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Atando cabos | Denise Maerker

Terrorismo: Torreón abandonada

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

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Lunes 19 de julio de 2010

Ayer en la madrugada hubo una nueva masacre de jóvenes en Torreón Coahuila. A la 1:30 de la madrugada llegaron al salón de fiestas Italia Inn un grupo de hombres armados que dispararon sin distinción alguna en contra de los jóvenes que ahí estaban. El saldo hasta el momento 17 muertos y 18 heridos.

No es la primera vez. Es la tercera ocasión en los últimos meses que sicarios disparan indiscriminadamente en contra de jóvenes que estaban reunidos divirtiéndose en algún lugar de Torreón. La primera fue la madrugada del 31 de enero cuando un comando atacó varios bares entre ellos El Ferrie dejando 10 muertos y 15 heridos. La madrugada del 15 de mayo nuevamente un comando atacó un bar, esta vez Las Juanas, dejando un saldo de 8 muertos y 19 heridos. Los testimonios en todos estos casos concuerdan: los atacantes no buscan acabar con la vida de nadie en concreto sino provocar la mayor cantidad de muertes posibles. A eso se le llama en cualquier parte del mundo: terrorismo. El estallido del coche bomba en Ciudad Juárez el pasado jueves no es el primer ni único caso en donde la intención de provocar muertes y de aterrorizar está presente.

Sin embargo, hay algo especial en el caso de Torreón y es que a diferencia de cuando algo ocurre en Ciudad Juárez, cuando es en Torreón la Federación no reacciona, no declara, no se moviliza. Coincidió que la masacre en el bar El Ferrie ocurrió la misma noche en que unos sicarios mataron a los jóvenes de Villas de Salvarcar en Ciudad Juárez. Desde Japón —cómo olvidarlo— el Presidente dijo que había sido un pleito entre pandillas. Se equivocó y luego lo reconocería, pero al menos dijo algo. De los muertos de Torreón, nada. Su desafortunada declaración provocó su viaje a Ciudad Juárez y que escuchara a sus habitantes. Desde entonces un secretario de Estado permanece en esa ciudad en representación suya. A la hora en que escribo estas líneas el presidente municipal de Torreón, Eduardo Olmos no ha recibido una llamada de algún miembro del gobierno federal para preguntar o inquietarse por la masacre de ayer y mucho menos para poner a disposición de la ciudad ayuda y refuerzos federales. Es más, en lo que va de su mandato y luego de tres masacres de jóvenes, la liquidación de toda la policía municipal, el cierre de la central de abastos durante dos días por inseguridad, la desaparición documentada de al menos 36 personas, nunca ha recibido una llamada del algún funcionario del gobierno federal.

Por lo pronto, Torreón se defiende con 450 policías preventivos cuando el mínimo que requiere es 750, con 200 policías estatales y con la ayuda de entre 150 y 200 soldados. Muchos de los cuales, por supuesto, no se saben para quién trabajan. La policía federal, por su parte, tiene destacamentados a 5 policías de caminos por turno, nada más.

¿Cómo se toman estas decisiones? ¿Quién decidió abandonar Torreón?



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