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Economía Informal | Macario Schettino

Privilegio exorbitante

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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Jueves 24 de febrero de 2011

Específicamente en cuestiones monetarias y financieras, probablemente sea el número uno, aunque eso de rankear profesores no sea muy útil. En diciembre pasado, Eichengreen publicó un libro llamado Privilegio exorbitante, con Oxford University Press, que quiero comentar con usted el día de hoy.

El título proviene de una frase dicha alguna vez por Valery Giscard D’Estaing, a quien usted posiblemente recuerda como presidente de Francia (depuesto por un fraude, por cierto), quien antes fue ministro de finanzas bajo la presidencia de De Gaulle, allá en la década de los 60. Con esta frase, el ministro secundaba a su presidente en la permanente queja francesa en contra de los privilegios que gozaba el dólar en la esfera financiera mundial.

Y sí, el libro es acerca del dólar, su historia y su futuro, y por ello es del mayor interés. Tiene 7 capítulos (que suman 224 páginas), de los cuales el primero y los últimos dos son, sin duda, de interés general. Los capítulos de en medio no son menores, por el contrario. En ellos, Eichengreen narra el origen del dólar y el sistema financiero estadounidense, su posicionamiento como moneda mundial entre las dos guerras mundiales, y el periodo que conocemos como Bretton Woods, que es el que da el nombre al libro: un tiempo en que el dólar gozó de privilegios que todavía hasta la crisis financiera de 2009 le permitieron financiar, sin costo alguno, un déficit en cuenta corriente de hasta 3% del PIB.

Dicho de otra forma, gracias a que el dólar es la gran moneda de referencia, Estados Unidos puede gastar hasta 3% más de lo que produce. El resto del mundo paga ese 3%, por el puro placer de seguir usando al dólar como moneda de intercambio. Gran placer.

El análisis de Eichengreen no se limita a narrarnos la historia del dólar (y su enfrentamiento con la libra británica). También nos da una cátedra sobre la parte financiera y monetaria de la historia económica del siglo XX (que es una lástima que no vaya acompañada de otros elementos adicionales, también económicos), y sobre todo va extrayendo ideas acerca de cómo puede ser la competencia por la referencia mundial en las próximas décadas.

A grandes rasgos, podemos recordar que al inicio del siglo XX la referencia mundial era la libra esterlina, que empezó a perder terreno frente al dólar en los años 20. Para el fin de la Segunda Guerra, lo único que sostenía a la libra era el orgullo británico, que desapareció en la crisis de Suez de 1956. En los años 70, y primeros de los 80, pudo haber existido competencia con el dólar: el yen y el marco alemán, monedas de las economías más dinámicas de entonces. No fue así porque los dos países, Japón y Alemania, usaban la paridad de su moneda para competir (subvaluándola y usando los excedentes para financiar su planta exportadora). En consecuencia, los gobiernos de esos dos países hicieron hasta lo imposible por no competir con el dólar.

A inicios del siglo XXI, el gran crecimiento de China, y sobre todo su inmensa acumulación de reservas (en dólares buena parte de ellas) ha hecho pensar a muchos que pronto tendremos un desafío del yuan (renminbi) al dólar. Eichengreen no lo ve tan claro, en parte por las mismas razones del yen y el marco en décadas pasadas.

En su análisis, y prácticamente desde el inicio del libro, Eichengreen nos recuerda una verdad de Perogrullo: una nación no es exitosa porque su moneda sea referencia, su moneda es referencia porque es exitosa. Y ser exitosa, en mis palabras, para Eichengreen es la combinación de una economía productiva y de buen tamaño, de un sistema financiero profundo y transparente, de un posicionamiento militar no despreciable, y de una conducción política sólida. Nomás eso se necesita para tener privilegios exorbitantes, pues, que ya no parecen tan exorbitantes cuando uno ve la lista de requisitos.

Con base en ello, Eichengreen considera que la moneda que más seriamente compite con el dólar es el euro: tiene detrás una economía mayor a la estadounidense, con un sistema financiero menos eficiente, pero nada despreciable. Le falta una conducción política sólida, porque el euro no tiene detrás una nación, y ni siquiera a la Unión Europea (recuerde que no todos los países de la UE usan al euro). Dice Eichengreen que si Reino Unido se sumara al euro, éste podría superar al dólar con facilidad, pero es una posibilidad remota en este momento.

Más lejos ve al renminbi (cuya unidad es el yuan), la moneda china. Primero, porque su economía, a pesar de ser grande no es tan sólida (depende de Estados Unidos para colocar la mayoría de su producción); segundo, porque su sistema financiero no es transparente, ni desarrollado aún. No se detiene mucho Eichengreen para analizar la solidez del aparato político chino, la da por hecho, aunque sea un país con cerca de 70 mil conflictos sociales al año (como él mismo refiere).

Finalmente, puesto que no hay alternativa inmediata al dólar, Eichengreen analiza la posibilidad de un colapso de éste. Podría ocurrir por un enfrentamiento con China, dice, pero lo ve poco probable. Tiene China tantos dólares que cualquier ataque que hiciese al dólar le costaría una fortuna. En consecuencia, la única forma en que el dólar puede colapsar, según él, es que Estados Unidos logre echar a perder sus finanzas de forma irremediable. Lo están empezando a hacer, piensa Eichengreen, por los excesos que todos conocemos y llevaron a la crisis financiera, y por la forma en que se ha tenido que rescatar la economía. Una salida, dice el autor, es continuar con la devaluación del dólar hasta compensar los 3 puntos del PIB de déficit en exceso que han tenido. Es nada más una devaluación del 30%. En realidad, ya llevan 10 puntos de devaluación, que explican buena parte del alza en precios internacionales, como hemos comentado en las últimas semanas en esta columna.

En suma, un excelente libro para conocer la historia financiera del siglo XX, pero también para aprender de esa historia. No porque las cosas vuelvan a ocurrir del mismo modo, sino porque las experiencias pasadas iluminan las opciones actuales. Y es con base en ello que el análisis de Eichengreen acerca de las posibilidades del dólar, de la competencia con el renminbi y el euro, del potencial ascenso de India y Brasil (de nosotros ni se acuerda), resulta de gran utilidad.



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