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Tintero económico | Alejandro Villagómez

El tortillazo

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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Apenas hace una semana, en este espacio, compartí mi preocupación sobre lo que podría pasar en un futuro tan cercano como 2011 como consecuencia del aumento que se viene observando en los precios internacionales de varios alimentos, entre ellos el maíz

Miércoles 15 de diciembre de 2010

Pues bien, parece que los hechos se adelantaron e iniciamos esta semana con la amenaza de algunos productores de aumentar en 4 o 5 pesos el precio del kilo de la tortilla.

En lo personal no creo que este aumento fuera justificado en la magnitud sugerida. Al menos, el índice de precios al productor para el mercado doméstico correspondiente al maíz que publica el Banco de México no parece justificar un incremento de 50% o más a la tortilla. Pero estas declaraciones tenían más un fondo político y de presión. Es curioso que se haya utilizado un anuncio “gremial” público como si se tratara de un precio controlado. El mercado de la tortilla es libre y en todo caso, como señaló la Cofeco, esta acción podría ser sujeta de investigación por prácticas comerciales inadecuadas.

En realidad el problema es más complejo porque el mismo mercado es también muy complejo. Como he señalado, se trata de un mercado que se liberalizó y el precio debiera determinarse por la interacción de la oferta y la demanda. Aunque la mayoría de la gente ubica el precio de 8 pesos por kilo de tortillas como una referencia, en realidad hay una mayor dispersión en esta variable dependiendo de la ubicación geográfica o el tamaño de establecimiento.

En la ciudad de México tengo entendido que el precio promedio oscila alrededor de los 8.50 pesos por kilo, pero existen zonas del país en las cuales el precio llega a ubicarse hasta en 12 pesos. Por ejemplo, en el sureste, con una producción baja de maíz, se requiere pagar mayores costos de transporte que se trasladan al precio final de la tortilla.

El caso de la ciudad de México es un ejemplo de un mercado con mayor competencia (como ocurre en otras grandes ciudades del país). La presencia de grandes cadenas de supermercados acentúa esta competencia que impide un mayor aumento de precios. Pero esto no quiere decir que no exista una diferenciación basada en la ubicación del establecimiento, el cual entre más “aislado”, puede determinar un mayor precio.

Sin embargo, es probable que el mayor problema se ubique en la fase de abastecimiento en la cadena productiva. Aparentemente aquí existe menor competencia y esto puede conducir a una diferenciación de precios de insumos que produce estructuras de costos muy desiguales.

En este sentido, los pequeños establecimientos serían menos rentables y son los que estarían detrás de esta presión.

Estas características pueden encontrarse en los mercados de otros bienes y servicios. Pero lo que hace singular al caso de la tortilla es que este producto juega un papel crucial en la dieta del mexicano y en su gasto diario. Esto es lo que termina por hacer más delicado el tema y ser susceptible de su rápida politización, convirtiéndose en bandera de diversos grupos de presión.

Aunque al final parece que se llegó a un acuerdo con varios productores, esto no significa que no exista un problema “en potencia” en este mercado que puede tornarse bastante crítico en el futuro. Como lo señalé la semana pasada, éste es un tema que mantiene preocupado a organismos internacionales como la FAO.

El índice de precios internacionales de alimentos que publica esta organización, muestra un aumento persistente en éste y otros productos durante los últimos meses. En un reporte sugiere que esta tendencia se mantendrá debido a un posible desajuste entre oferta y demanda mundial. Nosotros no somos autosuficientes en su producción, por lo que es necesario recurrir a la importación para satisfacer la demanda interna. Es obvio que esto provoque presiones en los precios internos, pero habría que estimar y justificar la magnitud de este impacto.

En todo caso, el punto que quiero enfatizar es que sí es importante reconocer la posibilidad de que se esté gestando un problema futuro de mucho mayor envergadura, más allá del juego político o de presión que observamos a principios de esta semana. Por eso, creo que es razonable que la autoridad cuente con un plan de reacción frente a un choque negativo como el ocurrido a principios del 2007. No estoy hablando de regresar a un esquema de precios controlados, que sólo genera mayores distorsiones, ni de subsidios indiscriminados.

Y aunque la semana pasada sugerí en este espacio políticas de apoyo a la producción interna, algunos colegas expertos en este tema me han hecho ver que esto no sería adecuado debido a que en nuestro país, esta producción no es eficiente comparada con otros cultivos (como hortalizas) en donde sí tenemos ventajas comparativas, por lo que las importaciones continuarán.

Probablemente habría que revisar el funcionamiento de la cadena productiva y de abasto para detectar y combatir cuellos de botella, ineficiencias y prácticas anti competitivas que terminan por encarecer el producto final. En todo caso existen expertos que pueden ofrecer mejores sugerencias. Lo importante es que la autoridad esté atenta y preparada.

 



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