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Atando cabos | Denise Maerker

¿Sociedad narca?

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

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Miércoles 21 de julio de 2010

Es pregunta. Nace luego de conocer los datos que nos dio hace unos días el alcalde de Torreón del proceso de depuración de la policía municipal. Narra Eduardo Olmos que cuando llegó a principios de año al cargo, habían 700 policías municipales, la mayoría, si no es que la totalidad, daban muestras de estar francamente al servicio del crimen organizado: enfrentamientos con policías federales para impedir detenciones de miembros de la corporación, complicidad en casos de secuestros, ausencia evidente en casos de ataques del crimen organizado. Para hacer frente a esta situación, Eduardo Olmos puso como secretario de seguridad a un militar, el general retirado Bibiano Villa. Los policías se inconformaron e iniciaron un paro de labores, pedían, entre otras cosas, la destitución del nuevo secretario. El presidente municipal no cedió y mantuvo en su puesto al general Villa y dio de baja a 600 de los 700 policías municipales. 200 aceptaron inmediatamente la liquidación pero 400 pidieron ser recontratados. De estos 400, 120 no aceptaron pasar el antidoping y 110 se negaron a ser sometidos al polígrafo; de los 170 restantes, 100 fueron calificados como no aceptables, 69 recomendables con reservas, y una sola mujer policía como recomendable. A partir de entonces, la alcaldía ha estado en un continuo proceso de contratación y formación de nuevos elementos, pero los números son desalentadores: de cada 100 jóvenes que se inscriben, sólo 12 pasan los exámenes. La gran mayoría reprueba el antidoping.

¿Qué nos dicen estos datos? Dos opciones: o la sociedad está tan profundamente vinculada con el crimen organizado que la distinción entre ellos y nosotros ya no es pertinente, o los exámenes están francamente mal diseñados. Hay indicios de ambos elementos. Es cierto que el nivel de penetración del narco en ciertas sociedades es muy alto y se refleja en un consumo de droga muy importante entre los jóvenes; en un generalizado pago de derecho de piso entre los comerciantes, y en la contratación masiva de taxistas y franeleros como halcones al servicio de las bandas. En estos casos, prácticamente todas las familias tienen de una u otra forma, contacto con los narcos y, por lo tanto, una razón para temerles y para mentir en la prueba de polígrafo. Pero también es cierto que los exámenes pueden estar mal diseñados o mal pensados. ¿Sabía usted por ejemplo que cualquiera que tenga un tatuaje o que haya fumado alguna vez mariguana no puede entrar a trabajar al CISEN? Es absurdo.

Por lo pronto, ahí queda la pregunta.



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