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Economía Informal | Macario Schettino

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Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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Según todo indica, ya es claro que Estados Unidos tiene un problema económico más importante de lo que se creía

Martes 16 de agosto de 2011

Como se había comentado en esta columna desde hace nueve años, el país más importante del mundo en materia económica se dedicó a gastar más de lo que podía, hasta acumular una deuda mayúscula. No es sólo que el gobierno de ese país deba el equivalente a 100% del PIB, sino que las familias deben un tanto similar.

Cuando la deuda de una familia o empresa es elevada, llega un momento en que nadie más le presta. No queda entonces más remedio que empezar a pagar, o declararse en quiebra. Cuando un país entero está en esta situación, la segunda opción no es nada sencilla. Mucho menos cuando ese país es todavía el más importante del mundo. La opción de dejar de pagar, repudiar la deuda, siempre existe, pero tiene un elevado costo en reputación, que no cualquier país puede asumir. En fechas recientes, sólo Argentina ha hecho algo así.

Si no es aceptable esa opción, lo único que queda es pagar, y eso exige reducir los gastos para apartar un dinerito e ir cubriendo, poco a poco, los intereses y el principal que se adeuda. Puesto que Estados Unidos sigue siendo el país más importante en materia económica, como ya dijimos, entonces la tasa de interés que tiene que pagar es la más baja del mundo. Incluso después de la rebaja en la calificación, las tasas de interés de los bonos del tesoro se redujeron. Gracias al nerviosismo, los inversionistas se fueron a esconder en los activos “menos riesgosos”: el franco suizo, el oro… y los bonos del tesoro recién descalificados. Durante este mes, la tasa ha bajado un punto.

No es cosa duradera, y es muy probable que regresemos a una tasa de alrededor de 3% en esos bonos a 10 años, y cosa de 4% en la tasa de 30, que es referencia para las hipotecas. Póngale usted 4% anual, para hacer la cuenta fácil. Si se quiere reducir la deuda a la mitad en 10 años, es cosa de dedicarle 6% del ingreso anual. Eso tienen que hacer los hogares, y lo mismo tiene que hacer el gobierno. Eso es una contracción de 12% del PIB en el consumo (de hogares y de gobierno). Los hogares ya están haciendo una parte. En su peor momento, las deudas de los hogares en Estados Unidos alcanzaron 99.5% del PIB (primer trimestre de 2009). En dos años, las han reducido a 89.6%, prácticamente 10 puntos menos, es decir, cinco al año, que contando intereses es más o menos lo que le comentaba.

El gobierno es el que no hace su parte. Y no la hace porque si además de la caída en consumo de los hogares, el gobierno deja de gastar, la caída en demanda sería demasiado grande. Es precisamente el argumento que Krugman y otros llevan al extremo. Pero el gobierno estadounidense no sólo no deja de gastar, sino que incrementa su gasto, y lo que ha ocurrido en los últimos dos años es que mientras los hogares han reducido su deuda en los 10 puntos que comentábamos, el gobierno la ha incrementado en 16 puntos. De 80.1% a 95.9% del PIB del primer trimestre de 2009 al primero de 2011. En el neto, la deuda ha crecido en 6 puntos, y el PIB en 7%. Dicho de otra forma, en los últimos dos años casi todo el crecimiento de Estados Unidos ha sido deuda.

Supongamos que en los próximos años el gobierno estadounidense va moderando su endeudamiento. Es decir, primero reduce su ritmo, de los ocho puntos anuales que ha mostrado, digamos, lo reduce a seis, y paulatinamente llega a cero. Digamos que ocupa cinco años en ello, que sería rápido. Y pensemos que los consumidores van reduciendo su deuda un poco más lento, ya no cinco puntos al año, sino nada más tres.

Si algo así ocurriese, tendríamos lo siguiente: para 2020 la deuda de los consumidores se habría reducido a 63% del PIB, el nivel que tuvo a mediados de los 90. Por el contrario, la deuda del gobierno habría crecido a 114% del PIB, que sigue sin ser un grave riesgo. La suma de ambas habría bajado de 186% a 177% del PIB, que es elevada, pero con la tendencia correcta.

Pero para lograr eso se requerirá acomodar una pérdida de 9 puntos del PIB en la demanda en el transcurso de nueve años. Sobre una economía que en los dos años pasados creció (fuera de la deuda) medio punto al año. Dicho de otra manera, Estados Unidos, para ir resolviendo su deuda, tendrá crecimientos muy reducidos por el resto de la década.

Eso mismo nos pasó a nosotros después de la crisis de 1995, pero tuvimos la fortuna de que el TLCAN inició casi al mismo tiempo. El incremento de la demanda externa compensó buena parte de la caída de demanda por pago de deuda, y acabamos creciendo a gran velocidad desde 1996 hasta 2001, cuando la recesión estadounidense de entonces nos frenó. Pero en Estados Unidos, hoy, no parece existir este jalón externo a su economía que pudiese evitar una década de estancamiento.

Es un caso parecido al de Japón, que después de su crisis de 1989, también por excesos previos, ha acumulado dos décadas de estancamiento. La situación estadounidense, con un mercado interno muy grande, con crecimiento poblacional, y con recuperada capacidad de innovación, hace pensar que no serán necesarias dos décadas. Pero pensar que puede ese país recuperar tasas de crecimiento de 3 o 4% anual, y al mismo tiempo ir reduciendo su deuda, no suena razonable.

¿Qué va a pasar en el futuro próximo? Que tendremos una economía mundial lenta, porque Estados Unidos ha sido el motor del consumo mundial del que naciones orientadas a exportar, como Alemania, Japón y China, por no mencionar a los tigres asiáticos, India, o nosotros mismos, hemos vivido. Frente a ese escenario, México tiene que pensar en estrategias diferentes a las utilizadas en los últimos 20 años. Cuáles y cómo, lo platicamos el jueves.



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