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Historias de reportero | Carlos Loret de Mola

Cordero y Julio

Carlos Loret de Mola nació en Mérida, Yucatán, México, en 1976. Tiene una licenciatura en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo ...

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Jueves 10 de diciembre de 2009

Ernesto Cordero no tiene las credenciales internacionales para ser secretario de Hacienda. Tampoco las tuvo Jaime Serra Puche y le estalló la crisis que profundizaron los “errores de diciembre” de 1994. Lo peor de la debacle actual, en los números, ha pasado, pero nadie descarta que regrese. ¿Estará preparado Cordero para levantar el teléfono y que del otro lado le contesten de inmediato, sepan quién es y se sientan cómodos de hablar francamente con él los titanes de la economía mundial? ¿Por qué Cordero? La respuesta me la dio un miembro del gobierno, de los que tienen acceso y respeto del presidente Calderón: “¿Y cuándo va a poner el PAN a su primer secretario de Hacienda? ¿Ya es hora, no?”

Las preguntas parten de que en más de dos décadas, incluso con Fox y Calderón, los encargados de las finanzas han salido de un grupo tecnocrático y priísta: Carlos Salinas, Pedro Aspe, Guillermo Ortiz, José Ángel Gurría, Francisco Gil y Agustín Carstens. El PAN lleva 10 años en el gobierno y no ha creado un cuadro para Hacienda. Ahora, Cordero tendrá que hacerlo en tiempo récord y para ello puede emplear dos llaves que deben abrirle las puertas en Washington y Europa: el nombre de su amigo Calderón y el mensaje de Los Pinos —divulgado hace cosa de 100 días— de que el precandidato presidencial estrella es él. Sus allegados prometen un giro que Hacienda necesita y no ha experimentado en años.

¿Sacar a un “caballo a la Silla Grande” de Sedesol para mandarlo a Hacienda no es matarlo políticamente? Otro funcionario de primer nivel en Los Pinos contestó a este reportero: en 2010 a Sedesol le tocaría anunciar 6 millones de mexicanos en pobreza extrema adicionales a los de 2009, mientras a Hacienda le tocaría recuperación económica, re-empleo y buenos resultados. El Presidente piensa en su partido. Veremos si le sale.

SACIAMORBOS Julio Hernández aborda en su columna Astillero de La Jornada lo redactado ayer aquí en Historias de Reportero. Señala que se vinculó a los críticos del Teletón con la amenaza de explotar el Centro de Rehabilitación Infantil de Tlalnepantla, que obligó a su desalojo el lunes. No es por ahí. La crítica, la duda, la denuncia, la sospecha y el escepticismo contribuyen al equilibrio democrático y al periodismo serio. El discurso que no cuestiona sino odia, que no argumenta sino insulta, que no está abierto a modificar su posición sino que amenaza, que entiende la libre expresión como espacio para la violencia verbal (casi siempre anónima) contra quien piensa diferente, estoy convencido, conduce a violencia física, a las amenazas de bomba y a las bombas. El reconocido Julio Hernández no está en ese grupo, ni todos sus lectores, ni todos los anti-Teletón. Pero sí muchos que desde esa trinchera juegan con la violencia verbal (nunca habían amenazado un CRIT) al grado de regalarme —sólo ayer— dos perlas-comentarios en el portal de El Universal: “una bomba es la que te vamos a meter si sigues escribiendo sobre el indeseable Teletón”, advirtió “Bofertón”, y con ¿más humor? un tal “Insurgentes” dijo: “acabo de poner una bomba bajo tu asiento, échame a los federales”. Para los primeros, si me expresé sin exactitud, una disculpa. Para los segundos, que parecen más, ni una línea atrás, ni una disculpa y sí una condena y un anuncio: a mí no me amedrentan.



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