros, este poeta ha ido construyendo una lírica muy personal cuya originalidad rechaza por principio las modas al uso que dictan una escritura desapasionada y ausente del conflicto de la vida que es, por excelencia, el móvil de la poesía.

La poesía lírica es, por definición, la poesía amorosa. Y un instante al menos de la dilatada tradición de la poesía mexicana amorosa es obra, en los últimos años, del oficio de vivir y de escribir de Félix Suárez, un poeta que desde sus primeros versos ya sabía dónde radicaba la fuerza de la expresión y dónde los motivos de disconformidad con la existencia: Por qué si nada ha de quedar,/ si nada dura, aun así caemos./ Qué objeto tiene el sufrimiento,/ este morir a pausas bajo el humo,/ bajo la idólatra memoria,/ y agobiados .

?Peleas? es el libro central en la obra de Suárez; un libro de juventud, ciertamente, pero que no ha perdido ni su gracia ni su intensidad y que sigue sorprendiendo por su precoz perfección formal; ello a pesar de que la materia del libro (el sentimiento, el amor, el dolor, la soledad y el desamor) es la más proclive a hacernos descender por los abismos de la conmiseración y aun de la sensiblería.

Buen lector de su Cátulo, Félix Suárez evita con destreza el barranco de lo cursi, y en ?Peleas? sale bien librado al exponer el sentimiento amoroso y sus contrarios, como en este poema: Tizne y carbones quedan de la casa./ Ennegrecidos túmulos de tierra./ Mejor así, que andar ahogándose de hieles,/ batiéndose de quistes y vejigas./ Mejor así; quemarlo todo de una vez,/ quemarlas naves y los remos./Y regresar después ?así es la guerra?,/ cada quien por su lado y como pueda .

En este libro al que ha vuelto con ojos críticos pero también con objetividad en la emoción (si es posible decirlo así), el poeta canta extraordinariamente al desencanto: Mala comida y vinos agrios/ nos sientan a la mesa./ Nos calienta el sol/ un poco mientras tanto,/ nos deja con la amarga idea/ ?la íntima certeza?,/ de que todo es inútil/ y no hay posible pan/ que compartir/ con otro .

Cuando Félix Suárez publica la primera edición de ?Peleas?, en 1989, ?El tigre en la casa? de Eduardo Lizalde estaba por cumplir 20 años. No sería exacto decir que ?Peleas? es una continuación, en el tono y en la forma, del libro de Lizalde, pero sí podemos afirmar, casi sin temor a equivocarnos, que las deudas literarias de Suárez tienen que ver más con Lizalde que con Rubén Bonifaz Nuño pese a que aquel esté ausente en los epígrafes. Algunos poemas de la sección ?Auto de fe? revelan esa estirpe lizaldiana que, por lo demás, es signo de identidad de la poesía amorosa más intensa que se ha escrito en México después de 1970, año de la primera edición de ?El tigre en la casa?.

Así, en ?Peleas?, Félix Suárez nos entrega esta reintrepretación lizaldiana: Hoza la puerca en los baldíos./ Escarba, se revuelca/ en basureros y albañales./ Y después,/ infecta, cansada,/ vuelve la infame a casa . E inmediatamente después, otra revisitación al tema del desamor y el desencanto: Ni el frío,/ ni la hiel de antiguos verdugones/ me entristecen, fulana./ Me aflige, sí, me puede/ que vuelvas y me dejes tu cepillo olvidado;/ que vuelvas una y otra vez,/ y me cuentes tus noches y tus días,/ y te vayas después, gozosa,/ y yo quede como antes,/ esperando.

Poema paradigmático de este libro es el texto que cierra la sección ?Auto de fe? y que a continuación transcribimos: Que nada te consuele./ Es éste uno de esos días cansados, tristísimos,/ en que aullarás de amor,/ y no habrá nadie./ Ansiosa sombra, buscarás/ en lánguidos teléfonos sin dueño,/ en casas devastadas, sin ventanas,/ y te hallarás desnudo, hambriento, como el primer día./ Y pensarás entonces, pensarás de nuevo/ ?muriendo?/ en ésa que has perdido para siempre .

Pese a que Suárez ha sometido su libro a un examen incluso inclemente, más de una década después de haberlo escrito, y pese a que imprimió en él algunas modificaciones, ?Peleas? sigue siendo el mismo libro pleno de intensidad que dicta la buena poesía a partir de una experiencia decisiva.

Al respecto, el autor explica lo siguiente: ?A casi tres lustros de su concepción, el libro ha seguido viviendo silenciosamente en sus lectores, de mano en mano, a través de fotocopias o fragmentariamente en antologías sucintas. No es propio de los libros morir con sus autores, ni tampoco acabar sepultados bajo los restos de lo que alguna vez nosotros fuimos. Viven, ciertamente, con otra vida. No medimos su edad ?como la nuestra? a partir del deterioro o de la experiencia de vida, sino en función de su capacidad para resucitar una y otra vez en sus lectores.?

Ciertamente así es. Y qué bueno que Félix Suárez haya visto que este libro está incluso más allá de su propia predilección, pues la poesía, cuando es verdadera en sus logros, vive más allá de sus autores y lucha incluso contra ellos porque, de cierto modo, ya no les pertenece; no al menos del todo.



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