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Esquina Baja | PACO IGNACIO TAIBO I



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Jueves 07 de octubre de 1999

El Gato Culto

PACO IGNACIO TAIBO I

El Gato Culto


Hace más de diez años nació mi Gato Culto, versión doméstica de cuantos deslenguados andan por el mundo cortando y acomodando la honra de los demás a la maledicencia propia.

El Gato Culto vive en las páginas de EL UNIVERSAL y aparece todos los días del año sin que haya un exceso de calor o un chaparrón que impida su presencia.

Pero también es cierto que de tales lugares nobles ya saltó en dos ocasiones a buscar acomodo en libros y que se puede encontrar al Gato Culto en las paredes, sujeto con un par de chinchetas, de escuelas de primaria y aun de despachos de secretarias que lo recortan y lo exhiben bajo los cristales de sus mesas de trabajo. El Gato Culto se sujeta a un severo sistema didáctico; todo lo que pretenda decir debe decirlo en una frase que no tenga más de once palabras.

Lo que atraviese esta barrera fronteriza entra en el discurso y sale de la sabiduría gatuna.

En estos diez años, sin que yo hiciera mucho para multiplicar su popularidad, el Gato Culto ganó un asombroso prestigio que si a él le da categoría, a mí me molesta y fastidia.

Porque sólo yo y mi pudor sabemos lo que significa proporcionarle todos los día al minino una frase y dejar entre pecho y espada todas las otras frases que se me ocurren y que no me atrevo a exhibir porque los diez años acrecientan la cautela del domador de gatos, cultos o no.

Por todo esto, me atrevo a afirmar que nadie conoce al Gato Culto.

Ni tan sólo yo.

El que tanto lo cuidó y le tapó la boca con mi mano oportunamente.



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